[Crónica] Lejos de donde nací



La historia de un migrante venezolano presenciando el show de La Vida Bohème el Concierto Radiónica 2017.  #ContamosHistorias. 

Ernest Cappa en el Concierto Radiónica. Foto: Sandro Sánchez
Ernest Cappa en el Concierto Radiónica. Foto: Sandro Sánchez
Laura Ubaté
Por: Laura Ubaté - Viernes, 8 Septiembre, 2017 - 16:51

Ernest Cappa tiene 27 años acaba de publicar su primera novela por internet, le gusta ver El maravilloso mundo de Gumball, Linkin Park, My Chemical Romance y La Vida Bohème. Ama el libro El Tercer Jesús de Deepak Chopra (2008), El Principito de Antoine de Saint-Exupéry (1943) y 1984 de George Orwell (1949).

Hace ya casi 5 meses vive en Colombia. El sábado 2 de Septiembre la vida lo invitó al Concierto Radiónica 2017  y su voluntad lo llevó a una de las gradas en la parte noroccidental de La Media Torta en Bogotá. Ahí lo conocí. Estaba con una gorra plana gris, una camiseta negra, unos jeans y tenis. Tal vez algún amigo suyo se viste un poco parecido. Entre la multitud podría parecer uno más, pero… Cuando le pregunto qué le significa ver a La Vida Bohème en el Concierto Radiónica me dice que “al principio era simplemente algo pop a lo que tu ibas en Caracas y te llenabas de pintura y ya está, ¿Sabes? era divertido. Luego poco a poco con el tema de la exiliación y con el último disco que habla sobre estar afuera pues es una mezcla entre nostalgia, comprensión y añoranza tal vez…” Su mirada se desvía hacia un lugar que no conozco. Sus ojos se llenan un poquito de agua y él, continúa: “o sea…creo que es un grito al aire exigiendo un poco de justicia...y también es como llorar al aire porque la verdad yo creo que el país sí se perdió...”

Entre enero de 2012 y julio de 2017 han emigrado a Colombia 400.000 venezolanos y venezolanas, de los cuales 150.000 ingresaron de forma debida y obtuvieron un permiso especial de permanencia para trabajar, estudiar y vivir en nuestro país. El 45% de estas personas se están estableciendo en Bogotá, otra buena parte en el departamento de Antioquia y un 15 % en la Costa Caribe, según las cifras oficiales de Migración Colombia.  Y aún así, recordemos que todos somos una cifra en las estadísticas de alguien: 1 de los 300 estudiantes graduados, 1 de los 10.000 pasajeros diarios, 1 de los 3 hermanos. 1 de los exnovios. 1.  

Ernest llegó a Bogotá un lunes 10 de Abril de 2017. Escapando, dice él...soñando. 

“Yo siento que el Gobierno no va a ceder, que la oposición es lo mismo que el régimen y realmente lo que pueden hacer por el país dentro de su límite es lo que está haciendo por ejemplo Colombia al aceptar los 150.000 permisos especiales. Creo que lo que nos toca a los jóvenes es salir así como los chicos que quedaron de campeones en la Sub 20, será salir, buscar oportunidades fuera del país y ayudar a los que nos quedan adentro. Y algún día la justicia llegará pero es justicia humana al parecer y posiblemente sea más interno que externo. Y la Vida Bohème en este preciso momento y en este concierto creo que es como un….suspiro de casa”.

Luego me habla de los problemas que lo llevaron a salir de Caracas. El salario mínimo para un joven venezolano equivale a 50.000 pesos colombianos, dice Ernest, y la inflación hace que las cosas valgan mucho más que aquí. "Eso no tiene sentido, yo por ejemplo de acá trato de mandar mucho dinero…” A Ernest se le quiebra la voz y le sale una lágrima que rasga el ruido de la gente y abre una grieta de profundo silencio. 

“Realmente aquí estoy porque yo trabajo en una agencia de publicidad, al lado un diseñador que es un amigo increíble se llama Diego Espejo y el como que me dijo ‘mira, escucha Radiónica, es música muy bacana’ y yo me pongo a escuchar cosas con él”. Otra vez me sostiene la mirada “yo me enamoré de Monsieur Periné, de Systema Solar, de Bomba Estéreo, hay cosas que me parecen increíbles, hay otras que no me cuadran ( se ríe ) no las voy a mencionar (se ríe otra vez) pero tienen cosas muy chéveres ¿Sabes? y lo más sorprendente es que cruzando sólo unos kilómetros te concibes como un país completamente diferente y a veces es muy tonto porque cuando vez documentales o cosas sobre animales te das cuenta que las fronteras no existen y las fronteras o nacionalidades o cosas por el estilo lo único que han servido es para hacer guerra, para hacer diferencia.”

Ernest me cuenta que dentro de lo que ha hecho en la agencia publicitaria está muy feliz de haber participado en una campaña  que promueve el respeto a la diversidad de género en Colombia. También me habla de su primera novela que publicó por internet y que está dispuesto a ofrecerla gratis para donar fondos que sean destinados a la ayuda de su país (cualquier editorial interesada puede contactarlo). Durante esta entrevista me comprometo a escribir que cualquier persona que trabaje con reciclaje y quiera hacer una campaña para promoverlo puede escribirle en sus redes sociales como Ernest Cappa “y la verdad es que aunque yo sea un recién llegado y esta de alguna manera no sea mi tierra, yo tengo que agradecer y devolver lo que me están brindando, ¿Sabe?” 

En esas estamos cuando el sol de medio día irradia el Concierto Radiónica y la música vuelve a narrar lo indescriptible, ya va a comenzar la presentación de Los Elefantes, así que antes de irme le pregunto cómo se siente de ver de nuevo a La Vida Bohème:

“Yo voy a llorar horrible, sobretodo porque ellos también fueron exiliados, ellos no pueden volver a Venezuela. Ellos fueron  dar un toque a México, hablaron las verdades que tenían que decir y los bannearon (prohibieron) evitaron que regresaran y la verdad es que uno tiene muchas cosas importantes allá pero tampoco es que te aferres por completo, pero es el simple hecho de la libertad, la libertad plena es el poder hacerlo, no el querer o el tener qué. Es el poder, y el no tener que estar restringido si tu quieres”. Ernest extraña el momento en que podía ir a Caracas y volver, ahora mismo lo quisiera hacer para traer a sus gatos. Ahora la falta de aerolíneas y grandes costos de los tiquetes hacen esto imposible. Te dejan lejos.

Un par de horas después la Media Torta completa su aforo y en la tarima comienzan los acordes de Radio Capital, las voces de ustedes y nosotros gritan “Esta es nuestra fiesta” mientras que Henry D'Arthenay, Daniel de Sousa, Sebastián Ayala y Daniel Briceño despliegan una a una sus canciones y aprovechan todo el tiempo que pueden para tocar, La Vida Bohème celebra su música con esta casa. 

"Menos palabras, más música": La Vida Bohème en el Concierto Radiónica 2017

En medio del público comienzan a aparecer los saltos y bailes de Rosy, Paola, Michelle, Ari, Asallam y muchos otros chicos a los que llaman venezolanos pero allí en la Media Torta son una sola familia con todos los demás. Henry, el vocalista de la banda baja a cantar entre el público y desde allí nace de nuevo el lamento festivo de Lejos... “sigue llamándome…sigue llamándome..”


Foto: Lina Botero

Los aplausos de todo el lugar son ecos de lo que vieron en la tarima. La Vida Bohème se despide y Ernest contempla su mezcla de felicidad y nostalgia.

Es un torbellino de sentimientos…no tengo palabras porque vinieron con una energía bonita pero no nostálgica. La nostalgia se la pone uno pero el simple hecho de poder volverlos a ver porque en tu propia casa no puedes puedes hacerlo y durante muchos años quería vivirlos. Llegué y estaban en el Concierto, verlos es como regresar al momento en el que era feliz en Venezuela".

Ahora Ernest tiene el corazón abierto y se le salen pedacitos de vida por los ojos aguados “regresan muchas imágenes pero como es diferente, ya pasaron dos discos por medio lo que te da una nostalgia como futurista…un dolor por dentro pero como que se rompe para salir un camino hacia adelante…”

No puedo soportar verlo llorar y lo abrazo, también me mira de cerca su amiga Michelle y entre los tres comienza un silencio iluminado, un remolino de preguntas y emociones que alzaron vuelo con la inevitable fuerza de la vida. Todos esos sentimientos se afloraron frente a la tarde soleada y tal vez en ese despliegue dejaron ver para cada uno la verdad profunda sobre la que habitan. Lejos de donde nacimos. Sigue llamándonos un suspiro de casa.


Foto: Sandro Sánchez

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