La Muchacha retira su música de Spotify y estas son sus razones
Spotify, plataforma de audio en streaming que concentra la mayor audiencia global, viene siendo objeto de críticas crecientes por parte de artistas y audiencias. Una de las más recientes tiene que ver con las inversiones de su CEO, Daniel Ek, quien a través de su fondo Prima Materia ha destinado millones de dólares a compañías vinculadas al desarrollo de tecnología militar basada en inteligencia artificial, incluyendo drones de combate cuestionados por organizaciones de derechos humanos por su papel en la crisis humanitaria en Palestina.
La artista señaló: “La Muchacha se va de Spotify. Esto es una invitación a que nos escuchen en otras plataformas y empecemos a hacer peso colectivo para replantear la idea de seguirle copiando a los poderosos que hacen lo que se les da la gana con nuestros recursos… Esto es una invitación al boicot. Hay mucho por hacer”.
La plataforma, por su parte, asegura que no tiene ninguna afiliación con Helsing, organización que actualmente opera únicamente en el conflicto entre Ucrania y Rusia, y que no guarda relación con el genocidio en Gaza.
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En medio de este escenario, la salida de La Muchacha se conecta con una manifestación más amplia de músicos, artistas y líderes de opinión que han comenzado a cuestionar no solo el modelo económico del streaming, sino también las implicaciones éticas de su financiamiento. Este año, la plataforma ha recibido críticas tanto por los pagos considerados injustos hacia los artistas como por el destino de sus inversiones.
El malestar también ha tomado formas creativas. En redes sociales han circulado intervenciones de “brandalismo” sobre el Wrapped, el resumen anual de consumos musicales de Spotify, en las que usuarios replican la estética de la plataforma para cuestionar sus cifras, sus alianzas y su relación con conflictos globales.
Conoce los detalles de la tensión entre el Wrapped y el boicot a Spotify ¿qué está pasando con el resúmen anual de la plataforma?
Fermín Muguruza, Massive Attack, Edson Velandia y más artistas que abandonaron Spotify
El boicot ha tenido expresiones concretas. El músico vasco Fermín Muguruza, conocido por su trabajo en Kortatu y Negu Gorriak, encabeza una salida colectiva de artistas vinculados al movimiento Musikariak Palestinarekin, que ya suma cientos de músicos. En noviembre, más de 650 artistas habían anunciado su retiro de la plataforma como gesto político frente a estos vínculos.
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A esto se suma el caso de la banda británica Massive Attack, que solicitó a su sello discográfico retirar su catálogo de Spotify en todos los territorios. En un comunicado, el grupo señaló que el problema ya no es solo económico sino moral, al considerar que “el dinero ganado con esfuerzo por los fans y los esfuerzos creativos de los músicos terminan financiando tecnologías letales y distópicas”.
Así fue como Massive Attack se retiró de Spotify y se unió a la campaña BDS con ‘No Music for Genocide’
En Colombia, el músico Edson Velandia también comunicó a través de sus redes sociales la salida de su música de Spotify en coherencia con su postura crítica frente al genocidio en Gaza, convirtiéndose en una de las voces latinoamericanas más claras en este debate.
Alternativas independientes a Spotify y otros servicios de streaming
En la escena local, estas discusiones también han derivado en propuestas concretas. El rapero bogotano El Kalvo planteó recientemente un modelo en el que sus oyentes pueden convertirse en socios directos de una canción a cambio de un aporte económico, abriendo la conversación sobre nuevas formas de financiación y distribución que no dependan exclusivamente del streaming.
Revisa cómo El Kalvo convierte a su público en socio directo de su música.
En América Latina, donde buena parte de la circulación musical pasa por estas plataformas, decisiones como la de La Muchacha no solo son simbólicas. Ponen sobre la mesa preguntas incómodas sobre quién controla la música, cómo se reparte el valor y qué papel juegan las audiencias en sostener o transformar ese sistema.
Por ahora, su catálogo dejará de estar disponible en Spotify, mientras su invitación al boicot empieza a circular. La discusión ya no es solo sobre dónde escuchar música, sino sobre las condiciones en las que esa música existe.