Lanzan un álbum de figuritas de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo
Cuando el fútbol también sirve para hablar de memoria
En Argentina, el fútbol ocupa un lugar que desborda la cancha y las discusiones deportivas. Está metido en la conversación cotidiana, en las formas de reunirse, de recordar y hasta de narrarse como país. Las figuritas mundialistas hacen parte de esa tradición popular. No solo acompañan cada Mundial, también construyen una memoria afectiva compartida entre generaciones. Por eso convertir un álbum en una herramienta para hablar de desaparición forzada, identidad y derechos humanos tiene un peso simbólico que difícilmente sería igual en otro formato.
Por eso no parece casual que, en medio de las conmemoraciones por los 50 años del golpe de Estado de 1976, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo decidieran apropiarse de un objeto profundamente instalado en la cultura popular argentina para hablar de memoria. La organización lanzó Madres y Abuelas. El pueblo las abraza, un álbum de figuritas inspirado en los coleccionables mundialistas que cambia goleadores, escudos y selecciones por fotografías e historias de quienes han pasado décadas buscando a sus hijos, hijas, nietos y nietas desaparecidos.
La propuesta fue impulsada por el artista Ariel Cuadra junto a organismos de derechos humanos y organizaciones como H.I.J.O.S. Capital. El álbum puede descargarse gratuitamente y fue pensado para circular en escuelas, espacios comunitarios y conversaciones cotidianas. Cada figurita reúne información sobre integrantes de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, las historias de sus familiares desaparecidos y los procesos de búsqueda que aún siguen abiertos.
El peso simbólico del fútbol en Argentina ayuda a entender por qué esta idea funciona. El sociólogo argentino Pablo Alabarces, uno de los investigadores más importantes sobre deporte e identidad en América Latina, ha explicado que el fútbol ocupa un lugar privilegiado dentro de la cultura nacional-popular argentina porque allí se construyen sentidos de pertenencia, representaciones de país y memorias compartidas. En libros como Fútbol y patria, plantea que el deporte se convirtió en un escenario desde el cual también se discute quiénes son “nosotros” como comunidad política y cultural.
No es un asunto menor. El antropólogo Eduardo Archetti ya había advertido algo parecido al estudiar cómo el fútbol terminó consolidándose como parte de los relatos culturales argentinos, capaz de conectar lo popular con las formas en las que una sociedad se imagina a sí misma. Dicho de otra forma, tomar el lenguaje del álbum mundialista significa entrar a un territorio reconocible para millones de personas.
Las mujeres que caminaron cuando nadie quería hablar
El contexto detrás de estas figuritas remite a uno de los periodos más violentos de la historia argentina. El 24 de marzo de 1976, un golpe militar derrocó al gobierno de María Estela Martínez de Perón e instaló una dictadura que permaneció hasta 1983. Durante esos años funcionó un sistema de persecución política, desapariciones forzadas, tortura, centros clandestinos de detención y apropiación de menores.
En 1977, mientras el miedo y el silencio dominaban el espacio público, un grupo de mujeres empezó a reunirse frente a la Casa Rosada para exigir respuestas sobre el paradero de sus hijos e hijas desaparecidos. Como la dictadura prohibía las reuniones, comenzaron a caminar alrededor de la Plaza de Mayo. Esa ronda, repetida semana tras semana, dio origen a las Madres de Plaza de Mayo y terminó convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles de la lucha por los derechos humanos en América Latina.
Ese mismo año aparecieron las Abuelas de Plaza de Mayo, concentradas en encontrar a bebés nacidos en cautiverio o apropiados durante la dictadura. Muchas mujeres detenidas estaban embarazadas y sus hijos fueron entregados ilegalmente a otras familias o inscritos con identidades falsas. Décadas después, el trabajo sostenido de las Abuelas ha permitido recuperar la identidad de más de 130 personas.
Completar el álbum también puede ser reconstruir una historia
La potencia del proyecto está justamente en el cruce entre memoria y cotidianidad. Allí donde normalmente aparecen estrellas deportivas, ahora hay mujeres que sostuvieron preguntas cuando hacerlo implicaba enfrentarse al terror estatal. Donde suele hablarse de goles o estadísticas aparecen historias familiares atravesadas por la desaparición forzada y la búsqueda.
En un país donde el fútbol hace parte de lo nacional-popular, usar el lenguaje de las figuritas también significa disputar la memoria desde un lugar compartido. Porque quizá completar este álbum no solo tiene que ver con llenar espacios vacíos en una página, sino con insistir en algo que las Madres y Abuelas llevan décadas recordando y es que todavía hay historias incompletas, identidades por reconstruir, preguntas y heridas que siguen abiertas. Todavía faltan nietos e hijos.