Simón Mesa respondió a las críticas por el remake de 'Un poeta': “Si algo me parece triste de todo esto, es que tenga que justificar nuestra decisión como si hubiéramos hecho algo malo”
La noticia de que la aclamada película colombiana Un poeta tendrá una nueva versión hecha en Estados Unidos conmovió por completo las redes sociales. Durante varias semanas, el público y varios creadores de contenido han criticado la decisión, sobre todo porque el largometraje original se estrenó hace apenas un año.
En medio de esta discusión, el director del filme, Simón Mesa Soto, salió a confirmar que está completamente de acuerdo con el proyecto, el cual aprobó de la mano de sus socios de producción, Juan Sarmiento y Manuel Ruiz Montealegre.
Según comentó Simón a The Hollywood Reporter en Español, aunque en redes se habla de una "versión gringa", la realidad es que detrás de esta propuesta hay un equipo con un enfoque mucho más artístico que comercial.
Los encargados de revivir la historia son el reconocido productor franco-tunecino Saïd Ben Saïd y el cineasta estadounidense Nathan Silver. El propio director paisa contó que Silver le mandó un mensaje donde hablaba de la película con tanta pasión que parecía suya. El cineasta extranjero se conectó tanto con el protagonista que decidió usarlo como musa para su próximo trabajo, aclarando que no busca hacer una copia exacta, sino reinterpretar esos elementos desde su propio estilo.
Para el director colombiano, que alguien más quiera hacer su propia versión no le quita valor a la obra original. Además, tocó un punto clave: el dinero. La venta de estos derechos de adaptación significa una recompensa económica muy importante para el equipo de producción.
Aunque dejó claro que no se han hecho millonarios, este ingreso les permite ver ganancias tras años de puro amor al arte. El cineasta, quien se gana la vida como profesor universitario en Medellín mientras saca adelante sus películas, recordó a quienes lo critican que no todo el mundo tiene la solvencia económica para financiar el cine con dinero propio y que vivir del trabajo creativo es totalmente válido.
El director prefiere ver este remake como un halago y como la prueba del enorme impacto que ha tenido Un poeta en la gente. Sin embargo, confesó que le da un poco de tristeza tener que dar explicaciones y justificar esta decisión.
Estas son las declaraciones completas que le dio a The Hollywood Reporter:
“La decisión de dar el visto bueno para el remake es ante todo mía, como productor, director y guionista, pero es también de mis socios productores, Juan Sarmiento y Manuel Ruiz Montealegre. Juntos, después de discutirlo, decidimos dar el visto bueno.
Primero, es necesario dar un contexto sobre quienes son las personas detrás de la adaptación. Es un proyecto de producción francesa, liderado por Saïd Ben Saïd, productor de películas como The Shrouds y Maps to the Stars de David Cronenberg, o Aquarius y Bacurau de Kleber Mendonça Filho, entre muchas otras películas que comparten una fuerte línea autoral. Es decir, son películas increíbles. También produjo El último verano de Catherine Breillat, un muy admirable remake de la película danesa Reina de corazones de May el-Toukhy.
Hace unos meses, Ben Saïd me envió un correo diciéndome que le interesaba adaptar Un poeta en su versión en inglés porque uno de los directores con los que trabaja, Nathan Silver, estadounidense afincado en Francia, quería hacer una película inspirada en ella. Luego recibí un mensaje muy emotivo del director donde me decía que salió de ver la película muy afectado y hablaba de ella casi como si fuese suya. Se sentía muy identificado con el personaje principal, tanto que quería usarlo de inspiración para su próxima película. No para hacer una adaptación idéntica a la original, sino para tomar elementos que se acercaran a su visión autoral. Yo no estaba familiarizado con el trabajo de Silver, pero me envió sus películas y pude ver que, en efecto, es un cineasta que tiene una visión autoral que trasciende el interés comercial. Invito a quien le interese a buscar sus películas. Su cine no puede estar más alejado de un interés taquillero. Y aunque así fuera, no veo porqué no dar el visto bueno, por dos razones: nunca mi percepción de una película que me parezca increíble se ha visto afectada por una posterior adaptación que se haga de ella, por más mala que sea. La obra original ya existe, forma parte de su entorno cultural y partió de una visión propia. Y lo segundo, y no menos importante, es que, claro, a nosotros como productores nos pagan por los derechos de adaptación. No una millonada, como mucha gente podría suponer, pero sí algo que nos permite rentabilizar nuestro oficio después de muchos años de dedicarnos al cine por el puro amor que le tenemos. Mi primera película, Amparo, no nos significó mayor rédito económico, que es lo habitual en el cine independiente. Yo he vivido de ser profesor universitario aquí en Medellín mientras hago mis películas. Por supuesto, hay gente que se puede dar el lujo de rechazar una oferta como esta y hacer cine con dinero propio, porque lo tiene. Pero este no es mi caso. No veo nada malo en ganar dinero con mi trabajo. Me parece sorprendente poder hacer una película que conecte con el público, que tenga una visión autoral, y que, además, nos permita tener una base económica para continuar, precisamente, haciendo películas.
Finalmente, desde el momento de su estreno, hace un año, la película no ha dejado de sorprendernos. Ha mantenido su vigencia y visibilidad. De hecho la noticia del remake ha hecho que mucha más gente la vea y hable de ella, sin mencionar la cantidad de contenido en redes sociales que aparece cada día, hecho por personas que se conectaron con la película. Se estrenó en salas comerciales en muchos países, incluidos los Estados Unidos entre enero y marzo de este año y con muy buenos resultados. Está en plataformas en Latinoamérica y en Turquía, y pronto estará en plataformas en España y Estados Unidos. Ha sido muy vista. Para nosotros, el remake es un síntoma más de la repercusión que la película ha tenido en la gente. Si algo me parece triste de todo esto, es que tenga que justificar nuestra decisión como si hubiéramos hecho algo malo, como si intentar vivir de lo que hacemos estuviera mal”.