Foto cortesía de Colprensa

5 años de los Acuerdos de Paz

En la palabra hicimos una revisión de la historia de este proceso y analizamos cómo se ha llevado la ejecución de los acuerdos durante estos 5 años.

En la historia moderna de Colombia, los meses de septiembre y noviembre han tomado gran relevancia en la memoria de los ciudadanos, afortunadamente por un acontecimiento que tuvo la iniciativa de ir solventando paulatinamente los efectos de una guerra, que luego de 60 años de violencia contra la población, fue perdiendo cada vez más el sentido (si es que alguna vez lo hubo). 

El 26 de septiembre del 2012, se inició en el país un proceso nunca antes visto, y siquiera imaginado, en el que el gobierno de turno se arriesgó a abordar la guerra de una forma diferente; a través de la escucha y la negociación. Tuvo que pasar seis décadas de violencia para que el estado colombiano le apostara al diálogo para darle solución al conflicto interno más largo de la historia moderna. 

A pesar de la desconfianza e incredulidad de la población colombiana por los antecedentes que ya se habían vivido antes, cuando este tipo de iniciativas se tomaban, el gobierno de Juan Manuel Santos logró sentarse juntó a los líderes de las FARC-EP en la Habana Cuba para discutir, conciliar y negociar las demandas de ambos bandos y así lograr desarmar y desmovilizar a los combatientes del grupo armado.

Fueron 8 años de conversaciones que tuvo sus altos y bajos, donde se negociaron temas relevantes que beneficiarían a toda la población colombiana, como por ejemplo, evaluar una reforma rural integral o fortalecer la participación ciudadana política. También se discutió sobre cómo se le daría solución al problema de las drogas ilícitas, se abrió un espacio para las víctimas del conflicto, se organizó el plan de desarme y desmovilización de los combatientes de las FARC-EP, entre otros temas. 

Sin embargo, luego de haberse consolidado y firmado el documento de los acuerdos en un evento realizado en Cartagena el 26 de septiembre del 2016, la aprobación y ejecución de dicho acuerdo, estaba en las manos de los colombianos.

Desde ese momento se anunció un plebiscito en el que la población votaría si estaba de acuerdo o no con el documento, se abrió la puerta para que los conglomerados políticos y ciudadanos opositores que no se sentían representados por la decisión de los diálogos, dieran su opinión acerca de los acuerdos e iniciaran una campaña que buscó contra argumentar los puntos discutidos. 

El 6 de octubre del 2016, por una diferencia de más de 53.000 votos, para sorpresa de muchos ciudadanos, el No ganó en las urnas del plebiscito y se registró una abstención del 62,59%, siendo el porcentaje más alto en la historia colombiana. 

El documento “Votando por la paz: Entendiendo la ventaja del 'No'”, realizado por la FIP (Fundación de Ideas para la Paz), explica mediante un análisis geográfico y poblacional, la victoria del No. El texto plantea que: “El Sí ganó en las zonas más alejadas del Estado y del mercado, donde el impacto del conflicto armado con las FARC ha sido más fuerte, pero donde los dividendos del cese al fuego son latentes. El No, en cambio, sacó ventaja en los territorios más integrados y que tienen mayor acceso, donde las instituciones están y funcionan mejor”. Esto quiere decir que en las zonas más vulnerables del territorio nacional, en donde había más presencia de la guerrilla, ganó el Sí y en las zonas urbanas donde la institucionalidad tiene una mayor capacidad de funcionamiento, ganó el No.

La victoria del No fue una fuerte sacudida para los dos lados de la mesa que consolidaron los acuerdos, aún así, el gobierno, entendiendo la decisión del país y siendo receptivo frente a las críticas hechas en la campaña del No, optó por integrar en la mesa de diálogos al grupo de oposición para ajustar los puntos pactados en el documento e incluir algunos otros que consideraban necesarios.

De acuerdo al análisis llamado “Radiografía del plebiscito y el posplebiscito” hecho por la FIP, en esta renegociación se revisaron 172 propuestas presentadas públicamente de manera formal e informal entre el 3 y el 25 de octubre de 2016 por la oposición.

Se consolidó un nuevo documento aprobado tanto por los dos grupos negociadores iniciales, como por quienes integraron en un principio la oposición y se firmó definitivamente para su ejecución el 24 de noviembre del 2016.

Han pasado 5 años en los que en medio de la ejecución de los acuerdos hubo un cambio de gobierno, esto generó otras nuevas ediciones dentro de los puntos pactados comprometiendo el avance del plan. 

Dentro de los acuerdos de paz, en el punto nombrado “Fin del conflicto”, se busca el cese de acciones violentas de parte del grupo guerrillero como de las fuerzas armadas de Colombia, para este proceso se acordó que los combatientes de las FARC – EP debían dejar las armas y entregarlas para desmantelarlas y transformarlas en materiales para obras artísticas. Según cifras de la ONU, para el 2017 se entregaron más de 7000 armas y otro tipo de equipos bélicos encontrados en 750 caletas.

Hasta el día de hoy, así ha avanzando la dejación de armas y la reincorporación a la sociedad civil de los excombatientes. 

Uno de los temas más sensibles e importantes de los acuerdos ha sido el punto 5 o el “Acuerdo sobre las víctimas del conflicto”. Para este punto tanto entidades humanitarias nacionales como internacionales, se han encargado de ejecutar planes que han ayudado al proceso de perdón y reconciliación entre las víctimas y victimarios. Se creó la Comisión de la Verdad para dar espacio a la escucha y el diálogo, y buscar vías de solución y perdón a los más afectados por el conflicto. Esto nos comentó la comisionada de la verdad, Lucía Gonzales sobre cómo ha ido avanzando el proceso que lleva la entidad. 

La figura de las Emisoras de paz que nacen como iniciativa para darle voz y medios de comunicación a los territorios más vulnerados por la guerra, han aportado de manera trascendental a las zonas rurales del país, ya que por medio de la comunicación y la producción sonora les han brindado nuevas vías de expresión, debate y diálogo a muchos ciudadanos que antes no tenían la oportunidad de ser escuchados y hacer memoria con sus historias y experiencias. El coordinador de las emisoras de paz, Juan Ricardo Pulido, nos cuenta sobre la implementación de las emisoras acordadas y cómo se han ido ejecutando. 

Para darle continuidad y apoyo a los acuerdos de paz, ciudadanos líderes han desarrollado diferentes iniciativas y colectivos que ayudan a los procesos de reincorporación, reconciliación y perdón, ejemplo de esto son los proyectos e investigaciones de  Alejandro Reyes en Pasto y Marcela Tello en Cali, estos son sus testimonios. 

Los acuerdos de paz han pasado por varias dificultades para su ejecución, sin embargo, ha habido avances significativos que han puesto a reflexionar a la población colombiana al observar como la mayoría de los actores del conflicto han recibido y se han comprometido en mantener la ejecución de los acuerdos.

Si bien se han ido reduciendo las garantías por parte del gobierno, ahora la apuesta es que los ciudadanos conservemos y creemos iniciativas y planes basados en la solidaridad, tolerancia, empatía y resiliencias; para seguir cerrando las brechas sociales entre territorios con espacios que ayuden orientar a los ciudadanos para conservar la paz y el perdón. Tal vez las garantías estatales no sean suficientes, pero las iniciativas internas sociales pueden generar mayor impacto a la hora de construir un territorio que pueda convivir en paz.

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