Recordando a Bob Marley a 81 años de su nacimiento
Marley creció en Nine Mile, una zona rural ubicada a varias horas de Kingston, y comenzó su camino musical tras conocer a Bunny Wailer. De acuerdo con biografías especializadas, archivos periodísticos y estudios culturales, ambos jóvenes estuvieron profundamente influenciados por el soul, el rhythm & blues y el doo-wop estadounidense. Artistas como Ray Charles, Curtis Mayfield, Brook Benton, Fats Domino y grupos como The Drifters llegaban a Jamaica a través de las emisoras del sur de Estados Unidos, formando una sensibilidad sonora que pronto se transformaría en una voz propia.
Jamaica, colonia y laboratorio sonoro
La historia colonial de Jamaica fue determinante para la circulación de sus sonidos. El rocksteady y posteriormente el reggae viajaron al Reino Unido, donde se entrelazaron con contextos obreros, migrantes y urbanos. Este intercambio, documentado por la historiografía musical y cultural, fue clave para el surgimiento del punk británico y del movimiento two tone. En ese mapa transatlántico, Marley se consolidó como una figura central, no solo por su música, sino por su presencia física en Londres, donde esa experiencia sonora se vivió en primera persona.
Su vida misma condensa las tensiones del colonialismo ya que al ser hijo de Cedella Booker, una mujer afro-jamaicana, y de Norval Marley, un jamaicano blanco de ascendencia inglesa y capitán de los Royal Marines, Marley encarnó desde temprano una experiencia atravesada por el racismo estructural y el legado imperial. Esa condición marcó de forma profunda su obra y su postura política.
Anticolonial, antirracista, incómodo
El 3 de diciembre de 1976, Marley fue víctima de un intento de asesinato en Kingston, en medio de una intensa violencia política, apenas dos días antes del concierto Smile Jamaica, concebido como un llamado a la paz. Este episodio, ampliamente registrado por la prensa internacional y por investigaciones históricas, consolidó su figura como un actor político incómodo en un país fracturado por disputas partidistas y por la injerencia externa.
Desde una perspectiva académica y periodística, el reggae se consolidó como una música contra la injusticia social y racial. Diversos estudios han señalado que Marley articuló una conciencia negra global, conectando las luchas del Caribe con África y con procesos como la resistencia al apartheid. Su participación en la celebración de la independencia de Zimbabue en 1980 lo transformó en un símbolo inmediato de liberación para las juventudes africanas y abrió el camino para artistas como Lucky Dube, Alpha Blondy o Tiken Jah Fakoly. El reggae dejó de ser solo un género musical para convertirse en un lenguaje político compartido.
Fútbol, sudaderas y política del vestir
Según perfiles y crónicas publicadas de medios especializaado en moda como Squire, Marley amaba el fútbol tanto como la música. Durante las giras, aprovechaba cualquier pausa para jugar partidos improvisados con los Wailers, incluso en espacios improvisados. Su mánager, Allan “Skill” Cole, fue una figura clave del fútbol jamaicano, y Marley solía decir que ojalá pudiera cantar tan bien como él jugaba.
Cuando se trasladó a Londres tras el atentado en Kingston, su afición por el fútbol se hizo visible también en su forma de vestir. Marley incorporó la sudadera o chándal (el conjunto deportivo de dos piezas) como parte de su vida cotidiana, no solo como indumentaria funcional, sino como una declaración estética. Este dato ha sido subrayado por voces de la propia industria también pues, en entrevistas y archivos de Adidas, se reconoce a Marley como uno de los primeros íconos culturales en usar ropa deportiva completa fuera del campo, anticipándose décadas a su adopción masiva por el hip-hop.
La reciente película biográfica Bob Marley: One Love refuerza esta imagen al mostrar el conjunto de la marca deportiva Adidas que aparece tanto en el estudio de grabación como en escenas familiares, consolidando una estética donde comodidad, identidad y política conviven. Vestirse sin rigidez también fue una forma de resistencia.
Marley en la moda contemporánea
La industria de la moda ha vuelto una y otra vez sobre la figura de Marley. Prada (SS05), Tommy Hilfiger (SS16), la colaboración de Noah con el sello Tuff Gong en 2018 y el trabajo sostenido de Wales Bonner con Adidas desde 2020 dan cuenta de una influencia que no opera como homenaje superficial, sino como herencia viva. Estos cruces han sido ampliamente documentados por la prensa especializada y por los propios archivos curatoriales de las marcas.
Ese mismo espíritu atraviesa hoy a diseñadores con raíces jamaicanas como Bianca Saunders y Martine Rose, radicados en Londres, cuyas trayectorias han sido analizadas por medios culturales y de moda internacionales. Marcas más jóvenes como Diotima y Theophilio, reconocidas por instituciones como LVMH y el CFDA, confirman que la herencia jamaicana sigue siendo un motor creativo y político dentro del sistema de la moda global.
Pero si hay una prenda que sintetiza todo esto, es la sudadera. No como fetiche, sino como gesto. El dos piezas de Marley habla de descanso, de movimiento y de un cuerpo que no se somete a jerarquías impuestas. Es una estética coherente con su música y con su mensaje.
Su legado
Bob Marley fue un artista por la paz, un ícono de la moda sin proponérselo, un militante antirracista y anticolonial, y una figura fundamental en la historia de la música moderna. Su legado no se limita a sus canciones inmortales pues también vive en las luchas que conectó, en los cuerpos que liberó y en los códigos culturales que politizó. A 81 años de su nacimiento, Marley sigue recordándonos que la cultura no es un adorno, sino una fuerza capaz de disputar el sentido del mundo.