La mística del techno regresa a Medellín con la edición 19 del Festival Freedom
Entre el 6 y el 8 de febrero se realizará en Plaza Mayor Medellín la edición 19 del Festival Freedom, uno de los escenarios más importantes del techno en Latinoamérica. El evento reunirá a figuras internacionales y artistas locales en una programación centrada en curaduría sonora, comunidad y experiencia de pista. Con casi dos décadas de trayectoria, el festival se ha consolidado como una cita obligada para quienes viajan a Medellín a vivir el techno como ritual colectivo.
Techno en Medellín: Festival Freedom 2026 y su regreso a Plaza Mayor
Entre el 6 y el 8 de febrero se llevará a cabo, como ya es tradición en Plaza Mayor, la edición 19 del Freedom Festival, uno de los escenarios más importantes del techno en Latinoamérica. Dasha Rush, Adam X, Shed, Mark Williams, Gigi FM, Benales, Stojche, Talismann y Yanamaste hacen parte del cartel 2026 de esta cita obligada para quienes, al menos una vez al año, se encuentran en Medellín para celebrar la música y el baile como ritual colectivo.
Democratización, sonido, comunidad, experiencia, ritual, baile, atmósfera. Con esas palabras describieron Freedom tres asistentes con quienes Radiónica conversó a propósito del festival. Los tres coincidieron en una afirmación sencilla pero contundente: “Esta es una experiencia que se debe vivir”.
“La energía, la vibra de la gente, la manera de bailar y de entregarse a la pista… todos están bailando en modo amor y paz”, dijo uno de ellos al intentar explicar qué es lo que hace distinto a Freedom. No habló de cifras ni de producción. Habló del cuerpo en la pista y de una forma particular de estar juntos.
A casi dos décadas de existencia, Freedom se ha consolidado como una de las experiencias más completas de construcción de comunidad alrededor del techno en Colombia. Su propuesta, lejos de apostar por la acumulación de patrocinios o por la lógica de la cantidad, insiste en una idea: sonidos honestos, curaduría rigurosa, agenda académica y una pista de baile donde el centro sea la música y la experiencia compartida.
“Precisamente la narrativa de Freedom es que no importa cuántos seguidores tengas, no importa quién seas, aquí lo que importa es la música”, explica una de las asistentes. Esa frase aparece una y otra vez, dicha con distintas palabras, como si fuera una convicción aprendida en la pista.
Freedom es, para muchos, un espacio de desconexión y de reencuentro. Desconectarse del ritmo cotidiano, del ruido constante, incluso de las redes, para volver a conectar con la música. Conectar también con la curiosidad. La curaduría propone exploración, escuchar artistas que no se conocen, hacer la tarea previa, llegar sin certezas. Descubrir por qué alguien está ahí. Ajustar expectativas. Entender en el cuerpo que la fama no lo es todo.
Hay quienes llegan buscando ciertos nombres y se quedan con otros. Quienes descubren artistas que apenas habían escuchado de pasada y salen del festival siguiéndolos, escuchándolos de otra manera, llevándolos consigo. Freedom tiene esa capacidad de generar vínculos que no se diluyen con el paso de los días.
Comunidad techno y democratización de la pista de baile
Freedom también es una apuesta política en el sentido más amplio del término. “Democratiza la pista de baile al mantener precios accesibles, permitir el ingreso gratuito de personas mayores y entender el acceso como un derecho cultural. Democratiza el cartel al otorgar el mismo peso simbólico y visual a artistas nacionales e internacionales, sin jerarquías forzadas”, comenta una de las personas consultadas.
Y es que esa lógica también se traslada a la programación. Artistas locales y extranjeros comparten horarios, escenarios y públicos. No es extraño ver espacios más concurridos durante sets nacionales, lo que refuerza un sentido de pertenencia construido desde el reconocimiento mutuo y el apoyo a la escena local.
El festival mantiene filtros curatoriales serios. Para artistas colombianos, uno de los requisitos es presentar sets compuestos por producciones propias. No basta con la visibilidad ni con el número de seguidores. Importa el trabajo creativo, la música hecha, el proceso. Es un criterio poco común en otros festivales y que reafirma que Freedom no funciona como vitrina, sino como espacio de legitimación artística.
También hay una línea musical definida. Freedom no pretende abarcar todo el espectro de la electrónica. Ha construido con el tiempo una identidad sonora clara, coherente, que genera acuerdos y también desacuerdos. No todo gusta a todo el mundo, y esa claridad hace parte de su propuesta. Son, en suma, honestos con su público lo que se agradece en tiempos de permanente adaptación a las tendencias.
Escenarios, agenda académica y programación del Festival Freedom 2026
La edición 2026 contará con dos escenarios principales, MAIÁ en el Pabellón Blanco y Medellín and Beyond en el Pabellón Verde, además de ADN, un espacio dedicado a artistas locales y colombianos seleccionados mediante convocatorias públicas. Cada escenario propone cruces de estéticas, generaciones y trayectorias, acompañado por VJs de reconocimiento internacional.
El festival ofrecerá una agenda académica con paneles, charlas y encuentros que conectan distintas generaciones y visiones de la cultura electrónica. Habrá zonas de comida, espacios de descanso, merch y un after el domingo 8 de febrero como parte de la experiencia extendida del festival.
En paralelo, Freedom continúa fortaleciendo su dimensión ambiental con Festival Huella Zero, una iniciativa de reforestación que busca restaurar ecosistemas degradados y promover una relación más consciente entre entretenimiento, territorio y sostenibilidad.
Por qué el Festival Freedom es una experiencia techno imperdible en Medellín
Freedom no se agota en el cartel ni en la experiencia de un fin de semana. Más allá de las redes sociales, de las modas pasajeras o de la lógica del impacto inmediato, es un espacio donde el techno se piensa como lenguaje y como práctica colectiva, donde bailar no es solo moverse, sino escuchar, observar y habitar el tiempo de otra manera. La fuerza del festival está en sostener una identidad clara, una línea musical coherente y una comunidad que entiende la pista como lugar de encuentro y de cuidado.
En un circuito cada vez más atravesado por el consumo rápido, Freedom insiste en el tiempo largo, en la escucha atenta, en la exploración y en el regreso. Quienes vuelven cada año reconocen esa persistencia como una certeza compartida, la pista sigue siendo un lugar posible, sostenido como ritual colectivo que se renueva en el cuerpo, en la memoria y en la comunidad que vuelve a encontrarse alrededor de la música. Esa es, en suma, la mística con la que Freedom se ha consolidado.