“The Boys”: el lado más perverso de los superhéroes

Una mirada al crudo universo de "The Boys", la exitosa serie que replantea el mundo de los superhéroes.

Desde hace casi un siglo la imagen que tenemos del superhéroe es la de este ser abnegado y fiel a un código moral, que siempre busca el bien común y usa sus poderes para pelear por la justicia sin esperar nada a cambio.

Esa imagen funciona de maravilla en los fantásticos universos en los que personas con máscaras y capas van por ahí salvando el día. Pero qué tal si hacemos el ejercicio de imaginar cómo sería el mundo si de verdad existieran personas con superpoderes: ¿Serían defensores de los débiles? ¿A qué intereses responderían? ¿Salvarían el mundo gratis? ¿Enfrentarían a los gobernantes totalitarios o los apoyarían? ¿Cómo manejarían sus redes sociales?

Con estas preguntas como base, la serie “The Boys” de Amazon Prime, plantea que si los superhéroes vivieran entre nosotros, estarían igual de atormentados y serían igual de corrompibles que cualquier humano promedio. Inseguridad, codicia, vanidad y miedo, sentimientos que no se van con una capa, al contrario.

Si bien algunos héroes clásicos como Spiderman han abordado estos temas en su producción, a lo largo de sus dos temporadas, la serie creada por Eric Kripke, argumenta que los aspectos negativos del ser se vuelven muy peligrosos cuando hay un poder indescriptible de por medio. 

“The Boys” como toda buena historia de superhéroes, se desarrolla en Nueva York, donde está la sede principal de Vought International, una empresa que controla el mercado de superhéroes, o supes como son llamados en la serie. En este universo, las personas que quieren vivir de su don y ser aclamadas por millones, deben buscar la forma de entrar en una empresa que los ayude a posicionarse como marca y que no solo les dé trabajo combatiendo al crimen, sino también ayudándoles a firmar contratos para hacer películas, series y vender mercancía. Muy al estilo de la industria cultural. 

Dentro de Vought existe una élite de supes llamada Los Siete, cuyos integrantes son una versión más oscura de la La Liga de la Justicia de DC, y está compuesta por: Homelander (Superman), Queen Maeve (Mujer Maravilla), Deep (Aquaman), A-Train (Flash), Black Noir (Batman), Translucent (Hombre Invisible) y Starlight, que es la nueva integrante de Los Siete y no tiene un equivalente claro en el universo de DC, pero encarna a la chica rubia, blanca, de un pueblo religioso del sur de Estados Unidos, que llega a la gran ciudad con una canción en el corazón y su maleta llena de sueños. Pero pronto descubre la cruda realidad del perverso mundo de Vought y con decepción debe resignarse al hecho de que el único superpoder que realmente existe es el dinero. 

El conflicto en la serie empieza cuando Hughie Campbell, un tipo tranquilo, miedoso, torpe e ingenuo, está hablando en la calle con su novia Robin y de repente ésta es asesinada por A-Train, quien la arrolla por accidente. Al ver que ni la justicia, ni la prensa, ni la policía están dispuestas a tocar a un miembro de Los Siete, Hughie Campbell cae en una profunda depresión que lo atormenta hasta que conoce a Billy Butcher, un tipo inestable y violento que busca desesperadamente a su esposa y lidera a de The Boys, un grupo compuesto por Frenchie, experto en armas, y por Mother's Milk, experto en tácticas de ataque que busca desenmascarar las verdaderas intenciones de Vought y castigar a los héroes que abusan de sus poderes. Hughie se une al grupo y comienza su lucha contra los héroes que todo el mundo ama. 

En el camino descubren un oscuro secreto relacionado con cómo nacen los supes, se ven en el medio de complejas conspiraciones políticas y una misteriosa mujer japonesa con poderes se une a este grupo de parias. En la segunda temporada la cuestiones políticas de la serie se ponen más tensas con la llegada de Stormfront a Vought, quien frente a las cámaras se comporta como una mujer empoderada, preocupada por la gente, y fuerte, pero en realidad tiene un turbio lado B. 

Al estilo de la novela gráfica “Watchmen” (1986), de Alan Moore, “The Boys” rompe la imagen idílica y maniqueista del superhéroe para construir personajes muy humanos, llenos de conflictos que se esconden tras una máscara, pero no de cuero, sino la que produce su errática personalidad. Además la serie plantea la pregunta sobre qué es lo que verdaderamente representa la imagen del superhéroe, unida a una concepción moralista del ciudadano de bien, cuyo papel no es el de proteger a la población, sino mas bien defender el status quo, el patriotismo extremo y los intereses del poder.   

Tal vez el personaje más complejo de la serie es Homelander, un narcisista sin escrúpulos y sin ningún rastro de empatía. Pero al mismo tiempo sufre la soledad de ser la personas más poderosa del mundo. Nadie se acerca a Homelander con cariño, todas sus interacciones son mediadas por el interés, la manipulación o el miedo. A parte, todo el tiempo debe fingir que ama a los ciudadanos y a su país, cuando en verdad siente un enorme desprecio por la humanidad, por Vought y por sí mismo, ya que está atrapado entre seguir siendo el héroe favorito del público y convertirse en un déspota capaz de controlar el mundo a su gusto. 

Pero al igual que este héroe/villano, en la serie practicamente no existen personajes buenos, ya que el bien y el mal pueden ser conceptos muy ambiguos y al final de la vida no hay redención para nadie.

A través de un fino humor negro, secuencias de acción muy bien producidas y una trama atrapante y llena de intriga, “The Boys” hace una caricatura de nuestra realidad poniendo sobre la mesa varios de los temas más complejos de nuestra actual sociedad. Por ejemplo: el crecimiento del racismo y de las ideas relacionadas con la supremacía blanca; la crisis generada por las fake news y las estrategias de propaganda y manipulación que inundan las redes sociales; la proliferación de discursos de odio lanzados desde sectores políticos y religiosos; y el maquiavélico accionar de la política en general. 

Pero “The Boys” también toca temas como la lucha contra el acoso sexual y la reivindicación de la igualdad, la tolerancia y la inclusión. Si bien la serie tiene muchas escenas de acción bien logradas, al igual que en “Game Of Thrones”, lo más interesante ocurre en los pasillos y salas de juntas.

Son las discusiones de los personajes las que nos van revelando los misterios de la serie y las que nos invitan a reflexionar sobre cómo vivimos nuestro día a día, y sobre lo peligroso que es que el poder se concentre en una sola persona o, ¿cuándo fue la última vez que un líder carismático, con millones de seguidores y que dice ser una persona intachable usó su poder para realmente buscar el bien común?

“The Boys” es una serie tan atrapante que los errores simples de la trama se suelen pasar de alto (como que los personajes revelen secretos hablando a los gritos en un parque). Las dos temporadas al aire son una forma creativa, divertida y crítica de abordar la saturada producción de contenido de superhéroes, que no solo busca entretenernos sino invitarnos a pensar el mundo en el que vivimos.  

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