El viejo problema que expone The Social Dilemma

El éxito del nuevo docushow de Netflix ha vuelto a poner sobre la mesa la verdadera problemática detrás de la industria de los datos en el mundo entero.

A lo largo de los últimos años vemos surgir una y otra vez los mismos cuestionamientos a las grandes corporaciones tecnológicas: privacidad, monopolización, influencia política. La verdad es que nos encontramos en un momento coyuntural de la historia y para todos los seres humanos es inevitable preguntarse por el estado actual de nuestras sociedades.

No hemos llegado aquí porque sí, y este ha sido el tema central de The Social Dilemma (2020), un docushow que busca retratar de forma dramática los peligros de la era de la información.

Este problema no es nuevo y no es tanto un dilema. Desde hace varios años, y especialmente después de las elecciones presidenciales norteamericanas en 2016, decenas de documentales, películas y reportajes han tratado de advertirnos acerca de los peligros que plantea la explotación económica de los datos, en un mundo completamente dominado por el capitalismo hiper evolucionado.

En el año 2017 el diario The Economist ya había afirmado que los datos son el recurso más valioso del mundo, y que la economía de los datos exige un nuevo enfoque de las normas antimonopolio. Documentales como The Great Hack (2019) o películas como Brexit (2019), protagonizada por Benedict Cumberbacht, han expuesto también esta preocupante influencia en el panorama político del mundo actual.

Los grandes de la tecnología, Alphabet (la empresa matriz de Google), Amazon, Apple, Facebook y Microsoft ya son las cinco empresas cotizadas más valiosas del mundo y colectivamente sus ganancias acumulaban en el primer trimestre de 2017 más de 25 mil millones de dólares. Por otra parte Amazon captura la mitad de todos los dólares gastados en línea en Estados Unidos. Mientras Google y Facebook representaron casi todo el crecimiento de ingresos en publicidad digital en Estados Unidos en ese mismo año.

Esto, no solo representa un poder económico inconmensurable. Un poder de estas proporciones significa una influencia política enorme y por ende, pocas intenciones de regulación que afecten las ganancias. Estamos hablando de una problemática similar a la del cambio climático. Grandes compañías que han evolucionado para lograr la máxima eficiencia en la explotación de un recurso a expensas de una gran cantidad de daños colaterales que no deberíamos tolerar.

Aunque esta no es la primera vez que nos enfrentamos a retos como este, es común que se requiera de un esfuerzo colectivo considerable para generar cambios estructurales. Películas como The Social Dilemma tratan de visibilizar los aspectos negativos que la explotación industrializada e indiscriminada de nuestros datos personales ha significado para nuestras sociedades. Uno de los mÁs preocupantes es el uso irrestricto de técnicas de persuasión, que aplicadas a los algoritmos, han causado un incremento considerable de patolgoías relacionadas con la salud mental, la violación de la privacidad y la polarización política.

Esto no ha pasado desapercibido, a mediados de este año una histórica audiencia antimonopolio en el Congreso de Estados Unidos ha enviado un mensaje a los gigantes tecnológicos y puede significar que nuevas formas de regulación estén en camino para Silicon Valley.

Es importante tener en cuenta que este es un proceso que tomará tiempo y esfuerzo, entendiendo que hay una gran diversidad de opiniones y posiciones al respecto. Posiciones que van desde la defensa de la libertad de expresión, pasando por el crecimiento económico y la salud pública. Pero mientras estas regulaciones no lleguen a nuestras sociedades, tenemos herramientas de educación y concientización que deben ponerse en práctica.

Como sociedad es fundamental que nos planteemos objetivos de educación que nos permitan formar ciudadanos menos vulnerables, más conscientes y responsables con el uso de estas plataformas que a su vez nos permitan encontrar y proponer las medidas más adecuadas para limitar su influencia e impacto negativo en nuestra sociedad.

Mientras eso sucede vale la pena poner atención al debate y cuestionarnos sobre estas problemáticas. El éxito y posterior ruido que ha generado The Social Dilemma demuestra cómo el ser humano es extremadamente sensible al dramatismo del formato docushow tan exitoso en Netflix. Curiosamente, el documento deja fuera de la discusión plataformas como Netflix o Spotify y el lado negativo de sus propios algoritmos. Seguramente al final de cuentas nosotros tenemos las cosas claras y ellos son los que se enfrentan al dilema.

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