Kali Uchis regresa con su orgullo latino a los escenarios de Bogotá
La cantante Karly Marina Loaiza, conocida artísticamente como Kali Uchis, nació en Alexandria, Virginia, pero su historia empezó mucho antes y mucho más al sur. Hija de padres colombianos, con raíces directas en Pereira, ha insistido en entrevistas con Rolling Stone y Billboard que su conexión con el eje cafetero colombiano es parte de su identidad. Creció viajando entre Estados Unidos y Colombia, atravesada por la experiencia de la migración, por la nostalgia familiar y por el aprendizaje simultáneo de dos lenguas y dos formas de habitar el mundo. Su estética es un sello que evidencia ese mestizaje, por ejemplo, en no sentir vergüenza de la voluptuosidad, en sus uñas exageradas artificiales, su maquillaje casi excesivo... Todas señales muy lejanas del intento de limpieza que el clean look intentó poner como tendencia global.
Migración, comunidad y postura frente a ICE
La experiencia migrante atraviesa su discurso público. En 2019, durante el concierto “Selena for Sanctuary” en Nueva York, proyectó en pantalla la frase “No human being is illegal”, acción reseñada por Vogue, donde también se registró la consigna “Fuck ICE” durante su presentación.
En sus redes sociales ha reiterado mensajes de apoyo a familias migrantes y críticas a las prácticas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), defendiendo la dignidad de las comunidades latinas y la unidad familiar frente a redadas y procesos de deportación. En 2025, durante un concierto en Texas, volvió a pronunciarse desde el escenario sobre la importancia de las comunidades migrantes en Estados Unidos, reafirmando públicamente su postura frente a las políticas antiinmigrantes.
Ese lugar político y afectivo también hace parte esencial de su música. El bilingüismo aparece como una extensión de su vida cotidiana y de su historia familiar. Con Sin Miedo (del Amor y Otros Demonios) de 2020 apostó por un álbum en español que traduce esa pertenencia sin pedir permiso, y “Telepatía” terminó entrando al Billboard Hot 100 en 2021, confirmando que su universo íntimo también podía volverse masivo.
Las colaboraciones latinas más icónicas de Kali
Las colaboraciones han sido otra forma de trazar mapa. En 2017, Kali colaboró con Reykon en ‘Nuestro Planeta’, una pieza donde su pop alternativo se cruza con el pulso urbano colombiano. Ese mismo año se unió a Juanes en ‘El Ratico’, un puente directo con una generación clave de la música colombiana. En Sin Miedo trabajó con Jowell & Randy en ‘La Luz’, conectando con la tradición del reguetón puertorriqueño, y más adelante sumó a Ozuna en ‘Another Day in America’, ampliando su conversación con el circuito urbano latino. En 2024 llegó ‘Labios Mordidos’ junto a Karol G, un cruce entre dos artistas colombianas con proyección global y estéticas distintas.
Ese mismo ciclo, su colaboración con Peso Pluma en ‘Igual Que Un Ángel’ se convirtió en uno de los puntos más visibles de Orquídeas, llegando a la lista Billboard como No. 1 de Hot Latin Songs. También alcanzó el No. 1 en Latin Airplay, mientras el álbum se ubicó en el No. 2 del Billboard 200 y lideró Top Latin Albums.
En paralelo, su colaboración con Kaytranada en ‘10%’ le dio el Grammy a Mejor Grabación Dance en 2021, consolidando su presencia en el pop global desde un lugar propio.
Bogotá como punto de regreso
La presentación en Bogotá activa esa dimensión biográfica y simbólica que atraviesa su música y su performance. Kali llega con un repertorio construido desde la vivencia migratoria, de las idas y vueltas entre Virginia y Risaralda, entre el R&B y el bolero, entre el inglés y el español, con una identidad nombrada en voz alta y una red de colaboraciones que cuentan su lugar dentro de la música latina contemporánea. En esa mezcla vive su orgullo latino, parte fundamental de su sello como artista.