IASA 2021: Memoria, patrimonio y arte

Conversamos con Leonel Vásquez, artista sonoro y speaker de la Conferencia IASA 2021.

La Asociación Internacional de Archivos Sonoros y Audiovisuales (IASA) se estableció en 1969 en Ámsterdam como un medio de cooperación internacional para conservar materiales sonoros y audiovisuales. Es un referente mundial que reúne a especialistas y archivistas de más de 70 países. Representan una amplia gama documental de radio,  televisión, centros de investigación, fonotecas y archivos nacionales de imagen y sonido. 

Según la vicepresidenta de la Asociación Internacional de Archivos Sonoros y Audiovisuales, Perla Olivia Rodríguez, en conversación con Radio Nacional de Colombia“En América latina la IASA es una referencia para todos quienes tenemos como una de nuestras responsabilidades, la protección del patrimonio radiofónico, musical, de las grabaciones sonoras de campo y del arte sonoro, porque precisamente es en la IASA donde se discuten las formas, los métodos para conservar esta memoria y además se diseminan estas buenas prácticas a todo el planeta”. 

La versión 2021 de la Conferencia IASA se estará realizando entre el 27 al 30 de septiembre, donde varios speakers del mundo hablarán sobre la importancia del sonido, la conservación y el cuidado de los archivos sonoros. 

A propósito del evento, conversamos con Leonel Vásquez, artista sonoro que desarrolla su trabajo creativo a partir del sonido como material plástico, y que estará representando a Latinoamérica en la conferencia. 

Leonel, si usted tuviera que decirle a alguien a qué se dedica, ¿qué le diría?

Bueno, yo digo que hago arte con sonido, pero viendo un poco más a lo concreto y lo preciso; yo vengo de las artes plásticas y visuales que se han dedicado a la creación y a la configuración de imágenes, espacios, objetos. Creo que sigo haciendo lo mismo. Sin embargo, especialmente mi proyecto como artista plástico, enfocado sobre todo en las 3 dimensiones, en la escultura. Ha buscado más bien la generación de objetos, espacios, arquitectura, situaciones especiales para la escucha, para que las personas puedan acercarse a ciertos sonidos, y esos sonidos indagan sobre la realidad, sobre los paisajes, sobre las distintas problemáticas de los lugares, la biodiversidad, ecología, acústica, memoria sonora. En los últimos años he trabajado mucho sobre la escucha Subacuática. Entonces creó muchos espacios para que la gente pueda sumergirse en los sonidos bajo los mares. Y aparte de ser testigos de esa riqueza, en su sonoridad, también ser un poco testigos y activos como sujetos políticos en su cuidado.

Esto debe requerir un nivel de investigación muy fuerte… entender cómo desde lo técnico se incorpora el sonido entre las estructuras físicas.

Sí, la verdad, para mí eso ha sido súper clave, porque las maneras de escuchar en el arte no son necesariamente las que nos ofrece la tecnología. La tecnología que tenemos hoy en día es una disposición del sentir, producto de avances, desarrollos y de consensos pero no necesariamente son las que deberíamos tener. Es decir, yo siento mucho que hay cosas que uno debería escuchar, no por un parlante ni por unos audífonos, sino que uno debería sentir a través de la piel y a través de los huesos, sentirlo como vibración y como sonido.

Ese ha sido mi proyecto, precisamente, voy a hablar acerca de algunas iniciativas que he desarrollado con la radio y con la fonoteca, que buscan maneras muy propias de hacer sonar, pero sobre todo maneras que con el acto de hacer sonar, hacen justicia. Es que imagínate una declaración de una persona que ha sufrido los impactos de la guerra amplificadas en un sistema de escenario, tarima, a miles de personas, eso es un acto de escuchar que a la vez es injusto con la con la singularidad y la intimidad de la memoria de las personas. Hay sonidos que son para tocarlos sutilmente, para acercarse a ellos como susurros, como pequeños mensajes que van dirigidos a personas específicas, entonces las maneras de hacer sonar tecnológicamente son maneras plásticas, poéticas, estéticas.

¿Qué tan interesante es este proceso de restauración y archivo de audio de una institución como RTVC?

Yo creo que en principio es una labor muy difícil, porque Colombia es un país de los silencios. Es un país que se ha dedicado a silenciar en el aspecto social y en el aspecto ambiental, en Colombia casi no suenan los paisajes sonoros y los hemos desconocido, por ejemplo, el paisaje sonoro como tal no es un actor importante dentro del desarrollo de este país. 

Entonces es un trabajo que me parece bien difícil, porque es trabajar con lo que queda, con lo que de alguna manera se logra registrar desde el nivel oficial de los materiales que van llegando desde distintos colaboradores. Es un trabajo de cuidado. Siento que igual que la restauración, igual que todos estos procesos de trabajo con material fonográfico requieren demasiada atención, parecen como pequeños hijos, pequeños seres frágiles; sobre todo tienen una problemática, y es que pues la tecnología, como lo hemos visto va cambiando, por lo tanto los soportes y los medios que permiten la amplificación, la reproducción. 

Uno no piensa que los archivos tienen una temporalidad y tienen una materialidad que le da una temporalidad. Uno considera hoy en día, en el mundo digital, que las imágenes, los audios que estamos haciendo pues son eternos, pero la verdad es que tienen una parte del proceso que es realmente efímera. Todo tiene una materialización física que depende de ciertas condiciones y creo que el hecho de que hoy tengamos ciertas limitaciones para poder contener, mantener, administrar, cuidar, pues hace que sea un trabajo bastante complicado. 

En el contexto de esa materialidad con los recursos que contamos… ¿Cómo vio el proceso del cuidado? ¿Qué opinión le dejó el tratamiento que se está haciendo a nivel técnico de todo este material?

Yo igual no soy muy experto de lo que sucede allí. Siento que es un proceso técnico impecable que hace registro, catalogación, archivación, en unas condiciones muy dignas para los materiales. Creo que es un proceso que no se está haciendo en ningún otro lado. 

Difícilmente los archivos, por ejemplo, que se están configurando en escenarios privados o en otros escenarios públicos no tienen ese nivel de profesionalismo y de atención, ya que detalla lo que implica trabajar con un archivo solo. Me sorprende mucho ver que están haciendo procesos sobre algo tan frágil de una manera tan cuidadosa que al final es lo que garantiza la continuidad de estos archivos.

Este material puede ser un recurso para el trabajo de artistas como usted o de periodistas. ¿Cuál es el valor que tiene poder llegar a contar con estos recursos para el arte, para la historia o para la información?

Sí, yo creo que inclusive es un aprovechamiento en doble vía, porque los archivos si no se consultan y no tienen una actividad en el tiempo presente, una reflexión en el tiempo presente, pues son archivos muertos. Me parece que tanto el arte, la historia, y la investigación que busca ir hacia el pasado para encontrar respuestas a este presente y posibles soluciones hacia el futuro, se nutre de esos archivos, y los archivos se nutren de lo que hace el arte y la investigación, o sea, es un trabajo bien bonito porque es un trabajo en doble vía. Siento que la radio y, bueno, la fonoteca, especialmente tiene una cantidad de memorias tan poderosas y sonoramente tan atractivas que cualquier persona que esté interesado en el ámbito de lo sonoros, ya sea desde lo estético, desde la investigación, pues pueden encontrar allí una cantidad de sustratos, de libros, y de archivos sonoros que enriquezcan su trabajo.

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