Rebelarse contra las reglas: así luchan las mujeres contra la sexualización en el deporte

Varias deportistas han denunciado dinámicas machistas que hacen que la atención esté puesta sobre su cuerpo y no sobre su rendimiento.

Se rehusaron a usar bikini y fueron multadas. El hecho ocurrió este lunes, cuando el equipo de balonmano noruego decidió usar pantalones cortos en el Campeonato Europeo de Balonmano Playero, en lugar del calzón habitual de bikini que usan las deportistas en esta disciplina. La decisión de la Federación Europea de Balonmano fue multar a cada una de ellas con 150 euros, unos 694.000 pesos colombianos. Es decir, que en total, el equipo debería pagar un comparendo total de 1500 euros, casi 7 millones de pesos. 

Dicha federación exige que las mujeres lleven la parte inferior del bikini “con un ajuste ceñido y cortadas en ángulo ascendente hacia la parte superior de la pierna”. Especifica además que los lados del bikini no deben tener más de diez centímetros, mientras que los hombres pueden llevar pantalones cortos de hasta diez centímetros por encima de las rodillas, siempre que “no sean demasiado holgados”.

Con respecto a lo ocurrido, una representante de la Federación Internacional de Balonmano, Jessica Rockstroh, dijo, al día siguiente del hecho que desconocía el motivo de las normas. “Lo estamos investigando de manera interna”. 

Y es que el equipo noruego lo hizo a propósito, justamente para señalar lo injusto que es esta medida con las mujeres atletas. “No veo por qué no podemos jugar con pantalones cortos”, dijo Martine Welfler, una de las jugadoras. 

Como apoyo al equipo y mandándoles un mensaje claro de que está bien que se vistan como se sientan cómodas, la estrella de pop Pink, ganadora, entre otros premios, de tres Grammy, siete MTV Video Music Awards, seis premios Billboard, se ofreció a pagar la multa. En su cuenta de Twitter dijo que estaba orgullosa del equipo noruego por su forma de manifestarse ante estas reglas sexistas y dijo que la federación debería ser multada por su machismo. 

 

Lo más grave del tema es que esto no es algo nuevo ni algo que ocurre solo en este deporte. En las últimas décadas, varias atletas se han manifestado sobre lo sexista que es que sean obligadas a usar trajes más reveladores que los que usan los hombres. En 2011, por ejemplo, la Federación Mundial de Bádminton decretó que las mujeres debían llevar faldas o vestidos para jugar en la élite, para así ayudar a “reavivar el decaído interés por el bádminton femenino”. 

Es absurdo este argumento machista en pleno siglo XXI, cuando las mujeres ya hemos caminado un largo trecho para reclamar nuestros derechos y no ser vistas solo como objetos cuyos cuerpos están exclusivamente al servicio de un sistema capital y patriarcal. 

Solo por hablar del deporte que consumimos desde el televisor: hay imágenes que tenemos demasiado normalizadas como sociedad. En el tenis, mientras ellos juegan con pantalón corto, ellas juegan con una minifalda y un short debajo. En la gimnasia, mientras ellos tienen una trusa que cubre todo su cuerpo, ellas tienen un maillot que les deja ver las piernas y la cola. Y en el balonmano, mientras ellos tienen camiseta y pantalón corto, ellas tienen una camiseta pegada y un bikini diminuto. 

¿Cómo va a ser cómodo y a nivel deportivo, eficaz, competir así? ¿Por qué hay unos otros que todavía juzgan la decisión que tienen las mujeres deportistas de ponerse lo que quieran, siempre y cuando cumpla unos parámetros lógicos de competencia? 

Tal vez es porque el sexismo normalizado de nuestra sociedad también ha permeado el contexto del deporte de alto rendimiento y pone a las mujeres a operar en unas dinámicas machistas que hace que se les valore más o menos por cómo se ven y no por cómo compiten. 

Esto es tan recurrente que tan solo este fin de semana ocurrió un episodio de este estilo. Durante los campeonatos ingleses de atletismo, la velocista y saltadora de longitud paralímpica, Olivia Breen contó que le habían sugerido ponerse otros pantalones porque los que llevaba eran muy cortos. 

“Estaba charlando con mi compañera de equipo, muy contenta, y esta funcionaria se me acercó y me dijo: “¿Puedo hablar contigo Olivia?”. Me dijo: “Creo que tus pantalones cortos son demasiado reveladores y creo que deberías considerar la posibilidad de comprarte un nuevo par de pantalones”, contó Breen en una entrevista este martes, tras afirmar que estaba desconcertada.

Mi primera respuesta fue: “¿es broma?”. Y me dijo: “No, no estoy bromeando. Deberías cambiarlos”. El intercambio dejó a Breen y a su compañera de equipo sin palabras, puntualizó. “Me enojó muchísimo. No deberían decirnos lo que podemos llevar y lo que no. ¿Por qué hacer un comentario así?”, reflexionó la atleta. 

Esa molestia de Breen es una molestia común en las mujeres. Y no solo es exclusiva de los ámbitos deportivos, sino de muchos espacios donde no se nos valora por quiénes somos o por cómo nos desempeñamos en lo que hacemos, sino por cómo nos vemos. Es tan fuerte ese rasero con el que nos juzgan que no hay ni siquiera una fórmula exacta para que nos vistamos y no nos sexualicen o dejen caer sus prejuicios de género sobre nosotras. Es decir, podemos ser más “recatadas”, como en el caso de las atletas noruegas, o decidir mostrar más piel, como Breen, y de todas maneras nos van a juzgar. Es algo común: se cree que nuestros cuerpos son territorios públicos. 

Cansadas de este tipo de dinámicas y como respuesta a esa constante sexualización, el equipo de gimnasia alemán que hoy debuta en los Olímpicos de Tokio, decidió cambiar sus habituales uniformes con corte bikini, por una trusa de cuerpo entero que va hasta los tobillos. Con esto, querían mandar un mensaje contundente sobre lo que viven las mujeres deportistas de alto rendimiento. 

No era la primera vez que los atletas usaban estos uniformes. Ya los habían usado en algunos campeonatos en abril llevados a cabo en Basilea, Suiza y durante su entrenamiento de podio en el Ariake Gymnastics Center. 

"Se trata de lo que se siente cómodo", dijo la gimnasta del país europeo, Elisabeth Seitz. "Queríamos mostrar que cada mujer y que todo el mundo, debería decidir qué ponerse", agregó, explicando además que otras atletas habían respondido bien a estos uniformes y que esperaba que en el futuro más atletas se sintieran libres de usarlos. 

El equipo dijo que tomó la decisión en los Juegos Olímpicos como grupo y fue apoyado por sus entrenadores. "Las chicas tuvimos una gran influencia en esto", relató la gimnasta Sarah Voss. "Los entrenadores también estaban muy interesados. Dijeron que querían que nos sintiéramos más seguras y cómodas en cualquier caso", afirmó.

"Eso no significa que no queramos usar el leotardo normal más. Es una decisión día a día, basada en cómo nos sentimos y qué queremos. El día de la competencia, decidiremos qué ponernos", aseguró Voss. 

Y es que justamente el tema tiene que ver con eso. Seamos atletas, debutemos públicamente en ciertos espacios o simplemente caminemos por la calle, las mujeres deberíamos poder decidir cómo queremos vestirnos y vernos según cómo nos sentimos y no por miedo a ser sexualizadas, juzgadas, censuradas o hasta multadas. Sin embargo, todos estos casos abren una pregunta esencial y es por qué somos las mujeres las que debemos pensar en qué ponernos o cómo comportarnos, para no ser sexualizadas por otros. 

El foco que hoy pone los escenarios olímpicos sobre la sexualización que nos afecta todos los días a las mujeres, debería ser un motivo para hacernos una pregunta sobre nuestra responsabilidad como sociedad para frenar los comentarios, abordajes y en general, los comportamientos machistas que no permiten que como seres humanos nos definamos más allá de nuestros cuerpos y aspecto físico. 

 

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