Grupo Apolo: pura bacanería científica

Esta es la historia del Grupo Apolo, que aun en el período de confinamiento ha logrado mantener la difusión del conocimiento científico y espacial.

A la mayoría de los caribeños nos relacionan con el andar pausado, con una toma de conciencia tranquila y al ritmo propio, que casi siempre se asocia con el mar, los tiempos de la luna y el influjo de estos en el cuerpo humano de los seres que habitamos las regiones costeras. 

Una de las supersticiones de fin de año instaladas en las comunidades de la región se basa en darse baños de mar antes de finalizar el año para recibir los tiempos venideros con energías renovadas. En ese ambiente, donde hasta los temas serios se vuelven bromas, nace la “bacanería científica”, el término con que Jorge Salazar define su pasión por el conocimiento científico y la admiración por el espacio exterior, que socializa desde distintas plataformas creadas desde hace un tiempo y que le llevó a la creación del Grupo Apolo.

“Hay que remontarse al génesis del grupo, cuando éramos unos niños y nos invitaron a ver una lluvia de estrellas fugaces, más adelante supimos que lo que habíamos visto eran meteoros. Recuerdo que aquella noche pedimos 117 deseos con las estrellas fugaces que habíamos visto, ninguno se cumplió, pero eso fue amor a primera vista. Mi grupo y yo supimos que nuestros objetivos estarían enfocados en la divulgación científica” apunta Jorge Salazar, líder del grupo Apolo, quien de manera animada celebra haber insistido en sus ideas.

“No fue un proceso fácil, ese ejercicio de querer demostrar a nuestras familias, amigos y vecinos que había todo un universo de posibilidades más allá de nuestras cabezas. Vivíamos en barrios con situaciones socioculturales particulares con un completo desinterés hacia los temas de ciencia. Lo que hicimos, entonces, fue adaptarnos al lenguaje de la calle, llegábamos a las esquinas para intentar cautivar a ese público que sería la base fundamental del grupo. Al comienzo, incluso, fuimos víctimas de bullying de nuestros vecinos, pero creo que ha sido un privilegio y quizás una venganza poética el hecho de que la Nasa nos invite a participar en proyectos como colectivo”, agrega Salazar. 

La afición por la astronomía ha generado todo un movimiento colectivo que atrae cada vez a más jóvenes a propuestas como “Cubes in Space” o "Estrellas en la playa". Precisamente, “Cubes in space”’ envió al espacio semillas de palma, procedentes de Piojó, Atlántico, bajo la observación de un grupo de jóvenes costeños que acompañaron la misión desde la base de la Nasa, y que con el acompañamiento de científicos de esta organización quedaban deslumbrados con el proyecto que les abría camino en estas áreas tan poco exploradas por las comunidades en Colombia. 

“Con ‘Cubes in space’, somos los embajadores en Latinoamérica, esto ha permitido a estudiantes de nuestra región y a otros estudiantes del país, a enviar sus experimentos a bordo de un cohete de la Nasa, algunos de ellos no tienen la opción de una educación de calidad y a través de esta plataforma pueden no solo encontrar su vocación sino también pueden encontrar su vocación profesional, esta influencia que podamos ejercer sobre esta generación resulta muy gratificante”, apunta Salazar.  

Por su parte, "Estrellas en la playa", era “un parche que empezó con 10 personas que íbamos a la playa a observar las estrellas, luego, la siguiente vez fueron 50 y ahora es la congregación de entusiastas observadores del cielo más grande a nivel nacional, en ocasiones se reúnen cerca de 3.000 o 4.000 personas llegan a la playa con la excusa que puede suponer ese espectáculo natural sin que se les cobre un solo peso”. 

Con el advenimiento de la pandemia, este año, se ha estimulado el aprendizaje virtual, se realizan guías a través de distintos encuentros en la web que permiten mantener el interés captado en los jóvenes hacia la ciencia, la tecnología y la astronomía. 

 

 

 

 

 

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