¿De qué va el rechazo a Boiler Room en Colombia?
La marca Boiler Room, fundada en 2010, es reconocida por ser una plataforma de difusión para DJs y productores del underground global.
Durante años, ha cumplido un papel invaluable difundiendo músicas autóctonas de todo el mundo; su propuesta visual es fresca y aunque muestra la fiesta cruda, cuida los detalles de cada sesión. Ha sido el canon visual para la creación de muchos proyectos de difusión que ahora circulan por YouTube con éxito.
Pero la credibilidad y el compromiso del Boiler Room con las culturas locales ha sido cuestionada recientemente. Diferentes colectivos del mundo han querido mostrar la otra cara de la moneda: la de los propietarios de la marca Boiler Room.
El movimiento Boycott Boiler Room Lisbon señaló en octubre de 2025 que la plataforma representa “la asimilación de la cultura rave al ser un proyecto corporativista y extractivista”.
“Nuestro boicot es una fiesta que es un boicot. Boicoteamos Boiler Room por necesidad. Por favor, no nos pidan que dejemos de politizar la cultura cuando la cultura es política”.
Esto lo dijo el colectivo en un manifiesto en el que también rechazan la participación de la compañía KKR en la plataforma.
En enero de 2025, la tiquetera DICE vendió Boiler Room a Superstruct Entertainment, que posteriormente fue adquirida por KKR en junio de 2025.
KKR es un fondo de inversiones que tiene, además, inversiones en defensa, armas y empresas en territorios palestinos ocupados, lo que ha llevado a acusaciones de que las ganancias de Boiler Room apoyan indirectamente el militarismo israelí.
Su crítica no solo apunta a la relación con el genocidio palestino, sino también a la presencia del fondo en negocios de ciberseguridad y vigilancia a través de la compañía GTR.
Boycott Boiler Room Lisbon señala sin rodeos que “esta es una marca global que se alimenta de una cultura para vender una idea vacía de lo que esta representa. A eso lo llamamos lavado deslumbrante: la apropiación de una cultura que nació como resistencia y que ahora se utiliza como marca”.
Plantean, además, un punto razonable sobre la apropiación cultural y la responsabilidad que conlleva su visibilidad: “Son cómplices de estructuras coloniales en un intento de limpiar su imagen usando la cultura. Los raves nacieron para romper fronteras, no para legitimar sistemas de opresión”.
Incluso han señalado que la marca se beneficia de la gentrificación al convertir espacios libres en “vitrinas corporativas, cuerpos en productos y luchas en estética. Queremos devolver a la pista de baile su significado político y afectivo”. Esta afirmación cobra fuerza si se tiene en cuenta que KKR también participa en el mercado de la especulación financiera inmobiliaria global.
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Sintiendo el golpe
Desde hace varios meses, la legitimidad de Boiler Room se ha visto afectada por el movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS), una iniciativa que articula a artistas de diversos géneros en rechazo a la ocupación israelí y al genocidio. Así lo señaló Praxis Archives en octubre, mencionando la circulación de un documento interno de la dirección de Boiler Room hacia sus promotores.
En dicho texto se advierte sobre las “preocupaciones por una creciente campaña de boicot”, lo que los motiva a “alinearse con las fuerzas policiales locales”.
En pocas palabras, tras los episodios vividos en Toronto y Róterdam, Boiler Room orientó que, ante cualquier protesta y en articulación directa con la policía de cada ciudad, se interviniera para reprimir.
Más sobre KKR y Boiler Room
Los colectivos han dicho que no se trata solo de un boicot contra Boiler Room, sino esencialmente contra KKR y la figura de Superstruct Entertainment, firma adquirida por el fondo en 2024.
Según indicó Laia Marsal en el portal Rockdelux, KKR ha adquirido más de 80 festivales en todo el mundo a través de Superstruct Entertainment, entre los que se encuentran el Sónar Barcelona, Field Day y Wacken Open Air. La pregunta obvia es cuál es la ganancia buscada, más allá del rédito económico que implica la industria global del entretenimiento.
Para Marsal, esto se debe a que “la cultura, el arte y la música se han convertido en espacios donde el capital de guerra proyecta una imagen amable y despolitizada, que desactiva la crítica y fragmenta la resistencia”.
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Colombia y su papel global pro-Palestina
Colombia ha sido punta de lanza en la defensa diplomática del pueblo palestino. En espacios institucionales y de movilización social, el país ha liderado el llamado a defender la vida.
Y por supuesto que en Colombia hubo gestos solidarios del público de Boiler Room con el pueblo palestino en la edición del Boiler Room del 18 de diciembre en Bogotá, realizada en Video Club.
En la fila del evento entregaron información para que la gente conociera de la relación de la marca con KKR.
Incluso en medio de la fiesta, algunos asistentes mostraron su solidaridad alzando pancartas. Además, DJs y artistas emergentes señalaron en redes sociales su rechazo.
Alertar sobre la controversia de realizar una sesión de Boiler Room en Bogotá y exponer los puntos de vista sobre este hecho es, más que una opción, una responsabilidad.
Al fin y al cabo, como señala el manifiesto de Lisboa:
“Creemos en una comunidad que elige conocer, cuestionar y actuar conscientemente”.
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