Bichacue Yath: la reserva custodiada por duendes y hadas en el Valle del Cauca

¿Buscan lugares mágicos? Bichacue Yath les encantará, una reserva natural con esculturas hechas gnomos, duendes y hadas.

Si Macondo, el lugar fantástico que Gabriel García Márquez inventó para darles vida a los personajes de Cien años de soledad, pudiera cobrar vida en un lugar cercano al territorio vallecaucano, se ubicaría en Bichacue Yath, un espacio diseñado para darle paz y tranquilidad a la imaginación de quienes visitan el sitio cargado de caminitos verdes. Una reserva natural fantástica.

45 minutos dura el recorrido desde Cali hasta la región de La Leonera, corregimiento donde queda el santuario de musgo, aves de cientos de colores, hadas, pixies, gnomos y duendes que se esconden entre los matorrales de la zona mágica de este sector del Valle.

Quienes visitan el terreno de 3.000 metros cuadrados se podrán encontrar con extraños personajes míticos de diferentes tamaños hechos a base de arcilla y musgo. Curiosos, amantes de la naturaleza, niños y jóvenes son sobre todo los que entran a dicha zona donde abunda el agua, el verde húmedo junto a varias fuentes para aprender a soñar con las hadas, los duendes traviesos y los guardianes de este lote que muchos consideran como sagrado.

La idea de poner a las enigmáticas y maravillosas criaturas de musgo entre la vegetación tupida de este lugar, parte de la imaginación de las personas que lo habitan para aprender a contar historias y vibrar con la naturaleza, el olor a barro y los verdes chillones que se desprenden de los árboles.

Precisamente los responsables de darles vida a las hadas y los duendes han querido acercarse a la madre monte y hojarras, quines con los que esperan dejan un mensaje de sensibilización ecológica y ambiental.

Bichacue Yath significa “Santuario de aves” en el dialecto paez, y es un área dedicada a la educación ambiental con proyectos para la recuperación de musgos, tratamiento adecuado de fuentes hídricas y avistamiento de aves que pretende hacer que las nuevas generaciones se enamoren de este aprendizaje debajo de los árboles.

Cuando se animen a visitar el espacio, serán recibidos por un ritual de bienvenida que se genera a través del sonido del cuerno de una vaca que indica que su recorrido y sensibilización por la naturaleza está por comenzar.

Durante el recorrido -que puede durar hasta tres horas- los visitantes pueden encontrarse con puentes de guadua que flotan sobre la corriente pesada del río, encantos verdes hechos árboles ancestrales o notables que cautivan las miradas de los niños, las figuras mágicas reposadas a lo largo del trayecto por invitan a todos los visitantes para que sigan creyendo en la magia de la naturaleza.

El lugar es un sitio de experiencias sensoriales para retornar así a raíces de nuestra tierra. Por ello, cuando quieran un plan diferente por fuera de la Sucursal de cielo, déjense llevar por los sonidos, los cuentos y los duendes escondidos en este lugar hecho a la medida de la imaginación y la creatividad.

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