‘Que vayan y lo cuenten’: Motherflowers mezcla Caribe, rap y folclor venezolano en su nuevo álbum
La agrupación integrada por Irepelusa, Veztalone y Frank Lucas presentó su nuevo álbum Que vayan y lo cuenten, un verdadero despliegue de sonidos latinos y caribeños con la impronta venezolana a flor de piel. Gaitas, cumbias, boleros, entre otros géneros, atraviesan esta declaración de amor a la tierra en la que nacieron y también al amor mismo.
Con colaboraciones que van desde L-Gante con su RKT Cumbia 420 hasta el sonido más romántico de Cardellino, lo nuevo de Motherflowers está a la altura de su identidad sonora. Una propuesta que bebe del rap, pero que está hecha, sin duda, desde Venezuela y desde una búsqueda musical que dialoga con distintos géneros de la región.
Los 16 tracks de Que vayan y lo cuenten llevan al público por una construcción profundamente colectiva. Veztalone explicó a Radiónica que buena parte del proceso creativo partió de una decisión consciente de desaprender lo que ya sabían del estudio y permitirse experimentar con libertad.
Pintar con sonidos, la invitación de Motherflowers
Veztalone mencionó a Radiónica en qué consistió el proceso creativo del álbum: “Entrábamos al estudio sin referencias, sin nada. Escuchábamos unos acordes y desde ahí empezábamos a construir lo que fuera. Por eso en canciones como Mi casita puedes sentirte de repente en un bolero, luego en una bachata y después no sabes si estás escuchando hip hop, chachachá o algo distinto”.
Para el músico, ese juego constante fue el que terminó dando forma al sonido del álbum. Según explica, las canciones se fueron construyendo como si fueran capas que entraban y salían en tiempo real dentro del estudio: “Lo que hacíamos era ir coloreando la canción. Ahora ponle esto, ahora quítale aquello, ahora quítale todo. Ese fue realmente nuestro proceso de construcción musical. Jugábamos mucho en el estudio y queríamos que la gente, cuando escuchara el álbum, pudiera conectar con todas esas pequeñas locuras que fuimos agregando”, afirmó.
Esa misma lógica se convierte también en una invitación para quien escucha el disco. Para Veztalone, el álbum funciona como un viaje que pide ser recorrido sin demasiadas preguntas: “Es como decirle al oyente ‘entrégate al viaje. Ven, escucha esto tal como es. No cuestiones demasiado lo que está pasando, solo déjate llevar’. Incluso hay una voz al final del álbum que dice que tenemos tres días para hacer lo que queramos. Ese es el espíritu del disco. Aquí puede pasar cualquier cosa”.
El artista también explicó que la banda busca romper la distancia entre el escenario y el público. La idea es que quien escuche el álbum sienta que también hace parte del proyecto: “Queremos que la gente sienta que también está dentro. Que en el concierto pueda saltar, moverse, ser parte del show, como si también fuera un flower. Que sienta que también pertenece a la banda”, señaló.

De ahí surge también el sentido del título del álbum. Para el músico, Que vayan y lo cuenten tiene que ver con el momento en que la música deja de ser solo de quienes la crearon y empieza a circular entre quienes la escuchan: “Cuando la obra sale ya no es solo nuestra, también es de ustedes. La música pertenece tanto al público como a quienes la creamos. Por eso sentimos que nuestros oyentes son embajadores, no simplemente fanáticos”.
Esa idea también conecta con el lugar desde el que crean. El grupo entiende su música como una forma de representar su contexto cultural sin perder de vista que sus canciones circulan hoy en un escenario mucho más amplio: “Las canciones las hacemos pensando en esas personas que ven el mundo como nosotros. Queremos representar nuestra esquina, nuestra jerga, nuestra cultura, pero hacerlo entendiendo que esta obra también pertenece al mundo y representa un pedazo de él”, aseguró.
Que viva Venezuela en esta mi*rda, caballero
En medio de esa conversación, Veztalone también se refirió al momento que vive la música venezolana en la región. A su juicio, se trata de un movimiento que ha ganado visibilidad en Latinoamérica y que ha obligado a muchos artistas a crecer muy rápido.
Para él, “la música venezolana está ocupando muchos espacios y se ha convertido en un movimiento muy fuerte en Latinoamérica y en el mundo. A nosotros nos tocó aprender muchísimo en muy poco tiempo. Cosas que tal vez se aprenden en cuarenta años, nosotros tuvimos que aprenderlas en tres”.
Ese proceso también incluyó encuentros inesperados con músicos tradicionales. El álbum, de hecho, recoge algunas de esas experiencias: “Hay canciones que están intervenidas por folcloristas de la isla de Margarita. Los conocimos en un toque, nos quedamos escuchando su sonido, grabamos notas de voz y pensamos que en algún momento íbamos a hacer algo con eso. Cuando empezamos a cerrar el álbum los llamamos y les dijimos que queríamos que participaran con voces, percusión y tambores”.
Las colaboraciones
Frank Lucas destacó que las colaboraciones del álbum surgieron de manera orgánica, sin una planificación rígida. Según explicó, la mayoría aparecieron de forma natural durante la creación: “Al final se sumaron muchos artistas, pero ninguna colaboración fue pensada desde el principio. Todas aparecieron de forma muy natural. Nosotros siempre dejamos que la música hable primero y que todo lo demás llegue después”.
Canciones, historias y afectos dentro del disco
Más allá de las colaboraciones, el álbum también guarda historias personales dentro de varias de sus canciones. Al respecto, Irepelusa habló sobre uno de los temas del disco y cómo su percepción sobre él cambió con el tiempo. Según contó, la canción nació principalmente de una idea de Frank Lucas y de la libertad con la que la banda suele moverse entre distintos géneros musicales: “Nos encanta la versatilidad y viajar entre estilos. Este bolero tiene un significado mucho más profundo de lo que uno podría imaginar”, dijo.
La artista también confesó que al principio no era una de las canciones que más le convencían dentro del álbum, aunque con el tiempo terminó convirtiéndose en una de las más especiales: “Dato curioso: fue una de las que menos me convencía al comienzo. Pero cuando la escuchas ya terminada y sobre todo cuando la cantas en vivo, te das cuenta de que conecta. Ahí aparece la magia”.
Para Irepelusa, esa mezcla de sonidos también refleja el momento que vive la banda. Los integrantes están en distintos países y eso inevitablemente se cuela en las influencias del disco: “Nosotros ya somos ciudadanos del mundo. Ahora mismo estamos en Bogotá, Veztalone está en Buenos Aires. Es bonito que el disco tenga influencias de distintos lugares de Latinoamérica, pero que aun así se sienta profundamente venezolano. A mí me encanta representar a mi país desde ahí”.
Frank Lucas también habló sobre el lugar que ocupa Motherflowers dentro de su proceso creativo. El músico explicó que el proyecto funciona como un espacio central para explorar distintas búsquedas musicales: “Motherflowers es probablemente mi proyecto principal, incluso más que mi proyecto solista. Es el lugar donde puedo traer muchas de las cosas que hacen parte de mi mundo musical. Yo vengo del hip hop, pero siempre he tenido una relación muy fuerte con la música folclórica latinoamericana”.
Una de esas búsquedas se materializa en Infierno favorito, una canción que escribió hace algunos años y que tiene una historia muy personal detrás: “La escribí más o menos entre 2021 y 2022 y está dedicada a mis dos compañeros de banda. En ese momento estábamos atravesando una situación bastante particular y pensé mucho en lo que significa trabajar y crear juntos”.
El resultado terminó siendo una declaración afectiva hacia sus compañeros de proyecto: “Les dije que eran mi infierno favorito. No muchas personas pueden decir que su entorno de trabajo es así, pero para mí ellos lo son. Esa canción nació de ahí”.
El álbum, sin embargo, también encuentra uno de sus momentos más reveladores en Mi casita, una canción que resume bien la lógica sonora del disco. Entre cambios de ritmo y guiños a distintos géneros del Caribe y de América Latina, el tema funciona como una síntesis del viaje musical que propone Que vayan y lo cuenten. Un track que pasa del bolero a la bachata y del hip hop al chachachá sin pedir permiso. En el universo de Motherflowers, las fronteras musicales están hechas precisamente para cruzarse.