La improvisación sonora de Quebrada y Chen

Así nació un álbum que sumerge el cerebro a un diálogo de texturas.

En el año 2018, el colombiano Carlos Quebrada, y trece personas más, llegaron al condado de Columbia, Nueva York, a los terrenos de Art OMI, un centro artístico sin ánimo de lucro con cinco residencias para artistas, escritores, arquitectos, músicos y bailarines. Más de 2.000 creadores, de más de 100 países, han llegado a este lugar para dar vida a lo que se ha convertido en una comunidad de trabajo diversa y que continuamente empuja los horizontes de la creatividad. 

“OMI es probablemente de las únicas residencias musicales del mundo que no cobran por aplicar, y cubren todos los gastos para poder propiciar un ambiente ideal, que permite a músicos de diferentes procedencias encontrarse y generar obra”, cuenta Quebrada. Y es que este centro parte del principio de que la expresión artística trasciende las fronteras económicas, políticas y culturales. Por eso también sus eventos y terrenos se puede disfrutar de forma gratuita.

Fue ahí, en los paisajes del valle de Hudson, donde Quebrada empezó a trabajar con Audrey Chen, quien ya había participado de la residencia en el año 2009 y que ese año había sido convocada para cumplir también un rol organizativo. “Audrey y yo arrancamos a trabajar, no solo desde encuentros de improvisación, sino porque yo dediqué gran parte de la residencia en componer unas obras gráficas para dos voces amplificadas, en las que también estaba la vocalista de Baltimore Bonnie Lander”. La exploración llevó al encuentro estético y este a un álbum a dúo que vio la luz en mayo de este 2020.

Nacida en Chicago en 1976, en una familia de científicos, médicos e ingenieros de materiales, Audrey Chen pertenece a una segunda generación de músicos chinos-taiwaneses-estadounidenses. Empezó a tocar violonchelo a los 8 años y luego, desde los 11 años, se dedicó a educar su voz. En el recorrido por encontrar una estética más individual y honesta, utilizando la voz no procesada, el cello y la electrónica analógica, fue llegando a una narrativa no lineal que unía esos elementos en un singular lenguaje personal extático.

Además, Chen ha trabajado con varios artistas como el vocalista y trompetista de jazz Phil Minton; el intérprete de música electrónica improvisada Richard Scott; el trombonista Henrik Munkeby Nørstebø; el artista sonoro Julien Desprez; entre muchos otros. Sus proyectos la han llevado por países como Rusia, Ucrania, Turquía, Australia, Nueva Zelanda, China, Japón, Taiwán, Brasil, Argentina, Ecuador, Canadá o Estados Unidos.

Desde que se radicó en Buenos Aires en 2009, Carlos E. Quebrada Vásquez (1991) se ha convertido en una figura relevante en la música creativa contemporánea argentina y colombiana. Como líder y compositor del grupo Sales de Baño ha buscado expandir los lenguajes del jazz, e incorporar elementos del rock experimental, de la música contemporánea y de la libre improvisación. Una búsqueda que lo ha llevado por eventos como el Festival de  jazz de Buenos Aires, el festival de jazz ICPNA, el Festival de jazz de Lima o el Festival de música nueva de Montevideo. 

En 2015 ganó el premio a la mejor composición musical para atajos en el festival internacional de cine de Bogotá "Bogoshorts" con la película Becerra. Ha trabajado con ensambles como Scelci Dúo, Ensamble Fractura o Nicotina es Primavera. Y ha colaborado con músicos Marta Gómez, Nicolás Ospina, Nikolaus Neuser, Violeta García, Weasel Walter, Andrés Gualdrón, Benjamin Calais, entre otros. Actualmente co dirige el sello de música nueva e improvisación TVL REC, que ya tiene un catálogo que supera los cuarenta álbumes de artistas latinoamericanos. 

“Yo conocía la trayectoria de Audrey y ya era un referente”, cuenta Quebrada. Fueron tres semanas en las que desarrollaron una conexión musical mediante intensas exploraciones de técnicas extendidas. “El descubrimiento de un umbral donde lo visceral y lo maquinal se han vuelto uno”, explica el colombiano. 

El álbum, que lleva por nombre Audrey Chen / Carlos Quebrada, salió de una de las sesiones de improvisación, de la cual eligieron luego el material. “En Todos los encuentros, tocábamos e íbamos moldeando el material, esto iba mejorando de sesión en sesión”. Se fue logrando así una narrativa profundamente sensible, donde los sonidos sucedían por la reacción o la interacción del material del otro, logrando construir vectores de intensidad a partir del diálogo. “Este tipo de improvisación requiere de encontrar el eje de la interacción en la vigilia del otro”, explica Quebrada. El resultado son siete pistas vertiginosas, dinámicas, ricas en textura y exploración sonora. 

El proyecto salió con Buh Records de Perú, uno de los sellos más importantes de música experimental latinoamericana, con un peso internacional, y que se ha convertido en una vitrina tanto para proyectos actuales como de la historia del arte sonoro y la música experimental Sudamericana. “Esto además fortalece los lazos con la escena limeña, con la que de alguna manera en los últimos años he estado en contacto, tocando en festivales, gestionando eventos y es un vínculo que me interesa”, explica Carlos. 

Además de estar disponible de forma digital en Bandcamp, también sacaron algunas copias en cassette, un formato que para el músico colombiano se adapta muy bien a la realidad de la música experimental: “El cassette es económico y duradero, un objeto hermoso, hasta hackeable, que es un valor añadido”. No dude en sumergirse en este viaje sonoro. 

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