Cinco momentos que marcaron la historia de Superlitio

Repasamos algunos sucesos que fueron punto de inflexión para una de las bandas alternativas más importantes del país.

Para Superlitio el camino no ha sido recto. Hijos orgullosos de Cali, representantes de su retumbe y sabor, la agrupación colombiana ha sabido caminar en medio de lo imprevisible del destino. Han leído sus diferentes momentos, seguido su instinto como artistas, siempre manteniendo la conexión con su público y el poder de su acto en vivo. 

Ya son más de 500 conciertos en su carrera. Ya son muchos los escenarios que han pisado en países como Colombia, Estados Unidos, Puerto Rico, México o Panamá. Ya hay un camino valioso sobre el cual mirar atrás. En Radiónica repasamos cinco momentos que, de una u otra manera, redefinieron el tumbao de una banda que ha sido clave, por no decir esencial, dentro de la música alternativa colombiana. 

Que sea viernes otra vez. 

 

Plaza Sésamo

1280 Almas, Aterciopelados, La Pestilencia; era la década del 90 y, mientras una generación ya hacía historia dentro del rock nacional, nuevos nombres se preparaban para alimentar la escena. Bandas como Ultrágeno, Pornomotora o Superlitio irrumpían en los escenarios de sus respectivas ciudades. 

También para estos años el bar Plaza Sésamo abría sus puertas en Cali. Un pequeño sótano que, junto con sus andenes alrededor, se convirtió en un lugar de peregrinaje para quienes daban vida al emergente rock de esa ciudad. La ola que ya reventaba en ciudades como Medellín y Bogotá llegaba a la capital del Valle del Cauca. 

En 1996, integrantes de diversas bandas independientes de la Sultana formaron Superlitio: Pedro Reverting (bajo), Alejandro Lozano (guitarra), Salvatory Aguilera (batería), Pipe Bravo (teclados) y Mauricio Campo (vocalista)  fueron la primera alineación.​ Después de la salida de Salvatory Aguilera, entra a ocupar su lugar Armando Gonzales y Dino Leandro Agudelo Quintero en las máquinas y programaciones. 

Plaza Sésamo fue un espacio germinal para Superlitio. Desde un principio, cada golpe sonoro que dieron fue preciso, y en este lugar el público caleño les hizo eco. En estos años, con sus acordes, riffs y compases, nutridos de rock, de funk, de dub, de hip hop, salió el material de sus dos primeros discos: "Marciana" (1997), uno muy fiestero, y "Sonido Mostaza" (1999), con un sonido un poco más venenoso. Ambos fueron editados por Resaca Records, un sello independiente creado en Cali por Javier Arias y Germán Ocampo. 

La cosa se creció rápidamente. La banda movió estos dos trabajos por otras ciudades como Bogotá, Medellín, Manizales, Pereira o Popayán, y compartió escenario con Molotov, Babasónicos, Jaguares y Café Tacvba. También se presentaron en un Rock al Parque, donde lograron levantar y poner de fiesta a un público que había quedado con la cara larga luego de que Robi Draco Rosa se bajara del escenario tras tocar solo seis canciones. Era la banda alternativa que faltaba en el rompecabezas. 

 

Tripping Tropicana

Llegó el ocaso del Plaza Sésamo, la banda ya conquistaba otros horizontes y viajó a Estados Unidos para grabar su próximo álbum, “Tripping Tropicana” (2003). Con el tacto mágico de Tweety González -el cuarto Soda- en la producción, la banda se preparaba para seguir llegando a nuevos territorios. En el disco estaba el feeling de la salsa, el son y la energía tropical de su ciudad natal mezclada con funk, trip hop y rock. Con canciones como "Perdóname", "Mulata" o "Mala Hierba", lograban un sonido fresco y suelto que marcaba tendencia en el continente con bandas como Plastilina Mosh, Los Amigos Invisibles e Illya Kuryaki.

Lo grabaron en Los Ángeles y fueron incluso nominados a un Grammy Latino con “Qué vo’ hacer”. Todo salía según el plan, pero problemas con la disquera llevarían que el disco no viera la luz en varios lugares del mundo, incluyendo Colombia. Fueron casi seis años de una batalla legal que le enredó la vida a la agrupación caleña. Su público, sin embargo, lo pidió por internet, lo quemó y lo pasó de unas manos a otras. Al final, “Tripping Tropicana” se convirtió en una gema de la música nacional. 

Pero el proceso creativo durante estos años se vio truncado entre tanto conflicto legal. Fue la canción "Perro come perro", banda sonora de la película que llevó el mismo nombre, dirigida por Carlos Moreno, y que vio la luz en 2007, que revitalizó el grupo y los motivó a crear algo nuevo. 

Tenían composiciones que habían hecho por separado, sin una conceptualización y sin tener claro con quién querían trabajar en la nueva etapa. Canalizaron su energía y, decidieron que lo mejor era ser independientes, tener el control de los tiempos, de la música, de la difusión. Tomar las riendas nuevamente y abrazar su esencia. 

 

Estereo Picnic 2010

Para el primer Estéreo Picnic, en 2010, sin más anuncios que una publicación en Facebook, Superlitio salió a tocar en el festival bogotano con Pipe Bravo -antes segunda voz- como vocalista principal. Hubo todo tipo de respuestas ante la novedad pero, más allá de la volatil opinión pública, era claro que se trataba de un nuevo comienzo para la banda.

Poco más de cinco años después del "Tripping Tropicana" Superlitio regresó con "Calidosound" (2009). Mauricio, el primer vocalista, salió de la banda, lo que llevó a que Pipe asumiera ese rol. Fue un punto de quiebre, catalizado por situaciones al interior del grupo, que además significó el fin de una década detrás del imaginario de ser rockstars. Giraron el timón y se fueron por un proyecto que grabaron en Cali de manera más orgánica, que liberaron luego en plataformas digitales con el fin de acercarse a nuevos oídos.

Decidieron trabajar con Rafa Sardina, que ha participado en proyectos de artistas como Mariah Carey, Sheryl Crow o Shakira. "Calidosound" mostró su cara más acústica, donde son ellos quienes resuelven mucho de lo que antes hacían con máquinas, logrando un tono íntimo en el resultado final. 

Las dudas del público poco a poco se fueron disipando. Y con el tiempo llegaría  el "Sultana Vol. I: Manual psicodélico del ritmo" (2011), donde le cantan con sabor, nostalgia y contundencia a Cali -ciudad que igual siempre está presente en su música-. En el 2013 fueron escogidos para ser los teloneros del concierto de The Cure en Bogotá. 

 

El reencuentro con Tweety González 

Su amistad con el argentino Tweety González los llevó a trabajar de nuevo con él. Nace así “Nocturna” (2014), un disco con la intención de que Superlitio volviera a seducir oídos más allá de la frontera. Vuelve y oscila  entre las habituales baladas, riffs rockeros con toques electrónicos y efectos atmosféricos, pero lo hace de manera más introspectiva, alimentada por un piano que ocupa momentos clave y con letras reflexivas. Una vez más querían estrechar su relación con la gente.

Con sencillos como “Colmillos”  o “Alma En Pedazos”, Superlitio dejó claro que en esta ocasión su búsqueda no era retratar un lugar en particular, como sucedió con su anterior disco. Y ese tono introspectivo, logrado con composiciones divertidas, profundas y bien escritas, nos llevaron a la noche pero no a la oscuridad. Su música alterna entre lo melancólico y lo extraño, es también más misterioso que rumbero. Y si bien no era la primera vez que la banda exploraba este camino, sí era la primera vez que se metían de lleno. Al repetir canción tras canción se vuelve un disco casi mántrico. Todo, además, acompañado con el arte de Armando "Malo" Mesías.

Una de las canciones de "Nocturna" fue incluida en la banda sonora de la película ¡Que viva la música!, dirigida también Carlos Moreno, en la cual el director adaptó para la pantalla grande la obra más importante de su coterráneo, el escritor Andrés Caicedo.

“Nocturna” terminó siendo una licencia que se tomó Superlitio antes de continuar con su descarga de ritmos latinos presente el "Sultana: Manual Psicodélico del Ritmo, Vol 1" (2011).

 

Los 20 años en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo

El viernes 24 de noviembre de 2017, en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, Superlitio celebró sus 20 años. Para hacerlo lanzaron “Sultana: bailando en la revolución, vol. 2” (2013). Para sus integrantes se trató del material más cuidado y refinado que habían producido hasta entonces. Habían logrado condensar en un álbum su carrera musical y su sonido.

El disco, producido por Richard Blair, fue cocinado con paciencia. Compusieron en Cali y lo grabaron en el estudio de Árbol Naranja en Bogotá. Todo el viaje sonoro está hilado por conectores orgánicos y electrónicos que combinan sonidos de la naturaleza -muchos de ellos son del Río Pance o de varias partes del Valle del Cauca-. También incluyeron una de las únicas entrevistas que hizo Andrés Caicedo sobre música, convirtiéndola en una suerte de sample y de documento histórico a la vez.

Contaron además con la colaboración de músicos como Vicente García y Catalina García (Monsieur Periné). Con el primero se acercaron al caribe con “Camagüey”; con la segunda aprovecharon su dulce voz para “Desierto perfecto”. El arte del disco rememoraba la iconografía de los años 80 y terminaba de conectar el concepto del álbum a través de fotografías, muchas de ellas al aire libre. La distribución del disco estuvo a cargo de Sony Music Colombia.

El grupo en la actualidad está integrado por Pedro Rovetto (Bajo), Pipe Bravo (Teclas, guitarra y voz), Alejandro Lozano (Guitarra líder) y Armando González (Batería). Con deseo de seguir rodando el motor, ya son ocho álbumes y una memoria sonora que los convierte en una de las bandas más importantes de la música alternativa en Latinoamérica.

 

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