Carta de despedida a un maestro: larga vida al Dr. Rock

Un sentido homenaje a una leyenda.

En los tempranos años setenta, en Bogotá hacía eco la Radio Latina, una emisora que se escuchaba a través de la Radio FM. Mi tía especialmente solía escuchar un programa llamado ‘Aquí desde la madre tierra’, donde estaba Gustavo Arenas, el Dr. Rock, y el también fallecido Edgar Restrepo Caro. Ahora, haciendo el recuento me doy cuenta que llevo aproximadamente 40 años escuchando su voz. 

En 1988 regresé a Bogotá tras haber estado ocho años en Los Ángeles. El primer lugar al que iba después de aterrizar era a la casa de mi padre, vivía en la 19 con 4, en el Edificio Sabana. No puedo olvidar que lo primero que vi cuando abrí la puerta del taxi fue un almacén llamado Rock-ola, su interior lo adornaba un poster de Metallica.  Yo que venía de la capital del metal, donde teníamos toda la música y todos los afiches, no pude evitar sentirme absolutamente sorprendido por encontrar una tienda de alto calibre de heavy metal. 

Yo no tenía ni idea que su propietario era Gustavo Arenas, pero la sorpresa fue mayor al encontrar que mi padre tenía un nuevo vecino que ya era su amigo. Sí, el mismo Dr. Rock, quien resultó ser amigo de mi padre antes que yo. 

Tuve el placer de conocer a Gladys su esposa, a Aladino y Alí, sus hijos; entablamos una gran amistad que se resumía en comidas en su casa, en charlas extensas, en videos de rock and roll, que en esa época y debido a los pocos conciertos que habían en Colombia, llenaban esos vacíos por ver música en vivo. 

Imposible no recordar cuando se fundó Radioacktiva y a Gustavo le ofrecieron hacer un programa, él aceptó y lo bautizó ‘El show del Dr. Rock’. Lo ayudé a hacer los libretos y aún hoy conservo esas hojas originales. Yo era el profesor Metal y él el Dr. Rock, eso marcó mi comienzo en la radio rock de Colombia en 1989.

La vida continúo, mantuvimos contacto, pero también muchos espacios de no vernos. Hace meses, cuando reabrió Rock-ola, tuve el placer de ir a visitarlo, de conversar como solíamos hacerlo, de compartir música, de comprar vinilos. Luego, me enteré que estaba muy enfermo, así que volví a ese lugar que me llevó a él, el Edificio Sabana. Lo llamé a través del citófono, me contestó y me dijo que estaba muy enfermo, pero que esperaba verme pronto. Esa fue la última vez que hablamos.

Hoy, después de su partida, solo puedo decir que queda el legado en todos los que fuimos amigos de él, los que estuvimos en su almacén y escuchamos sus enseñanzas. Nos queda la obligación de poner en práctica todas esas lecciones, las de una leyenda, un pionero en la radio, en los almacenes de rock, en el movimiento hippie. Fue un maestro para todos los que somos rockeros. 

Larga vida al Dr. Rock. 

Para honrar el legado de un grande, hicimos un recuento de los homenajes que hacen sus amigos y segudiores en las redes sociales: 

 

 

 

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