Masacre: 31 años de death metal

Conversamos con Alex Oquendo, vocalista y fundador de Masacre.

El 8 de junio de 1988 nació un referente del metal colombiano y latinoamericano, una banda que ha girado por Estados Unidos, Centro América, Suramérica y Europa, un proyecto que ha denunciado y reflexionado sobre la guerra, la religión y las injusticias sociales; sus discos han sido prensados en Grecia, Japón y otros países; su música es una brutal descarga del descontento humano por la violencia, la clase política y las desigualdades; ellos son: ¡Masacre!  

A continuación, una charla con Alex Oquendo para hablar de la banda, sus anécdotas, sus temores escénicos y sus grandes dichas como artista. 

Oquendo, iniciemos yendo a la raíz que sostiene el árbol.  Desde el nombre de la banda hay una carga profunda y dramática: "Masacre".  Y a veces parece un lugar común y sobrentendido hablar sobre esos nombres pero en un contexto como el nuestro, cuando el año 1988 fue denominado por varios medios de comunicación como el año de las masacres,  ¿Qué tan conscientes fueron de esa elección?

Alex Oquendo: En 1988 yo me reúno con Antonio Montoya “Bullmetal” y Antonio Guerrero, ellos venían de un proyecto que era Agressor, una banda que cantaba algo oscuro, un poco más blasfemo y yo llegué donde ellos con una propuesta: 'Vamos a montar una banda de death metal, una banda que hable del metal de la muerte'; cuando les dije eso hacía referencia a un metal que enmarcaba toda esa realidad de Colombia; esa realidad que venía de una guerra constante del gobierno con el narcotráfico; la toma del Palacio de Justicia; cuando empezaron matanzas masivas en los barrios, cuando panfleteaban diciendo que no se podía salir a las esquinas porque habría una 'barrida', es decir, nos tocó una violencia real en un momento crucial de este país; y es ahí cuando yo creo que el arte está obligado a manifestarse y de alguna manera a narrar, ya sea con pintura, con poesía, con cuentos, con música o con letras pero narrar… la realidad que vive una nación. 

Así que para nosotros fue ese el compromiso, sentíamos que la violencia nos estaba tocando muy cerca y que nos estaba afectando, entonces pensamos que podíamos hacer esa interpretación de lo que sentíamos y vivíamos para de alguna manera dejar una huella, un precedente de lo que ocurría aquella época en Colombia. 

Ahora, es un poco disparatado pero pasa el tiempo y esa realidad de aquella época sigue presente, es una temática que para nosotros no se ha silenciado, es una temática que todos los días coge más fuerza; en esos días de los años 1988 o 1989 cuando escribí 'Brutales masacres', 'Cortejo fúnebre', 'Justicia ramera' o 'Tiempos de guerra', queríamos narrar esa época particular, pero lamentablemente se escribieron en ese tiempo y se volvieron proféticas, hoy son más actuales que nunca. Es como el mismo disco, como la misma realidad: 'Futuro nunca habrá, futuro nunca ha habido'. En definitiva teníamos que contar esa realidad, nosotros heredamos un país de violencia, vivimos en un país de violencia y le entregamos a nuestros hijos un país de violencia, no es lo que quisiéramos pero es una realidad. Por eso 'Masacre'.
 

Mencionaste el arte y su poder de sentar una postura frente a la realidad; en ese orden, la carátula del disco Reqviem de 1991 se da en pleno proceso de la Constitución de ese año en Colombia  y el arte del disco refleja el Senado Romano; a su vez, en la carátula del Sacro y en el arte del disco aparece la obra del autor Otto Dix llamada “The War”; en Total Death vemos a la muerte representada en un jinete que galopa hacia nosotros...  es decir, hay toda una mirada desde lo pictórico y artístico soportando la rabia y la angustia de cada álbum. ¿Cómo ha sido el ejercicio constante de Alex Oquendo en la conceptualización del arte de los discos?

Eso parte del primer momento, desde que bautizamos la banda como Masacre y luego el logotipo que creé donde la letra “C” es una especia de cuchilla que gotea sangre; el paso siguiente ha sido que toda la identidad gráfica tenga una relación con lo lírico y lo musical, porque nuestros discos se caracterizan por un gran contenido de fuerza y realismo, así según las líricas que compongo en cada disco, analizo qué es lo más común en las letras y a partir de ahí titulo los álbumes. El paso siguiente es concebir el arte y las carátulas, es un concepto global. 

Por ejemplo, Muerte verdadera muerte es un disco muy fuerte porque en la carátula aparece el escudo de Colombia donde se grafican esos tres colores tan afectados con un escudo que realmente no es el nuestro; a veces hay gente que se siente afectada por la imagen pero cuando lo miran en detalle y entienden el concepto, interpretan que la violencia también afecta los símbolos patrios, afecta a niños, jóvenes, en síntesis a toda una nación.

 

Hablemos de las búsquedas sonoras. ¿Cómo surge la idea de pasajes instrumentales que contrastan con la crudeza de la música de Masacre?

En muchos álbumes hemos incluido siempre un pasaje, una composición muy clásica, tal vez de guitarra o a veces con teclados pero dando esa paz, buscando un poco de remanso a toda esa tormenta que hacemos entre tema y tema.  Es una forma de darle un descanso al disco, un poco de respiro para tomar fuerzas y seguir con mucha brutalidad el tema siguiente. 

Por ejemplo, en el intro del disco Reqviem se trataba dar una despedida a los muertos.

 

 

 

En sus canciones Masacre maneja dos voces, ¿cuál es el rol de cada una?

Hay una que denuncia y hay otra que es como un azote que grita con desespero y rabia.

 

Conversemos ahora de amigos en la música, refirámonos a Kraken y Elkin Ramírez, ¿Cómo lo recuerda?

Elkin fue un batallador, un guerrero en todo que nos enseñó mucho, como persona y como amigo, como músico y hermano, y lo digo tal vez porque la amistad de nosotros era muy cercana, periódicamente hablábamos, nos preguntábamos "Cómo va todo", "Cómo sigue la banda", "En qué están ahora", "Cómo está la familia"… incluso varias veces nos recomendó en festivales. 

La primera vez que compartimos un escenario juntos fue en Venezuela y curiosamente nunca lo habíamos hecho en Colombia.  Desde ahí él me empezó a invitar a cantar algunas canciones, incluso me decía que la escogiera… en Medellín la primera vez que tocamos juntos fue en el Aeroparque y desde ahí siempre intentábamos encontrarnos, compartir y construir juntos. 

¿Qué lección le dejó Elkin Ramírez a la banda?

Lo que siempre me enseñó es que bajo ningún motivo debíamos vencernos, que no podíamos parar, me decía: "Esto es lo que escogimos para nuestra vida Alex, no hay tiempo de devolvernos, ya lo que está construido hay que fortalecerlo, sigamos adelante". Él me decía que él era el Titán y entonces le decía que yo era la chalupa del metal (risas)… nos reíamos mucho y de él aprendí la tenacidad y la fuerza.

 

Teniendo en cuenta los diversos cambios de alineación que ha tenido Masacre, ¿Cómo ha sido mantener el sonido y el concepto claro de la banda para que no se diluya?

Ha sido un concepto. Yo les digo a mis compañeros de banda: "¿se acuerdan cuando ustedes eran músicos y fanáticos de Masacre pero todavía  no integraban la banda? ¿Recuerdan cómo la percibían?  ¡Así quiero que la sigan viendo!". Eso les digo, que entren y lleguen con ideas pero que esos aportes sean para acoplarse al estilo y al sonido de Masacre, no para traer un sonido nuevo para darle otro rumbo a la banda, ¡No! La banda ha construido un estilo y un camino, una identidad, de hecho, hemos llegado con otras ideas que pueden afectar a la banda y eso nos ha llevado a crear otros proyectos paralelos.

 

En los textos de Masacre hay una clara dosis de poesía y un notable existencialismo. ¿Cómo ha sido la relación de Alex Oquendo con la literatura y otras artes?

Yo me he basado mucho en los poetas malditos, en todo ese caos existencialista y nihilista.

También hay otro tipo  de literatura como el libro ¿Dónde está la franja amarilla? de William Ospina donde esos textos en definitiva terminan hablando de la violencia que heredamos y a la que le hacemos el quite, que toma otras formas, nombre y bandos; una violencia con la que tal vez aprendimos a vivir, a respetar y a no tocar, además, tristemente –como ya dije- se la heredamos a nuestros hijos también…

 

Hagamos un ejercicio. Toda esa fuerza lírica y sonora llevémosla a los olores.  La música de Masacre me evoca el olor a pólvora y a sangre derramada, para vos y en forma de metáfora, ¿qué olor podría representar ese sonido y esas historias de la banda?

Para mí es como el olor de una tarde, tipo tres, una tarde húmeda, lluviosa, donde se siente cómo se levanta el olor del asfalto que se mezcla con flores; un olor como de incienso y entierro.

En efecto, eso fue lo que traté de escribir en la canción 'Cortejo fúnebre': ese funeral de la muerte donde se mezclan los olores de las flores del campo, del café, la muerte, de la pólvora, de la sangre, los pantanos, la miseria, el llanto, el desespero y de todo eso que le he escrito a Colombia a través de todos estos álbumes.

Hablemos ahora de las presentaciones. ¿Cuál ha sido uno de esos conciertos que más atesora y por qué?

Todos los conciertos tienen su emotividad. Después de más de 30 años (porque antes de Masacre toqué en otras bandas) siempre, siempre que me subo a un escenario tengo una emoción tal que estoy lleno de nervios, tiemblo, pienso que la voz no me va a salir, camino de un lado para otro; la gente me dice: “Yo no te creo que eso te pueda suceder”… Incluso el día anterior no duermo bien, sí, sucede… y creo que el día que se pierda esa emoción se perderá ese sentimiento que produce el estar ahí, subirse a un escenario, entregárselo todo a un público, ¡Eso no puede morir!

Uno de los momentos más emotivos como banda fue cuando compartimos con Slayer, eso fue el 14 de septiembre de 2006, haber estado ahí, compartiendo con la alineación original de Slayer que es la banda insignia creo que del metal, eso fue para nosotros muy emotivo, como también lo han sido cuando nos subimos al Maryland Deathfest, cuando tocamos al lado de Whitesnake, Twisted Sister, Queensrÿche… Me digo: “Yo nunca me imaginé estar acá”; pero cada que sucede me asombro, con frecuencia le expreso a la banda: “¿Muchachos, sí se dan cuenta dónde estamos y lo que hemos logrado? Esa emoción nunca puede morir”.

 

Profundicemos en esa historia con Tom Araya de Slayer en Bogotá, ¿Cómo fue esa escena?

Estábamos todos reunidos en el camerino con muchos amigos. En ese momento hicimos un círculo, empezamos a hablar y cuando menos pensamos mi hijo empezó a caminar justo antes de abrirle Slayer.

Estábamos ahí sentados cuando se apareció un man muy delgado, un poco acabado que llega y nos dice: “¿Oye, tienen comida acá?”.  Entonces yo pensé: “ehh… este man quién es, es c-o-m-o raro, no tiene pinta de ser de la organización”… ¡Era Dave Lombardo el baterista de Slayer que estaba buscando comida! Nos había hablado en español… Yo lo veía raro pero se me parecía a alguien y entonces les dije, “Muchachos… es Dave Lombardo”. De inmediato lo cogimos y le dijimos, “Lombardo, Lombardo”, lo abrazamos y le empezamos a decir cosas, entonces le pedí que cargara a mi hijo y él aceptó, ya después de todo le dimos los sanduches; el hombre quedó muy agradecido, tanto así que nos decía que no le dijéramos Dave si no David. Fue una persona muy sencilla y ese día empezamos una amistad muy bonita.

Ya luego, cuando terminó la presentación de Masacre nos dijo Nelson Varela (el manager que teníamos en ese entonces) que no hiciéramos bulla y que nos fuéramos por un ladito para conocer a Slayer. Yo arranqué despacito y toda esa corte de amigos luego apareció allá, ahí yo vi a Araya, ese momento nunca lo olvido, para mí fue un momento impresionante tenerlo de frente, poderlo abrazar…

El punto es que Araya siente esa emoción que uno puede irradiar, él se ríe como un demonio y como quien dice: “Yo sé lo que estás sintiendo pero eres de los míos”, ¡Fue algo brutal!, entonces me abrazó y yo le dije: “Nosotros somos la banda que acabó de tocar, de pronto pudiste escuchar”  y entonces me dijo: "¿Quién es el cantante?" Le respondí, “El cantante soy yo”. Acto seguido, me preguntó: "¿Y cómo haces para sacar esa voz?" Yo le respondí: “Usted cómo me dice eso, si usted es mi influencia, mi ídolo en el metal”.

 

Volvamos a los discos. Al escuchar los álbumes de Masacre uno encuentra muchas referencias a la religión tanto en frases de canciones como en títulos de las mismas, por ejemplo, 'Cortejo fúnebre', 'Pacto sagrado', 'Sepulcros en ruinas' y 'Pecados no perdonados', entre otras. ¿De dónde viene ese énfasis lírico con referencias a la religión? 

…(silencio) No lo había pensado pero ahora que lo considero, sí, cada letra tiene ese ingrediente un poco religioso.  

Yo creo que la religión me afectó mucho. Vengo de un hogar muy católico y estudié en el colegio Universidad Pontificia Bolivariana que también era por esa línea, incluso renuncié a ese colegio cuando ya había hecho toda la primera y el bachillerato. En 1984 -en quinto de bachillerato- estábamos estudiando Bull Metal y él llevaba nueve materias perdidas y yo siete, estábamos en el tercer periodo y le dije: “Ey, Mauro, yo creo que estamos acá perdiendo el  tiempo”. 

Cuando le dije eso ya éramos rebeldes y toda esa religión que nos estaban metiendo nos cansaba porque afuera percibíamos otro tipo de realidades; nosotros nos sentíamos agotados con los discursos de los curas cuando nos reunían en un patio a pleno sol a oír una misa, no lográbamos entender ni digerir esa situación; y ahí empezó a llegar esa música que nos inundaba y que hablaba un poco de esa blasfemia en contra de la religión, los curas, los dogmas, tantas cosas, y eso nos marcó mucho; al pasar el tiempo empezamos a leer y no a volvernos satánicos si no a tener un concepto más realista de lo que era la religión y de lo que representaba para nosotros. 

Con las letras es como si inconscientemente sacara toda esa rabia y ese odio que tengo un poco hacia esos dogmas.

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