Islas Atlánticas: cartografía sonora de pueblos invisibles

Con dos discos y dos vinilos, Islas Atlánticas nos invita a un viaje por futuros impensados.

“Más que una lectura será una conversación en la que intervendrán la luz, el agua, el viento que romperá las ramas de latón, las generaciones anteriores que construirán la pila, las que fabricarán el metal y la comunidad que hará vibrar el suelo del acantilado con los sonidos de los instrumentos y del golpeteo de las patas que bailan”.

Fragmento del texto de Isla Giróvaga

 

Dos islas surgen en medio de un nuevo archipiélago en el Océano Atlántico. Ambas, además de plantear nuevas cartografías, se transforman en el epicentro de una nueva historia humana: con sus migraciones, asentamientos, entrecruces culturales, símbolos, imágenes y sonidos. Este fue básicamente el proyecto ficcional emprendido por Julián Mayorga y Andrés Gualdrón en 2018, el cual fue lanzado en vivo en enero de este año en Bogotá. Hace pocos días el producto en físico vio la luz: dos libros y dos discos de 45 rpm, todo inserto en una fina caja gris y amarilla, en donde se plasma su interés primigenio, “un producto que trascendiera lo puramente sonoro y que permitiera poner en diálogo otros medios que también nos son cercanos. En mi caso la escritura y en el de Julián la escritura y la ilustración”, explicó Andrés a Radiónica.  

 

Los creadores

Como artista, Julián Mayorga surgió como parte de la escena tropicalista colombiana. Con su pop alternativo y experimental, el oriundo de Ibagué, Tolima, recogió elementos de la canción popular, la electrónica, el folclore colombiano y la psicodelia, y los empaquetó en temas surrealistas cargados de humor. Hoy reside en Madrid, y con su música ha pasado por festivales como Sónar Reykjavik (Islandia, 2018), Sónar Barcelona (España, 2017) y RBMA Montréal (Canadá, 2016), entre otros.

Por su parte, a Andrés Gualdrón lo conocimos primero como líder de Los Animales Blancos, proyecto ruidoso, de lírica delirante y corrosivos experimentos sonoros. Y luego como el cerebro detrás de Magallanes, que nos llevó a una particular inmersión en los ritmos tropicales desde lo sintético y electrónico. Gualdrón, profesor de historia de la música y escritor de artículos periodísticos para diversos medios, fue además el productor del disco debut de Jardín Láser y en 2012 participó en el proyecto discográfico Calidostopia!, grabado junto al legendario productor de electrónica experimental Markus Popp (Oval).

 

La Residencia

El proyecto Islas Atlánticas nació gracias al apoyo de Naves Matadero, un centro internacional de artes vivas en Madrid, y a la Fundación Siemens Stiftung, en el marco de un programa que une artistas residentes en España con artistas latinoamericanos. En un principio la idea de Mayorga y Gualdrón fue hacer una música "tradicional" de un pueblo inexistente. Luego decidieron localizar ese pueblo en el futuro y que todo fuera como una profecía. Así desarrollaron una historia a través de la cual buscaron plasmar ciertos cuestionamientos y abrir un debate sobre qué es lo "tradicional", y sobre cómo se concibe y se habla sobre "el otro" desde la academia y desde las etiquetas de mercado.

Andrés fue quien lanzó la idea de hacer un disco sobre unas islas ficcionales en el caribe, algo que había contemplado a la sazón de su proyecto Magallanes. “Cuando se me ocurrió en realidad sólo tenía un carácter poético y medio narrativo, pero después fue una plataforma bacana para hablar de otros territorios y latitudes no vinculadas a la cultura occidental”, explica Gualdrón. Julián, concibió el proyecto de esta manera y lo llevó a terreno de las lecturas decolonialistas. “En concreto para esto, estuve visitando mucho Silvia Rivera Cusicanqui y Adolfo Albán Achinte”, cuenta.

Las Islas

Cada uno trabajó en uno de los textos y así nacieron dos ficciones -Isla Girante e Isla Giróvaga- entrelazadas por una música teatral, que lleva a la penumbra de una selva imaginada y que apunta a su pulsación más esencial. Para Gualdrón en ambas se planta “una relación entre el sonido y el territorio, y pone el carácter ritual de estos elementos por encima de los mecanismos de difusión que funcionan hoy”.

Quizás por esto, Mayorga, en su narración, en la cual toma como referencia fundamental a su Tolima natal, hace un intento de volver la acción comunal más importante que la acción individual. “Generar la disolución de la categoría del músico, de la música y de las artes como una vaina que flota por encima de la comunidad y que es generada por unas pocos talentos. Yo quería destruir las artes y a los artistas, pero conservar las creatividades comunales,” explica. En definitiva, el producto en físico se convierte en un tiquete para viajar por mundos que no figuran en las representaciones más comunes del futuro.

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