"La crisis no llega por la Economía Naranja y la Economía Naranja no lleva a la crisis"

Hablamos con Catalina Ceballos sobre el papel de los artistas, el Gobierno, los medios de comunicación y la academia frente a la pandemia.

Con la llegada de la pandemia, fueron muchas las agendas culturales que tuvieron que cancelarse. En el sector se cierne una gran incertidumbre frente al presente y a los meses que se aproximan. Como bien manifestó la directora de la Maestría en Gestión de la Cultura de la Universidad EAN, Catalina Ceballos, en un texto para El Espectador, “El Covid-19 ha generado una problemática económica, política y social: las artes y la cultura son económicas, políticas y sociales”

Ceballos tiene una larga experiencia en el sector cultural y en medios de comuniación. Antropóloga de la Universidad de los Andes con una especialización en consecución de recursos de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, ha sido directora del portal web civico.com, subgerente de radio de RTVC y gerente de TV-Andina Canal Trece. 

En el citado artículo, Catalina Ceballos plantea algunas reflexiones y muchas preguntas frente a la coyuntura que vive el sector cultura que son necesarias poner sobre la mesa. Hablamos con ella con el fin de indagar en la manera como ella interpreta esta crisis, el papel de los artistas, del Gobierno, de los medios de comunicación y de la academia.

 

¿Cómo interpreta la reacción de los artistas frente a la cuarentena? 

Precisamente creo que es una reacción. No hay una acción en concreto esperando algún resultado sino que, como toda reacción, no tiene límites, no tiene unos objetivos específicos. Creo que proviene del hemisferio izquierdo y de la absoluta creatividad, sin mayor estrategia. La otra parte de la respuesta es que ha existido una reacción importante en el sentido de quererse asociar, de sentirse cohesionados, de reunir objetivos en común, de sentirse útiles intelectualmente, y creo que eso es más importante que la cantidad de contenido que están produciendo. Esto sin tener en cuenta políticas de economía digital, de impacto de públicos o de ingresos y regalías, que no está muy bien pensado. Pero la organización desde la sociedad civil sí ha sido un gran avance. 

 

En esos términos, ¿qué está sucediendo con esa idea de la gratuidad de la cultura y del trabajo del artista desde una perspectiva de fomentar una industria cultural?

No solo la gratuidad, que es un tema muy preocupante, sino la no formación de audiencias. Creo que nos están poniendo toques por streaming, estamos viendo a la gente cantar por un celular y solamente los que tienen una buena producción están logrando que el contenido llegue como es debido. Pero lo que es muy casero no está llegando con un buen sonido y eso me parece que lo que hace, de nuevo, es confirmar la precariedad del sector. Más allá del valor, tiene que ver con que las audiencias se van a acomodar a no volver a exigir calidad, a la que supuestamente llevamos años intentando entrenar a las ciudadanías: en entender qué es un buen show, un buen sonido, qué es una buena producción. Y en lugar de seguir haciéndolo gratuito, debería haber una reflexión alrededor de la economía digital en el país, una ley que permita apoyar en ese sentido.

 

¿Cómo lee el papel del Estado hasta el momento y qué retos debería asumir? 

Creo que el líder del sector, que es el Ministerio de Cultura, tiene una tarea enorme, sobre todo cuando decidió que su plan de gobierno se llamaba Economía Naranja, donde se tienen en cuentas las industrias culturales y creativas, pero se deja un poco al lado los otros procesos que ya venían de carácter más comunitario, más asociado a prácticas culturales y a tradiciones. Al Estado le corresponde un liderazgo importante en la articulación de lo que está pasando en las muchas secretarías y en las muchas gobernaciones. Y creo que debe ser transparente con el sector y formar las acciones, los impuestos, las tributaciones, las regalías, de tal manera que se pueda hacer un ejercicio de balance histórico de cuánto de verdad invierte el Estado en el sector. Los retos son terminar un censo donde se incluya tanto a los independientes como a los grandes empresarios, ese sería el primer paso. 

 

¿Qué lectura hace de la respuesta que ha tenido el Gobierno en esta crisis respecto al sector cultura? 

La crisis no llega por la Economía Naranja y la Economía Naranja no lleva a la crisis, el sector de la cultura históricamente ha sido un sector muy menospreciado. Y ahora, producto de la pandemia, es que llega a la superficie esa precariedad. La Economía Naranja se refiere solamente a unos sectores que no se estaban contabilizandos dentro de la cultura. Es la formalización de las industrias culturales y creativas. Los otros procesos culturales, de expresiones artísticas, que han estado por siglos en el país no han terminado y seguirán estando ahí. 

Ahora, ¿cuál es el balance de sus acciones? Creo que no ha habido acciones, pero también debo decir que no tienen el presupuesto. No es que no quieran, es que no tienen con qué. Entonces, el presupuesto y los cambios que se están haciendo son de carácter organizativo, de redistribución de los recursos y donde se está empezando a tener en cuenta las industrias creativas dentro de un proceso de tributación. Pero la verdad de las cosas es que el Ministerio no tiene un presupuesto interesante para asumir un riesgo de estos, o incluso soportar y cohesionar un sector que desde siempre ha sido muy pobre y que hasta ahorita es que va a ver todo lo que el Estado debe hacer para responder a las necesidades que se están viendo: desde los técnicos que trabajan en una consola de radio, hasta el músico independiente o los estudios de producción. Son demasiadas las personas que se están viendo impactadas y que seguramente no hacen parte de ese gran censo de personas que trabajan en las expresiones artísticas. Y ni hablar de las comunidades, es decir, qué pasa con los artistas de Puerto Tejada, ¿están o no están? Yo creería que no. 

 

¿Qué papel pueden jugar los medios en este contexto?

Juegan un papel súper importante, porque si hablamos precisamente de la cadena de valor, en el ciclo de vida de un producto o de una práctica o de un proyecto, siempre está la distribución. Sin ella no hay apropiación por parte de la ciudadanía y, desafortunadamente, con los cambios que se dieron con la revista Arcadia, o como la Revista El Malpensante que más que ser periodismo cultural es una revista cultural, con los medios públicos como Radio Nacional o Radiónica, quizás Pacifista!, son contados los que realmente se interesan en los temas de artes, de cultura, de gestión cultural. 

Creo que es absolutamente importante que existan lugares tan poderosos como Babelia de El País de España o la propia sección de Cultura de El País. O incluso lugares más independientes. Ojalá que La Liga Contra el Silencio, La Silla Vacía, Cero Setenta, que a mí manera de ver están liderando unas investigaciones periodísticas muy importantes, también lideraran el tema de la cultura. Porque la cultura también es política, también es económica, también es social y no le estamos dando ese lugar. Sigue en un lugar ahí de "pobrecitos los intelectuales, hippies, pensadores, estigmatizados, precarios" ¡Y no! La cultura debe ser considerada como un concepto antropológico de sostenibilidad total y absolutamente. 

 

Ahí entra la academia. Habla de cómo esta crisis evidenció una precariedad, ¿qué papel ha jugado y puede jugar la academia desde la investigación y la formación de gestores culturales? 

Yo creo que a la academia, y lo puedo decir desde la Maestría de Gestión de la Cultura de la Universidad EAN, le interesa pensarla (la cultura) desde una perspectiva sostenible. Y una de esas miradas puede ser por ejemplo, ¿cuál es el lugar de la cultura en un modelo competitivo a futuro?. El desarrollo local y la cultura como una dimensión territorial en el contexto colombiano: ¿Cuál es la repercusión? ¿Cuáles son las políticas de desarrollo para cada uno de los sectores que conforman este gran sector? La academia lo que entrega es la capacidad de hacer diagnósticos, estados del arte, investigación y, por supuesto, apoyar a los gobiernos locales, regionales y nacionales en el desarrollo de planes estratégicos que permitan responder esas preguntas. 

 

¿Cuáles serían -para usted- los puntos esenciales para subsanar? ¿Cómo responder a esta coyuntura? 

Esta crisis es de carácter global y lo que ha demostrado es la necesidad de multiplicar exponencialmente, así como la pandemia, la colaboración de los gobiernos locales, regionales y nacionales, y demostrar que es importante la interdependencia. En este tiempo los actores, las personas que hacemos parte del sector de la cultura, los medios de comunicación, la academia, los técnicos, los músicos, los compositores, los montajistas, los artistas plásticos, todos tienen un compromiso en reconocer los derechos culturales de todos y actuar juntos para que esos derechos sean protegidos, promovidos, garantizados y cumplidos. 

 

¿Qué eslabón se nos está olvidando a la hora de dar estos análisis?

Siempre se nos olvida que nada de esto sucedería sin las audiencias. Es importante saber quién hace uso, quién disfruta, a quién le incomoda, quién piensa o quién reflexiona gracias a todos los contenidos artísticos y culturales. Hay que tener siempre en cuenta la perspectiva y la apropiación de la ciudadanía, de las audiencias, es súper importante. Es como en la academia: sí, nosotros sacamos esas tesis todas laureadas, todas divinas, pero nadie las lee. ¿Qué hace un profesor que sabe mucho, pero tiene unos estudiantes que no están interesado en oír? Pasa con músicos que están haciendo grandes sonidos, pero no están moviendo las fibras de otras personas. No existe apropiación si no existe quién se lo apropie. 

 

¿Qué lectura hace de ese consumo cultural en el país? 

Al hablar de consumo cultural se me viene inmediatamente a la cabeza el Dane, se me viene a la cabeza el censo. El Dane solo está teniendo en cuenta las actividades económicas que estén relacionadas con la población que tienen censada, y sabemos que uno de los grandes problemas en este momento es justamente el censo de esa población. Y por otro lado, uno se pregunta, las personas que se encargan de la difusión cultural, entiéndase el Ministerio de Cultura, los medios, los promotores, muchas veces uno siente que son un eco periodístico, pero no existen evaluaciones sobre la relación con las necesidades y las demandas. Creo que sí es importante, pero hay que desarrollar una metodología que nos arroje unos resultados realmente cualitativos. 

 

¿Cuál es esa relación entre cultura y entretenimiento? 

En la cultura tocaría hablar de su aspecto pluriétnico, multicultural y como un ecosistema donde una de sus acciones son las expresiones artísticas. Y ahí es donde podemos hablar de una cultura sostenible. El entretenimiento es una transacción donde hay una oferta y una demanda a satisfacción de las dos partes, pero creo que el entretenimiento hace parte de la cultura. La cultura es la gran sombrilla. 

 

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