Velandia y la Tigra: un canto que nos sirvió de espejo

​La agrupación santandereana hizo un recorrido por lo que han sido estos años de música y dio una probadita de lo que se viene.

Bendita lluvia”, fueron las primeras palabras de Edson Velandia cuando habló en el micrófono para saludar a los asistentes del Concierto Radiónica 2021. Hasta que el cielo arrojó el aguacero con el que tanto había amenazado, coloreando la Media Torta con los ponchos y las sombrillas de colores, sin que se bajara un ápice la emoción de quienes querían ver por fin, después de tanto tiempo, a Velandia y la Tigra en Bogotá. 

La banda hizo un necesario recorrido por estos años de buena música. Por una serie de canciones perspicaces, trocheras y valientes que le han cantado a la cultura traqueta que nos desgobierna, a lo conocido y olvidado de este país, a sus males, a su resistencia, a su belleza. Un canto que germinó en Piedecuesta, Santander, pero que con su versos nos sirvió de espejo a todo un país.

El concierto arrancó con “Gloria de la Montaña”, un inicio fuerte que ponía la energía arriba, ruidosa y potente, abría el telón de este viaje musical ecléctico, humorístico, político y romántico. Con “El Sietemanes” nos regresó a ese Once Rasqas que en el 2007 anunció que la Tigra iba en serio. Y que con todo lo que podía pasar en el camino, tendríamos al Burro para rato. De ese mismo disco, siguió “Farra Garrotera”, donde escuchamos a Edson Velandia recitar esas poderosas líneas que aún hoy hacen temblar el espíritu: “Mirad esta avalancha de inconsecuencias no es otra cosa sino la confirmación del universo. No dejemos pasar este momento de inconsciencia: paisanos míos, ¡brindemos por el fracaso!”. 

Con “El chulo” -que desempolvaron- y “Venezuela”, La Tigra nos dio un adelanto de lo que será su próximo y anhelado disco. Una prueba que supo bien, muy bien y que da indicios que de nuevamente la agrupación de Santander le va a pegar donde es. Acto seguido, Edson introdujo a la Media Torta en un transe erótico con “Naranjas”, con esa crónica de vida nocturna que solo el Karateka es capaz de escribir. 

Tras “Ánima”, siguió la clásica “Guarapera”, en donde la letra de tusa cogió un color político con el que el cantante de Piedecuesta aprovechó para mandar un mensaje a la alcaldesa de Bogotá y a esa metamorfosis política que tan seguido deja fuera de lugar a los electores. De aquí en adelante vino toda esa potente lírica que Velandia ha arrojado en medio de la volátil coyuntura nacional.  Luego de este anti-himno le siguió otro: “Chuvak”, la cual juntó con “Todo Regalao”, en el que pudimos disfrutar con Adriana Lizcano en el escenario. 

El desenlace no pudo ser mejor: Todo el mundo saltando en “El infiltrao” y luego bailando una versión fuerte y punkera de “La nevera”, compartiendo escenario con Andrea Echeverry. Con esto, Velandia y la Tigra nos dio gasolina a un pueblo que aguanta cuanta fetidez y que no para de resistir. Que vengan nuevos vientos. 

 

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