Reseña: Poesía sin fin (2016) de Alejandro Jodorowsky

Una oda a la búsqueda de la belleza y la verdad interior con Adan Jodorowsky interpretando a su padre en la juventud.

¿Cuál es el sentido de la vida? "La vida no tiene sentido, solo hay que vivirla", la existencia misma nos enseñará el camino y en él nos encontraremos a sí mismos y hallaremos las razones de ser y hacer.

Con esa pregunta lanzada al aire por un infante Alejandro Jodorowsky y una respuesta del legendario artista franco-chileno comienza a atrapar al espectador la más reciente película de Jodorowsky, Poesía sin fin (2016), quizá de una de las mejores entregas cinematográficas del director de obras como La montaña sagrada (1973), El Topo (1970) y Santa sangre (1989).

Poesía sin fin (2016) la antecede La danza de la realidad (2013), basa en el libro del mismo autor titulado La danza de la realidad: Psicomagia y psicochamanismo; ésa película autobiográfica, protagonizada por Brontis Jodorowsky, Pamela Flores y Jeremías Herskovits, representó el regreso de Alejandro Jodorowsky a la dirección tras 23 años. Y la segunda parte es la que nos convoca en la actualidad a las salas de cine colombianas.

En esta segunda película autobiográfica, Alejandro Jodorowsky nos ubica en los años 40 y 50, en plena efervescencia intelectual de Santiago de Chile, cuando el veinteañero “Alejandrito” decide ser poeta, y en contra de los proyectos que su familia tenía para él decide vincularse en la bohemia artística de la época conociendo a personajes como Nicanor Parra y otros tantos jóvenes y prometedores poetas, artistas e intelectuales. 

Poesía sin fin (2016) aborda de manera accesible temas como amor, el sexo y la liberación, asuntos y nociones que comprende todo el mundo. Alejandro Jodorowsky sigue haciéndose preguntas sobre la existencia, pero en esta obra artísticamente magistral logra ir más allá de esa pregunta sobre quién es, abriéndonos a todos las puertas de su vida y mostrándonos de forma teatral y poética la forma en la que él ha experimentado el mundo. 

Aunque podamos estar frente a una de las mejores películas de Alejandro Jodorowsky, esta biopic escasamente podrá llevar la obra cinematográfica del intelectual a nuevos públicos; si bien cualquiera puede disfrutar de la belleza estética de Poesía sin fin (2016) y la profunda sensibilidad con la que ha sido narrada y ejecutada, el carácter autobiográfico de la película atraerá a aquellos seguidores de culto y a quienes hayan disfrutado La danza de la realidad (2013).

 

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