¿Cómo están cubriendo los medios colombianos la protesta?

El Espectador, Cartel Urbano, Publimetro, Vorágine, La Silla Vacía, Cerosetenta, Pacifista! y Canal Capital reflexionan sobre el cubrimiento del paro.

Desde hace varios días Colombia atraviesa una crisis social álgida que ha derivado en varias confrontaciones entre la Fuerza Pública y la sociedad civil. La situación es preocupante y la violencia ha dejado víctimas en ciudades como Cali, Medellín, Bogotá, Barranquilla, Manizales, Pereira, entre otras. 

Estas coyunturas no son fáciles para el ejercicio del periodismo. Primero porque Colombia históricamente ha sido un país con varios problemas para garantizar su libre desarrollo, algo que se ha repetido en el transcurso de estos días, como ha señalado la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP). Y segundo porque significa unos retos enormes para las salas de redacción -muchas diezmadas por cuenta de la crisis del modelo de negocio del periodismo-, que deben medir sus capacidades técnicas y de personal, pensar en la integridad de sus trabajadores y tomar decisiones en caliente que pueden llevar a cometer errores.  

Las críticas y debates alrededor del manejo que le dan los medios de comunicación a este tipo de coyunturas nunca faltan y son necesarias: siempre será importante la retroalimentación de los lectores, pues las fallas están a la orden del día y los cuestionamientos son una herramienta fundamental para fortalecer el periodismo. Ahora, también el ejercicio de esta labor puede significar, tras la aplicación rigurosa de las reglas del periodismo, ir en contravía de los prejuicios o las interpretaciones dadas como verdades tanto por el establecimiento como por varios lectores, oyentes o espectadores que no estarán satisfechos al no ver su versión replicada. 

En Radiónica quisimos acercarnos a varios medios de comunicación que se encuentran cubriendo lo que está sucediendo en estos días convulsos en Colombia, por decir lo menos. Al adentrarnos en sus reflexiones buscamos que el debate alrededor de la información tenga más elementos de análisis y pueda ser más constructivo. Es de vital importancia este diálogo, pues una democracia también depende de la circulación responsable de la información, de un buen periodismo, que es al final un servicio que brinda herramientas para la reflexión crítica de los ciudadanos. 

Directores o editores de El Espectador, Cartel Urbano, Publimetro, Vorágine, La Silla Vacía, Cerosetenta, Pacifista! y Canal Capital, nos respondieron varias preguntas sobre lo que ha sido este paro, del enfoque que le han dado, del papel de los medios en estas coyunturas y el manejo de información.

 

Días difíciles 

La FLIP reportó que hay más de 80 denuncias documentadas en contra de periodistas durante las jornadas de movilizaciones sociales en Colombia, que se extienden desde el miércoles 28 de abril. Esto incluye agresiones, robos, eliminaciones de material, obstrucciones, detenciones ilegales, acciones arbitrarias en redes sociales, daños a infraestructura, casos de negación al acceso a la información, amenazas, hostigamientos, estigmatización y exclusión. El Estado ha sido el principal agresor con participación en más del 60% de los casos, según la FLIP. 

Además, esta misma ONG, junto a Reporteros Sin Fronteras, alertó hace dos días  que existe un riesgo inminente de autocensura de quienes cubren las protestas, es decir que sean los mismo periodistas quienes por x o y motivo decidan callar -una de las formas de censura que más se presentan en el país-. 

Teniendo en cuenta estos elementos de contexto le preguntamos a nuestros entrevistados, ¿cómo han vivido este paro desde sus medios? 

Fidel Cano, director de El Espectador: Con grandes dificultades. Primero porque estamos en plena pandemia y todo está ocurriendo en las calles y con aglomeraciones. Eso pone un reto adicional de estar al pie de la noticia pero mantener la mayor prudencia para no exponer a las personas que están haciendo el cubrimiento. También, claro, mantener la serenidad que requiere la profesión ante situaciones muy humanas que nos afectan como personas y en las que cada quien tiene una posición. Y, por supuesto, no extremar la serenidad al punto de dejar de informar lo que se debe informar.

José Guarnizo, cronista y cofundador de Vorágine: Primero desde el ser ciudadano con mucha preocupación y luego pensando en que, como periodistas, no nos podemos quedar quietos. Yo siento que este es un momento en que nuestro trabajo debe, de alguna manera, salir a flote con toda la responsabilidad y el rigor posible porque más que nunca la sociedad necesita que la informen con transparencia, para que busquen la verdad. 

En estos casos, que estamos viviendo las consecuencias de los abusos de la policía, que estamos hablando de muertos, heridos, confrontaciones en la calle, sale a flote una verdad, la verdad oficial que redactan desde los gobiernos locales y desde el gobierno Nacional, pero esa no es la verdad que se merecen los ciudadanos. Los ciudadanos merecen que los periodistas contrasten la información, investiguen y traten de llegar a las últimas consecuencias sobre lo que realmente está pasando.

Alejandro Pino, director de Publimetro: Esta movilización ha sido la más caliente en términos periodísticos, no solamente por la violencia desbordada de la policía, sino por la bioseguridad que tienen que tener periodistas y fotógrafos cuando están en la calle, por la preocupación con sus familias, por el poder contar las cosas. Ha sido difícil, pesado, duro aunque, en términos periodísticos, tremendamente interesante.

Alejandro Gómez, director de Cerosetenta: El cubrimiento de esta marcha ha sido particular. Por un lado está el COVID-19. Pero además esta manifestación del paro viene precedida de un antecedente escabroso, que es lo que ocurrió en el 9S, donde la policía se salió de control, disparó de manera indiscriminada y hubo básicamente una masacre en Bogotá. Por supuesto esto pesa. 

Hemos visto un recrudecimiento en ciertas cosas, más gases, se siente muy fuerte la manera de reprimir. Estamos en las calles, lo seguimos haciendo, por fortuna la inmensa mayoría de las marchas sigue siendo pacífica, pero los focos de tensión y enfrentamiento contra la policía, el COVID, lo que ocurrió la vez pasada, el aumento de robos a periodistas, ha hecho que nos vayamos ajustando a las realidades. 

Juan David Arenas, director de Cartel Urbano: Nos duele profundamente este país todos los putos días y creemos que la cultura y el arte no pueden ser indiferentes a las complejas problemáticas sociales que agobian nuestra sociedad. 

 

Azuzar las tensiones

Cecily: ¿En qué campo trabaja?

Felix: redacto noticias para CBS

Cecily: ¡Oh! ¡Fascinante!

Gwendolyn: ¿De dónde saca sus ideas?

Felix (viéndola de manera extraña): de las noticias.

Gwendolyn: Oh, sí, claro. Qué tonta…

El anterior es un diálogo que citaban hacia finales de la década del 70 Peter Golding y Philip Elliot en su investigación Making the News (1979), sacado a su vez de la comedia de Neil Simon, The odd couple (1966). Para ese momento tenía lugar un amplio giro de las investigaciones alrededor de las noticias que cuestionaban esta ingenuidad de que las noticias simplemente estaban ahí. 

El sociólogo Herbert Gans en Deciding what’s news (1979), el experto en teoría cultural Philip Schlesinger con Putting "reality" Together (1978) o el profesor de periodismo Michael Schudson en su libro Discovering the News (1978), son algunos ejemplos de investigaciones que llegaron a una similar conclusión: las noticias son el resultado de prácticas laborales específicas y corresponden a patrones sociales acorde a su contexto. 

Es decir, el lugar desde donde se producen las noticias, el mercado de la información, la tecnología con la que se dispone, las jerarquías internas, los valores individuales o colectivos y las interacciones internas y externas de un medio definen la construcción y selección de lo que se saca. Por esto, existen reglas esenciales dentro del periodismo que tienen como finalidad que la ciudadanía pueda recibir de manera transparente elementos sólidos para formar un criterio.

¿Pueden los medios azuzar un conflicto y llevar a que una situación de tensión derive en violencia?

Nicolás Sánchez, editor encargado de Pacifista!: Innegablemente los medios pueden azuzar o brindar herramientas para solucionar los conflictos. Cuando los medios de comunicación replican señalamientos sin ninguna prueba son responsables, porque terminan enviando un mensaje a la policía de que se están enfrentados contra integrantes de grupos armados y no contra manifestantes civiles. 

Muchos medios tradicionales están muy afanados por estigmatizar a los protestantes y eso lo que hace es terminar de ampliar la brecha que hay entre las clases políticas tradicionales, los medios tradicionales y la gente. Eso hace que el nivel de indignación y furia aumente en las calles. Hay una responsabilidad muy grande, hay que discernir entre lo que es verdadero y lo que es falso y tratar de entender a los manifestantes que salen a las calles en lugar de acudir a los lugares comunes del vandalismo, el terrorismo, etc. 

Juanita León, directora de La Silla Vacía: Los medios somos muy rápidos en general para atribuir culpas, pasa azuzar la indignación y creo que eso está muy ligado al modelo de negocio que tenemos, el cual resulta muy dañino para la democracia. Hay un libro muy bueno que habla de cómo en el modelo de negocio de los medios hemos pasado de intentar fabricar el consenso para poder vender publicidad, como decía Chomsky, a un modelo de negocio que está más ligado a las suscripciones y a fortalecer la fidelidad de la audiencia, entonces muchos medios se dedican a fabricar el odio y la indignación. Y yo creo que una marcha es el vehículo perfecto para hacerlo: como hay una gente con tanta rabia y una gente tan asustada, entonces los medios, depende de dónde se ubiquen, se dedican a alimentar una de las dos emociones. Eso es peligroso en un momento tan sensible como el que vive Colombia en este momento. 

Ana María Ruiz, gerente de Canal Capital: Por supuesto que un medio de comunicación puede azuzar el conflicto, ¿cómo? Haciendo comentarios tendenciosos, dando información no verificada y, creo que yo, poniendo la cámara permanentemente en el disturbio y haciendo directos muy largos sin que se analicen las razones de los que está detrás de esas situaciones.

Alejandro Pino: Los medios pueden contribuir a calentar un conflicto por acción o por omisión. Es decir, dejar de mostrar lo que está pasando es calentar a la ciudadanía que presenció y que fue testigo de lo que está pasando. Y si se informa mal, si se forma irresponsablemente, si se lanzan acusaciones peligrosas, también. Es decir, el periodismo siempre implica una responsabilidad social, no solamente es acción: es ser responsable socialmente y esto implica también ser coherente en las cosas que se muestran y las que no. Aunque yo creo que uno siempre tiene que mostrar con contexto, pero tiene que mostrar. 

Fidel Cano: Yo sí creo que los medios tienen un papel todavía muy importante en el "mood" de una situación como la actual. Y sí creo que es su papel en tanto la Constitución nos exige ser responsables. Lo que no creo es que la prensa, para evitar un incendio, deje de informar. Eso es lo que no puede abandonar nunca, lo que sí debe es hacerlo con la mayor responsabilidad y conciencia de que el cómo informa tiene un efecto. 

Juan David Arenas: Tanto las noticias que atizan el conflicto, como las propuestas de soluciones que provengan de los grandes medios tradicionales, son narrativas manipuladas que esconden corruptos propósitos y obedecen completamente a los intereses económicos y políticos de los propietarios de estos medios y sus clanes. Es aquí donde se vuelve de vital importancia la existencia de espacios de comunicación alternativa, comunitaria e independiente que se deban a sus audiencias, que respondan al derecho fundamental de los ciudadanos de acceso a la información veraz, que abran espacios para la denuncia y la diversidad de opiniones. 

Alejandro Gómez: El periodismo no debe azuzar nada. Yo creo que el periodismo lo que tiene que hacer en estos casos es dar la información y dar contexto. El contexto es lo más importante. Y que se entienda. El periodismo puede hacer un ejercicio de contra narrativas. Ya sabemos cuál ha sido el cubrimiento tradicional de las movilizaciones sociales en Colombia y los efectos que eso ha tenido. Y vemos otra vez unos discursos que llevan a todo el mundo a pensar que la marcha está protagonizada por violentos, por desmadres y sabemos que no es así, así violencia haya habido. 

También está lo contrario, una comunicación tendenciosa de lo que está ocurriendo puede crear enfrentamientos innecesarios. Recordemos lo que pasó en 2019 cuando los medios empezaron a replicar videos diciendo que se estaban metiendo en los conjuntos y resultó que no había pasado así. Todo fue producto de una mala información, la gente salió con armas, con palos, cuchillos, con lo que fuera, para defenderse de un peligro que no existía, pero donde pudieron haber cometido el error de herir a una persona. 

 

Los medios nos dan soluciones

Son varias las propuestas que han surgido dentro del periodismo que han buscado indagar o transformar el papel de los medios de comunicación en medio de un conflicto. Un ejemplo es el periodismo preventivo que tiene como objetivo analizar estas coyunturas desde un punto de vista integral, siguiendo sus orígenes, el estallido y posteriores repercusiones, al tiempo que busca privilegiar mediáticamente aquellos actores que propongan soluciones a las crisis. Con esto, quienes lo ejercen, quieren hacer una crítica al periodismo convencional que acusan de focalizarse en los actores beligerantes y de fallar a la hora de dar contextos.

Podemos aterrizar lo anterior en Colombia con el denominado “Periodismo de paz”, que caló especialmente en medios de las negociaciones entre el Gobierno y la Guerrilla de las FARC. En términos muy generales, partiendo de que los medios brindan una mirada de un mundo colapsado, cuestionaba que pocas veces la gente comprometida con la paz llegaba a figurar. Argumenta también que no se trata de solo dar “buenas noticias”, sino de abordar las situaciones de conflicto con una perspectiva de la compasión, la solución y de orientar la práctica hacia la resolución de este.

¿Es papel del periodismo dar soluciones? ¿Qué opinan de este tipo de propuestas?

Ana María Ruiz: Los medios no tienen el papel de juzgar, pero tampoco está en sus manos solucionar un problema. El papel que tenemos es el de mostrar lo que está sucediendo: informar y a su vez dar resonancia a la mayor cantidad de voces que pueden exponer las explicaciones, análisis y soluciones posibles para la situación que se vive. 

Creo que es muy interesante la propuesta como el periodismo preventivo, pero esto hace parte del periodismo analítico centrado, serio, tranquilo. Y aquí lo que es muy importante es no dejarse llevar por la adrenalina. Lo más importante es que hay millones de personas que se están movilizando, ¿por qué se están movilizando? ¿Cuáles son las motivaciones para ese malestar social tan grande?

José Guarnizo: El periodismo no está llamado a brindar soluciones. Me pregunto, ¿soluciones para quién? El tema es muy ambiguo. El aporte que pueden hacer los periodistas es hacer su trabajo desde la independencia, que los ciudadanos sepan que esa información que está analizando está desprovista de intereses económicos e intereses políticos. La verdad es un concepto muy ambiguo, pero sí hay que obligarse a intentar encontrarla a través de seguimientos de pistas, de fuentes, de documentos y todo esto que va generando unos indicios. Esas pruebas se convierten finalmente en elementos que pueden llevarnos a pensar si un hecho es veraz o no veraz. 

Seguramente hay voces e interpretaciones diversas, pero la ética hace parte inherente del ejercicio periodístico y en ese sentido yo creo que debe ser el faro. No lo veo como que hay que hacer periodismo preventivo o periodismo que privilegie reivindicaciones de diálogo, porque en realidad no necesariamente te encuentras con eso. Esto implicaría entonces privilegiar una información y a lo mejor ocultar otra. Yo creo que lo que hay que hacer es ejercer este oficio con ética.

¿Qué es la ética? Decía Javier Darío Restrepo que uno es el legislador de sí mismo. Hay unos valores primarios: contrastar la información, ser rigurosos, brindar contexto, que ya no se trata solamente de mostrar las dos caras de la moneda sino de encontrar quién miente. No puedes convertirte en un medio que busca el sensacionalismo, el amarillismo, la morbosidad, sino encontrar, por ejemplo, lo que los poderosos quieren ocultar. 

Juanita León: El papel de los medios de comunicación no es ofrecer soluciones porque no tenemos ni ese conocimiento ni creo que esa sea la labor; sobre todo un paro que requiere de unas soluciones muy estructurales. Creo que el trabajo sí es ayudar a entender qué es lo que está pasando. La comprensión es un antídoto para el miedo. Cuando tú comprendes también te calmas un poco, sobre todo en estos momentos, con esos vacíos de liderazgo que hay, los medios podemos jugar un papel de dar insumos para que la gente se haga su propio criterio de lo que está pasando. 

Soy muy escéptica de eso del periodismo para la paz, para la prevención, para la inclusión, porque en general soy escéptica del periodismo militante. Cuando tu asumen esa posición de “yo hago periodismo para la paz”, hace que el periodista privilegie unos elementos de la realidad frente a otros. Yo creo que nuestra labor no es ni siquiera prevenir sino ayudar a entender lo que está pasando. Y en eso a los periodistas nos hace falta mucho.

Juan David Arenas: Los medios cumplen, o deberían cumplir, una función social que parte no solamente de investigar, cotejar, analizar y entregar información oportuna y de calidad sobre el acontecer nacional, sino también, y sobretodo, de ejercer un contrapoder a la agenda del gobierno, a los funcionarios y las instituciones que están al servicio de los ciudadanos de un país. Ese es su verdadero papel.

Las soluciones deben venir de los consensos entre las organizaciones de la sociedad civil y los gobernantes. Probablemente en sociedades menos desiguales y más democráticas que la colombiana, este tipo de periodismo (el preventivo) puede contribuir a la resolución de conflictos en alguna medida, pero en un país como este, donde el gobierno legitima y desata la violencia más vil contra sus ciudadanos, necesitamos un periodismo que no esté cooptado por el poder corrupto y que nos ayude, en primer lugar, a defender la vida de los colombianos y a denunciar a los asesinos. 

Alejandro Gómez: Cosas como el periodismo preventivo son bienvenidas pero, previo a eso, creo que es darle voz a quien hay que darle voz, a quien sí tiene las vocerías: es una regla del periodismo básico y razo. Un error clásico en el cubrimiento de los medios tradicionales a la hora de cubrir una manifestación es que hay un paro y abren micrófonos a la tragedia del que le tocó caminar. Y más cuando es justamente la idea de una movilización social: parar una ciudad, no para joderle la vida a los transeúntes sino para exigirles a un Gobierno o a cualquier forma de poder. Tampoco es la vocería de la gente la opinión que tenga un periodista, que es otra cosa muy común. Un paro, querámoslo o no, por multitudinario que sea, tampoco está hablando de toda Colombia. El paro habla del paro y ese paro tiene que tener vocerías.

Fidel Cano: Sobre propuestas como las del periodismo preventivo, creo en ellas. Yo sí creo que el periodismo tiene que mirar esos espacios y promoverlos conscientemente. De nuevo, sin renunciar nunca a su misión informativa.

Nicolás Sánchez: Claramente hay que escuchar las voces que plantean soluciones a problemas como estos, pero uno no puede partir del hecho de que la personas que se está manifestando o la persona que está en medio de una confrontación con la policía no tiene soluciones. Eso hay que leerlo con mucho cuidado para no caer en una simple y burda estigmatización de los manifestantes. Eso hace parte de la solución, que esos jóvenes se sientan representados en medios.

Esto no es una cuestión de expertos, esto no es una cuestión de ilustrados, esto es una cuestión de un estallido social de un país que tiene un 40% de su población en la pobreza y eso hay que leerlo de unas maneras muy finas para poder encontrar una solución. Sí creo que en muchos casos, sobre todo los medios tradicionales, tienden a cubrir las protestas como un asunto de orden público de caos vial y de pornomiseria. 

 

Los retos de la tecnología:

Se habla de Vietnam como la primera guerra televisada de la historia. Incluso varios militares, como el general W.C. Westmoreland, sentenciaron que la transmisión sin restricciones contribuyó de forma importante a que Estados Unidos perdiera la guerra. Las atrocidades que ahí se estaban cometiendo dieron la vuelta al mundo: las bombas y el Agente Naranja, los millares de muertos, heridos, mutilados, calcinados, aterrorizados, huérfanos y demás escenas de dolor y destrucción. Todo se tradujo en una gigantesca presión de la opinión pública, tanto al interior del país norteamericano como en el exterior. 

Además del punto de inflexión que significó para la relación entre el poder y la prensa, también muestra la incidencia que tienen los cambios tecnológicos en la manera de hacer periodismo. Y en el impacto del mismo. Con la proliferación de los celulares inteligentes, las redes sociales y la capacidad de transmitir en tiempo real sin la necesidad de muchos equipos vuelven al ruedo preguntas que aparecen cíclicamente. 

¿Cuáles son los retos de estas herramientas tecnológicas a la hora de ofrecer un periodismo analítico, crítico y que aporte al debate? 

Fidel Cano: Bueno, es un poco el mismo dilema. Los en vivo pueden ser muy informativos pero también pueden centrar el cubrimiento en hechos puntuales que no dejan ver los contextos. Creo que se pueden y deben usar, pero nuestro trabajo requiere que demos un paso más para poner esos contextos y no narrar lo que estamos viendo como si fuera un partido de fútbol. 

Lo que más ha cambiado es de una parte que hay multitud de en vivos al tiempo y enfocando lo que prefiera cada uno enfocar y solo pocos piensan en poner en contexto las imágenes. Y, por otro lado, que el espacio digital permite dejar abierta la cámara mucho tiempo. El tiempo ya no es oro en la TV como decían antes y eso tiene de bueno que se puede ver el antes y el después que algo pasa, pero de malo que se va a viralizar es el pedacito que venda.

José Guarnizo: No le pongo tanta tiza a este tipo de formatos, siempre han existido los formatos de análisis y debates, se hacían en televisión en condiciones mucho más precarias, pero sobre todo en la radio. Que existan este tipo de transmisiones no quiere decir que no exista nada más: hay otros formatos que por supuesto no todo el mundo explora, pero hay quienes están intentando hacer el trabajo de hacer periodismo a profundidad, de investigación, de géneros como la crónica, el reportaje de largo aliento para intentar explicar ciertos fenómenos y demás. 

La aparición de estas formas lo único que ha hecho es que de manera más rápida y ágil, barata, cualquier persona o periodista arme un programa y analice la realidad nacional. Esto ha abierto la posibilidad de que gente que no es periodista y tiene seguidores y son políticos o analistas con audiencias ya conformadas, salgan todo el tiempo a llenar esa franja de video y de transmisiones para las cuales siempre hay audiencias, unas más grandes y otras más pequeñas.

Alejandro Pino: Lo que pasa es que con los streamings cambió totalmente la forma de transmitir. Antes, e incluso se sigue viendo en los canales de televisión o en las emisoras de radio, la narración de una marcha o de una protesta era desde la distancia. Ahora con el streaming uno está metido en la marcha y es testigo de todo lo que se está viviendo. Y aparte de eso, uno siente el disparo, la piedra, la agresión. Da una mayor presencialidad y al mismo tiempo compromete más al periodista en términos de que lo involucra totalmente en la acción y por eso es fundamental que esté tremendamente bien armado argumentalmente para poder explicar en la transmisión todo el contexto, no solamente lo que está ahí.

Alejandro Gómez: La tecnología, los lives y todo esto, creo que son clave. Nos estamos enterando gracias y exclusivamente a lo que está ocurriendo en redes sobre mucho de lo que está pasando en esquinas muy silenciadas del país. Como medios yo creo que sí es clave hacer un ejercicio muy juicioso de no caer en el afán de republicar absolutamente todo sin haberlo verificado. 

El rol de las redes sociales entonces es muy importante, pues el periodismo ya no tiene la capacidad, y sobre todo el periodismo independiente, de cubrir todas las esquinas del país, pero sí podemos aprovechar ese trabajo que se está haciendo en terreno y tratar de organizarlo y darle contexto.

Nicolás Sánchez:  El reto de las herramientas tecnológicas, como el reto de la televisión en vivo o de la radio en vivo, pasa por dar una visión rigurosa de lo que está sucediendo. Por no cubir la protesta desde los lugares comunes del bandalismo y del terrorismo y todo este tipo de discursos que el Estado ha intenado, a veces exitosamente, inculcar en la gente. 

También siento que esas herramientas tecnológicas democratizan el acceso a medios de comunicación. Han hecho que la ciudadanía tenga otras fuentes de información diferentes a los medios tradicionales, que como cualquier otro medio, escogen qué quieren cubrir y qué no quieren cubrir. Entonces ahí están los medios alternativos.

Juanita León: En estas marchas hay muchas emociones en juego. La transmisión en vivo y mostrar los videos, claro que es una herramienta que tenemos y que es obvio que los periodistas tenemos que usar, pero creo que ahí más que nunca el periodismo interpretativo es fundamental. Tratar de dar el contexto, sino terminas es descontextualizando las escenas y avivando un miedo o una rabia que de pronto en ese caso no se justifica. 

Una de las cosas que hacemos en La Silla Vacía en las marchas es fortalecer nuestro equipo de fact checking para empezar a revisar los videos que circulan. Y realmente hay demasiada desinformación. 

Juan David Arenas:  La descentralización en la producción de la información, causada por la masificación del internet y las nuevas tecnologías, permite que la información se genere, circule y se consuma de maneras muy diferentes a cómo sucedía anteriormente. Son ahora las audiencias, estas nuevas ciudadanías, quienes ejercen el poder sobre los medios. Audiencias hiperconectadas, cada vez más escépticas de los grandes medios y ávidas de información retoman el control sobre la agenda, sobre la producción de contenidos, sobre la opinión y la inmediatez con la que fluyen las noticias. 

Esto plantea nuevos retos para los medios de comunicación como: saber filtrar y corroborar noticias a la velocidad que impone esta era de la información; escuchar e interpretar correctamente las necesidades de información de las nuevas ciudadanías, y mantener la credibilidad en el desarrollo de su ejercicio periodístico.

Ana María Ruiz: El Whatsapp y las redes sociales son unas herramientas de un valor enorme para la difusión de información. Somos conscientes de la necesidad de no mostrar en vivo y en directo este tipo de transmisiones que muchas veces obedecen a personas que no son periodistas, que no tienen la capacidad de discernir entre una información u otra o un comentario. Pero sí nos apoyamos mucho en estas herramientas tecnológicas para poder tener instantaneidad. 

Lo que estamos haciendo en estos especiales es utilizar herramientas, decantar lo que estamos viendo en estos videos y presentarlos de la manera más tranquila, serena y analítica posible, apoyándonos en voces expertas que nos dan contexto de lo que está pasando y no simplemente de una acción periodística de seguir en vivo las transmisiones de los desmanes y disturbios. Esto en verdad son decisiones de periodismo amarillista.

 

El enfoque de los medios 

Ryszard Kapuściński cubrió alrededor de 27 revoluciones, aguantó 40 arrestos y esquivó 4 sentencias de muerte. Dejando de lado algunas discusiones sobre las verdades y los mitos que lo rodean, el escritor, ensayista y poeta polaco fue un observador agudo del mundo contemporáneo y sus injusticias. Sus recorridos por África, América Latina y Asia se convirtieron en leyenda. El propio Gabriel García Márquez llegó a decir que era el “verdadero maestro del periodismo y uno de los mejores cronistas del siglo XX”.

Kapuściński solía afirmar que “El verdadero periodismo es intencional… Se fija un objetivo e intenta provocar algún tipo de cambio. El deber de un periodista es informar, informar de manera que ayude a la humanidad y no fomentando el odio o la arrogancia. La noticia debe servir para aumentar el conocimiento del otro, el respeto del otro. Las guerras siempre empiezan mucho antes de que se oiga el primer disparo, comienza con un cambio del vocabulario en los medios”. 

En esta misma línea en su ensayo Los cínicos no sirven para este oficio (2013) sentenciaba que “Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”.

Surge entonces la siguiente pregunta de cara al presente: ¿Cómo han decidido en los medios aproximarse a esta coyuntura? ¿Cómo interpretan la violencia y los abusos que se han cometido? 

Juanita León: Yo no veo mucha televisión, pero en lo poco que yo he visto, hay un cubrimiento que parte de ese supuesto que las manifestaciones son una alteración del orden público y se cubren como tal.

En esta coyuntura el papel de los medios es fundamental y es un poco parecido a lo que debería ser el papel de los medios cubriendo un conflicto armado también: es servir de intérprete de los temas y las emociones que están en juego. Me parece que cuando la gente sale a marchar sale motivada por una indignación, por una rabia, por un deseo de cambio. También es clave interpretar qué siente la gente que está mirando por la ventana.

En la Silla Vacía hemos tratado de hacer eso. Hicimos una historia grande sobre las emociones que tenía la gente en las cinco regiones de Colombia en donde estamos. También salimos a cubrir la marcha y ahí hubo una discusión interesante: está esa inercia que tenemos los medios a decir “iban marchando y después algunos terminaron rompiendo vidrios de Transmilenio”. Esa no puede ser la forma de cubrirlo, hay que preguntarse, ¿qué es lo que quieren? ¿Por qué marchan? ¿Cuáles son las arengas? ¿No importa que haya Coronavirus o sí importa? Tratar de ahondar un poco más en las motivaciones. Hay otras aristas que estamos haciendo sobre los partidos políticos y su actitud frente a esto, los políticos, los candidatos presidenciales, etc.

Ana María Ruiz: Canal Capital tiene claro que todas las afectaciones nacionales pasan por Bogotá. Hemos abierto las pantallas a especiales periodísticos en los que tratamos no solo mostrar disturbios, no solo de mostrar dónde están los desmanes y donde están los peligros, sino también las razones por las que la gente se está manifestando en este momento. El cubrimiento que está haciendo Capital apunta a que el énfasis no esté en el dramatismo, en la confrontación sino en las razones que llevan a la protesta y ver con claridad y con análisis por qué y cómo se generan esos hechos dramáticos. 

El papel de los medios al momento de abordar la violencia que se está generando desde la fuerza pública es muy importante, pero aquí casi que es más importante aún el papel de las redes sociales y la inmediatez con la que se pueden transmitir los videos. Son piezas probatorias de gran valor para futuros procesos judiciales y el hecho de que sean crudas no significa que no se pasen porque es importante informarlo. 

Juan David Arenas: Desde nuestro ejercicio de periodismo cultural autogestionado e independiente buscamos apoyar la construcción de una democracia que fomente la libertad de expresión, el pensamiento crítico y el fortalecimiento de la identidad cultural, por lo que nuestro enfoque se centra en registrar y visibilizar expresiones artísticas desde la música, el arte urbano, la ilustración, el performance, la animación o el video, que contienen discursos críticos y contestatarios hacia el status quo.  

Los artistas son voces enérgicas, poderosas e influyentes que documentan la opresión, articulan críticas culturales y aceleran el progreso social. El arte ofrece una salida esencial para fomentar el libre pensamiento y es una herramienta de movilización alrededor de temas que nos afectan a todos en la construcción de un proyecto común de sociedad. El arte permite que los puntos de vista independientes se escuchen y sobrevivan, desafiando las estructuras ortodoxas a través del lenguaje de la estética, creando oportunidades que permitan a los ciudadanos imaginar un futuro diferente y proponiendo reflexiones que desafían la injusticia y traen esperanza en tiempos difíciles.  

Hay que denunciar y difundir los actos de violencia policial, creando redes de apoyo entre medios y periodistas independientes para corroborar y compartir información que permitan encontrar a los responsables. No puede ser que en este país pintar, cantar o bailar nos cueste la vida. En Colombia nos han enseñado que es mejor callar que morir, pero ya hemos visto que da igual; como dijo la asesinada gobernadora indígena Cristina Bautista Taquinás: “si nos quedamos callados nos matan y si hablamos también, entonces hablamos”.

Fidel Cano: La violencia actual hay que analizarla con responsabilidad pero sin mirar a otro lado o quedarse en la versión oficial. El periodismo debe investigar esas denuncias, seguirles la pista, hacer preguntas a quien toque. Lo que no puede -y las audiencias suelen no creer que deba ser así-- es sacar conclusiones a partir de un video o una foto o un testimonio y ya. Vivimos en tiempos y escenarios muy propicios a la manipulación y el periodismo tiene que ser garantía de que no está en ese juego. Dudar, siempre dudar, y confirmar, así parezca evidente algo. Eso no es popular, pero sí responsable.

Jose Guarnizo: Hay que entender que esto no se hace con ninguna ideología política. Pero sí creo que en estas circunstancias en las que el Estado tiene el monopolio de la fuerza, de las armas, de la información oficial, pues ahí es donde el periodista debe saber que no hacer parte de ningún gobierno y pueda verlo con ojos críticos, pensando en que su lugar está más de lado de los ciudadanos.

Es muy importante no dejar pasar, registrar e investigar todo aquello que vulnera los derechos de los ciudadanos porque en las calles estamos viendo una confrontación, pero es una confrontación entre un grupo que tiene el monopolio de las armas del Estado y ciudadanos o también delincuentes comunes. Lo que es necesario pensar es que hay que estar vigilante y servir de veedores, como de perros guardianes de las actuaciones del Estado y también de los delincuentes y de todo aquel que infrinja las leyes en el país. No nos podemos quedar con las versiones del Estado ni las oficiales, decía Gabriel García Márquez: “las fuentes oficiales son muy importantes pero lo que no puede pasar es que te vuelvas rehén de la fuente oficial”. 

Alejandro Pino: Los medios en general tienen dos funciones básicas, que son informar y entretener. En coyunturas como esta la información es fundamental. Y es fundamental siempre estar del lado de la ciudadanía, es decir, el pueblo, la gente que sale a protestar necesita estar informada de las cosas que están pasando. Y más aún lo que no salen a marchar necesitan estar informados de lo que está sucediendo en la protesta. Una que en últimas termina afectando a todos. No se trata de tomar un lado del otro, se trata de saber uno para quién trabaja y uno como periodista trabaja para la gente. 

El papel de los medios es siempre mostrar lo que está pasando. No puede ser que pase como en la canción de Rubén Blades, de que la gente esté en la casa y no se de cuenta lo que está pasando por estar viendo la telenovela. No. La gente tiene que enterarse aunque esté en sus casas y no salga. Hay una realidad y nuestra obligación es denunciar, mostrar y sacar de la burbuja a la gente que está muy cómoda en esa burbuja. 

Alejandro Gómez: Yo creo que en medio de la confusión el rol de un medio tiene que ser el esencial de la información. Los vándalos y el vandalismo es un asunto que el periodismo también debería tratar de explicar. No quedarse con las narrativas ni las que demonizan ni las que santifican. Justamente lo que sucede en un paro es una variedad de cosas, es una mezcolanza y cualquier ejercicio de generalización es peligroso. Hay que complejizar el relato y tratar de describirlo de la manera más justa y proporcional posible. 

Nicolás Sánchez: Para Pacifista! ha sido un reto inmenso, porque como se ha visto la movilización es absolutamente multitudinaria, eso nos obligó a reestructurar nuestro trabajo a mediados de la semana pasada y tomamos la decisión de reorientar el trabajo hacia el cubrimiento de la brutalidad policial que se ha visto desatada en estos días de movilización. Ha sido algo desgastante emocionalmente para el equipo, que es muy comprometido, pero es el impacto por la situaciones extremas en la que se da dicha brutalidad. 

Este en un momento que no está llamado a simplemente mirar para otro lado o hacer un falso equilibrio entre los 20 y pico de muertos que han puesto los manifestantes y por ejemplo el ataque en sedes bancarias, creo que aquí estamos es hablando de la vida de miles de colombianos que salen a manifestarse y que la fuerza pública está despreciando de una manera criminal. Creemos, y más con nuestra audiencia que es joven, que son las grandes víctimas de la brutalidad policial, que tenemos que estar muy pendientes de ese asunto y como sociedad debemos tener ese debate de qué tipo de fuerza pública tenemos ya qué intereses está respondiendo. 

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