Alcolirykoz en Medellín: un ritual rap para el fin de año

Así vivimos el lanzamiento del nuevo álbum de los Ninjazz, Servicios ambulatorioz (2017)

 

La casa llena. Los ánimos arriba, las ansias estaban latentes en las dos filas que se fornaron a lado y lado de las puertas del Teatro Pablo Tobón, cientos estaban firmes para cumplir la cita de final de año con estos Ninjazz; y seguro ellos, la banda y su crew, también estaban nerviosos.

No era una tarde de jueves cualquiera: había buen clima en medio de una glorieta que estaba de fiesta y un teatro que ya se queda pequeño para toda esa familia que quiere cantar cada canción de Kaztro, Fazeta y Gambeta. Así es el lienzo sobre el que Alcolirykoz comenzó a pintar con sus beats y sus rimas el 21 de diciembre. 

La fiesta arrancó muy a las 6:30 p.m. con un amigo del parche de Arapjuez, Anyone/Cualkera, quien por casi 30 minutos dejó sus rimas presentes y pasadas en el escenario. Él, junto a su DJ, movieron manos y calentaron las primeras gargantas sobre las tablas del teatro.

7:00 p.m. Suenan los scratches de Fazeta, haciendo un homenaje al legado vivo del rap colombiano: La Etnnia, Laberinto, La Zorra, Tres Coronas, para llegar, finalmente, a las palabras del intro de Servicios Ambulatorioz. El combo estaba completo, Gambeta y Kaztro arribaban a escena.

“Uno antes del concierto se la pasa viviendo este momento unas quinientas veces” dijo Gambeta en su saludo a los cientos de asistentes que vitoreaban la llegada al escenario de AlcolirykoZ, y afirmó que este concierto en particular sería sin afán, y vaya que en realidad lo fue: se tomaron el tiempo suficiente para salirse del libreto cuando lo quisieron, para ser ellos, cálidos, cercanos, con Kaztro sonriendo entre canción y canción, y con Gambeta haciendo bromas al público. Se nota la confianza que se tienen en escena, la seguridad para llevar a un público por cada una de las atmósferas que proponen en sus canciones, y en particular en este disco lleno de variaciones temáticas y sonoras.

Con los beats de El ritual el teatro temblaba con cada salto. Todos brincaban al unísono y movían la mano al compás de lo que tocaba Fazeta. Al momento de las Anestesia Local, unas de las canciones más viscerales de los A-Z por la densidad de sus letras, Gambeta propuso un brindis por los vivos y por los muertos, dedicándole, una vez más, este concierto y todo lo que han hecho, a su familia.  

Otro de los momentos memorables de un show lleno de cosas para resaltar fue la ejecución en vivo de las secciones corales de El malo de la película por el coro Polimnia de Marinilla, alrededor de 8 jóvenes que, vestidas de negro, se quedaron inmóviles en el escenario entonando los fragmentos líricos de la canción. Al final, no hubo persona dentro del teatro que no aplaudiera el performance oscuro que se preparó para esta canción. Seguro ninguna de estas chicas imaginó que un público como el de ayer las ovacionara de esta manera por más de un minuto.

Para interpretar La noche, Alcolirycoz invitó al grupo de rap bogotano Aerophon y le pidió a los asistentes al teatro que encendiera las luces que tuviese a la mano. Como si de una constelación de estrellas se tratase, el Teatro brilló a mano de celulares y linternas mientras las rimas en clave de soul de esta canción pasaban de boca en boca por cientos.

En medio del show de los Ninjazz, y a modo de interludio, dejaron a cargo de las almas presentes en el teatro a Aerophon, quienes sin dejar enmudecer los tornamesas hicieron un breve recorrido a sus recién cumplidos 10 años de música, graffiti y de rimas. 

El segundo round de los Ninjazz sobre las tablas del Pablo Tobón trajo a la banda completa consigo: trompeta y batería ya hacían parte de la sonoridad. Y eso nos podría decir qué esperar: canciones de los primeros discos, momentos para bailar y brincar. O eso creíamos, hasta que sonó Normal y todos movieron las manos al ritmo de uno de los pasajes más oscuros del nuevo disco.

Changó ya es un himno y se canta como tal, con los brazos arriba y las voces a todo pulmón. Para Género Rural salió, con ponchos en mano, Rulaz Plazco, y con coplas sampleadas como preámbulo, comenzó uno de los momentos más movidos de la segunda parte del show. Una fiesta como la que seguro ellos viven en su parche y que buscaron transmitir en la esencia de esta canción de su nuevo disco.

Antes del final solo hubo baile: Tararea hizo tararear al unísono unas trompetas sampleadas de Rubén Blades, 1999 para brincar hasta el cielo y Una resaca más para dejar las últimas bocanadas de aire estampadas en una canción. Al final, como en su nuevo disco, fue un regalo, un propio, a su familia, a sus hijos, quienes entre lágrimas subieron al escenario para recibir con sus padres, Juan, Carlos y Gustavo, la ovación de cientos que felices, aunque con ganas de más, los aplaudían.

Fueron dos horas exactas de concierto en el que dejaron claro que Alcolirykoz tiene tantos himnos en la ciudad que, aún a falta de interpretar hits como El despilfarro, Let my people y Comediantes de velorio, tiene la confianza suficiente para armar un show a su antojo, sin querer ir a la fija -por decirlo de alguna forma-. Este 2017 deja claro algo, estos Ninjazz ya saben cómo son las cosas, y por eso eligen hacer cada una de ellas a su manera.

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