Horacio Benavides: Premio Nacional de Literatura 2013

Antes de ser poeta fue pintor. Y como 'un gato' lo describió Robinson Quintero Ossa en la entrevista que le realizó para el libro "13 Entrevistas a 13 Poemas Colombianos" , editado en el 2008 por la Fundación Domingo Atrasado.

El Ministerio de Cultura de Colombia le otorgó el Premio Nacional de Poesía al poeta Horacio Benavides Zúñiga, gracias a su obra "La serena hierba" (2011), una antología que contiene más de 170 poemas de este caucano, quien desde la década del setenta escribe sobre el amor, la naturaleza, la muerte, la infancia y los animales.

Según el veredicto, la poesía de Horacio Benavides es de gran poder comunicativo y despliega un lenguaje que posee levedad, rigor y hondura

Nació en Bolívar, Cauca, en 1949, y actualmente reside en Cali, Valle del Cauca, donde realiza talleres de poesía con niños y jóvenes. Ha publicado libros de poemas como "Orígenes" (1979), "Las cosas perdidas" (1986), "Agua de la orilla" (1989), "Sombra de agua" (1994), "La aldea desvelada" (2001), "Sin razón florecer" (2002); y libros infantiles de adivinanzas como "Agua pasó por aquí", y "Ábrete grano pequeño".

Al recibir el galardón, Benavides manifestó: “este es un reconocimiento a un libro: "La serena hierba", hecho con la lengua que construímos entre todos; me alegra ser parte, pequeñísima, de esa construcción”. 

En esta convocatoria, llevada a cabo por el Programa Nacional de Estímulos y el Grupo de Literatura del MinCultura, se presentaron en total 43 propuestas que inicialmente fueron evaluadas de manera individual por el jurado y posteriormente puestas a consideración de manera conjunta. Esto último, en una deliberación llevada a cabo el pasado 15 de julio, en la cual participaron la escritora Piedad Bonnet y los poetas colombianos Rómulo Bustos Aguirre y Ramón Eduardo Cot. En ocaciones anteriores, este premio ha sido ortorgado a  reconocidos escritores colombianos como William Ospina, Piedad Bonnet, Fernando Herrara Gómez y Jota Mario Arbeláez.

A lo largo de su trayectoria, este enamorado de los animales ha recibido distinciones como el Premio Nacional de Poesía del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá, por "Sin razón florecer" (2001); Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, por "Todo lugar para el desencuentro" (2005); premio Poesía Reunida, de la Universidad Nacional de Colombia, por "De una a otra montaña" (2008); y Monte Ávila, por "La serena hierba, antología" (2011). 
 
En la entrevista hecha en 2008 por Robinson Quintero Ossa a Benavides, este manifestó que el amor por los animales, que inspira su escritura, ha estado siempre. Desde pequeño su relación con ellos ha sido cercana. "Tuve la suerte de vivir los primeros años de mi niñez entre animales; cuando abrí los ojos lo primero que vi fue animales". 

En su infancia, estuvo redeado de perros, burros, pájaros, caballos, y aunque nunca ha tenido gatos, uno de sus poemas más recordados es "El Gato". Benavides ha hablado del agrado que sentiría si se asemajara a un felino, o quizá, a un caballo: "quisiera parecerme al gato; al gato quieto y ronroneando, es decir, viajando; o al caballo, con su dulzura y su fuerza brutal; gato y caballo, seres de este y otro mundo, pero eso es demasiado. Realmente me parezco al animal humano, desasosegado, convencido y cruel"

El Gato (Horacio Benavidez)

El gato que duerme
es otro gato
porque a las once
es sólo sombra
El que a las tres
de la mañana cae
como sombrero lento
es porque ya no ondula
en el agua del desierto
El que a las seis
busca la leche
es porque guardó
su oscuro sobretodo.

Después de haber escrito poesía, el Premio Nacional de Literatura 2013 mezcló su trabajo de escritor con los talleres literarios que desde hace algunos años realiza con niños y jóvenes. Durante esta experiencia incursionó en la adivinanza, "En el trabajo con los niños me ha ido mejor con las adivinanzas. La adivinanza les llama poderosamente la atención a los chicos. Alguna clave debe haber, tal vez sea porque a los pequeños les gusta lo oculto, y la adivinanza es una pregunta sobre un objeto escondido".

Fue así como terminó escribiendo Agua pasó por aquí: "Fue un proceso muy curioso; por lo general para escribir un libro de poemas me demoro de dos a tres años, y el de adivinanzas lo escribí en siete días; ochenta adivinanzas en una semana. Agua pasó por aquí fue un libro caído del cielo".

A los talleres que realiza, Benavides les llama "talleres de participación poética". Allí, el autor comparte textos que a los niños pueden interesarles, generalmente mitologías, cuentos, adivinanzas e historias tradicionales. Y aunque su intensión no es formar poetas, afirma que es "vivificante trabajar con los pequeños: por su frescura, por su inocencia, por su capacidad de deslizarse de lo que llamamos realidad al mundo de la fantasía, de la razón al inconsciente. Los niños son verdaderos gatos y la literatura se convierte en una promesa de felicidad. Hago talleres con niños, pensando no tanto en ellos sino en mi salud mental.

La poesía de Benavides ha sido descrita como profunda, breve y sencilla por el escritor Nelson Romero Guzmán: "sus imágenes simplifican el lenguaje, es decir, amplían su capacidad de expresión. Es creador de una conciencia lúcida de la poesía". 

Es así como entre fábulas, cuentos, niños y animales este poeta mira la vida, los días y los animales, escudriñando en sus actitudes para extraer historias, versos que hoy lo hacen merecedor del Premio Nacional de Literatura. 

Si se acercan al trabajo de Horacio Benaides por primera vez, compartimos algunos de sus textos más emblemáticos.  

31

Como a veces un nombre familiar
se nos olvida
y repetimos nombres
para tratar de hallarlo,
así se te olvidará
tu propio nombre
Y no tendrás
libreta de teléfonos
cuaderno de apuntes
donde apoyarte
Y de uno en uno
los nombres serán ríos,
ninguno el tuyo,
y el tiempo del desvelo

Bagdad a oscuras

Cuando de la herida del niño
empezó a brotar
la dulce agua del sueño
y la anciana
hubo apagado
con sus dedos la última llama
y los perros sin dueño
se entregaron
a su suerte
en el abandono
de la ciudad en ruinas
se escuchó de nuevo
la antiquísima voz de la sangre
He llegado a saber
oh rey afortunado...

El cerdo

El cerdo entra en el poema
como una ofensa
pero nadie sabe
que el cerdo también reza
Al final del verano
cuando las golondrinas
arrastran el paracaídas
de la lluvia

el cerdo se sale de sí:
da vueltas salta grita
aplaude al universo

Caballo

Galopa sobre la llanura pelada
sus crines furiosas banderas
sus cascos resuenan en las estrellas
Es como el huracán que todo lo arrasa
Se diría que va hacia el fuego
pero siguiendo la curvatura de la tierra
volverá a la mano
al viento ligero.


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