El libro de Lila: la directora caleña que dio vida a un cuento mágico



El primer largometraje animado en 2D en Colombia dirigido por una mujer, es un viaje donde la fantasía, la aventura y la vida se reúnen para contar una fábula familiar.

Esteban Zapata
Por: Esteban Zapata - Lunes, 9 Octubre, 2017 - 10:35

El largometraje ambientado en la capital del Valle del Cauca mezcla varios elementos del Pacífico y algunos otros lugares del país que permiten redescubrir la magia del territorio que se debate entre el olvido, las anécdotas y los sueños por cumplir.

Marcela Rincón es la caleña responsable de la historia que recientemente ha sido exhibida en varios festivales internacionales al igual que merecedora de premios a nivel mundial. Ella es cofundadora de la productora Fosfenos Media, ha sido docente de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali y es una de las creadoras de Guillermina y Candelario, serie infantil animada inspirada en escenarios del pacífico colombiano, coproducida por Señal Colombia. Hablamos con Marcela a propósito del largometraje El libro de Lila (2017), también sobre memorias y sueños.

¿De dónde nace la idea de esta historia?

Es una combinación de varias cosas. Vengo escribiendo historias para niños desde hace muchos años, siempre pensando qué contarles. Me ha interesado hablar de aventuras, en este caso, la historia de un personaje de un libro que cae en olvido porque no lo recuerdan.

Fue interesante porque tenía temas poderosos en su naturaleza, esto me permitió entrar en temas más profundos como la memoria, el olvido, la fantasía; mejor dicho, toda una cantidad de momentos que se tejen en la historia que son una gran aventura. Esa era la inquietud, era la fórmula para contarles a los chicos.

En principio, la película fue pensada para niños, desde Fosfenos nos hemos especializado en temas de contenido para público infantil, queremos un sentido que vaya más allá de las historias sencillas. Deseamos siempre generar en los niños la capacidad de indagar en la intención, en trascender y hablar en varias dimensiones para llegar a todos.

La película retoma muchos elementos humanos de los cuales todos nos podemos sentir identificados.

¿Qué tanto demoró el proceso, del sueño a la realización?

Fue un largo proceso. Empecé a escribir esta historia hace aproximadamente ocho años. En un principio solo tenía la historia pero no pensé que fuera a convertirse en un largometraje o un producto de este tipo. Fue una idea que me surgió, empecé a darle más terreno y fuerza después de ganar una beca del ministerio. Fue maravilloso, pues me vi acompañada de un muy buen grupo de trabajo.

¿Qué retos tiene la animación en Colombia?

Hay muchos retos de los cuales puedo identificar tres: es necesario la formación, pues tenemos pocas escuelas especializadas. Por otro lado, la gestión de recursos para el cine animado es compleja, (…) muchos nos decían que estábamos locos por querer hacer el largometraje, falta un nivel de conciencia y sensibilización respecto a este tema. Por último, la parte de exhibición, necesitamos que la gente crea en los largometrajes Colombianos.

En la película observamos niñas valientes fuertes y soñadoras, ¿alguna referencia local, regional o nacional?

Para mí como creadora, me veo reflejada, hablo desde mi posición como mujer y lo que creo que debe ser importante mostrar para los niños. Peleamos con estereotipos que se han mostrado por años. Nosotros que somos realizadores que trabajamos para ese público (…) somos agentes generadores de cambio; nunca pensé que el personaje debía ser femenino, solo fue un proceso orgánico.

¿Qué personajes debemos ayudar a regresar a sus libros?

Creo que hay muchos personajes valiosos a lo largo de la literatura, desde los que hallamos con Rafael Pombo, pasando por los personajes de Jairo Aníbal Niño, Pilar Lozano y otros autores que traen o generan historias fantásticas desde la realidad.

La literatura infantil es muy valiosa y no debemos dejar que se pierda por herramientas digitales. La idea es crear conciencia que conecte la realidad e ilusión de otra manera. Ese es el mensaje de Lila, volver a enamorarse de los cuentos.

¿Por qué hemos dejado de escuchar los árboles y plantas? Mejor, dicho  ¿por qué estamos olvidando la fantasía?

Es una situación más del mundo actual y lo que estamos viviendo. Estamos en un tren de vida donde estamos muy al margen de la tecnología. Nos sentimos más cercanos a un celular que al río o la naturaleza. (…) Es importante volver a lo esencial que ha sido desplazado de su lugar.

¿En Colombia, qué historias pueden estar desapareciendo?

Creo que son muchas las historias que no conservamos. Los abuelos tienen muchas historias que desaparecen, que incluso no conservan las nuevas generaciones. Son tradiciones orales que debemos rescatar. Por otro lado, los recuerdos que duelen hay que procesarlos para que queden en el olvido. No debemos tenerlos latentes más, lo que sí podemos es avanzar a través de los sueños por materializar, las experiencias y las historias.

¿Cuáles son los recueros tejidos con el corazón que debemos tener en nuestra memoria?

Con el corazón es importante mantener los recuerdos que nos llevan a nuestra identidad. Algo que nos caracteriza y nos hace sentirnos orgullosos, en ese sentido es muy valioso el valor de la identidad que seguramente no es muy claro, por otro lado, lo que no se puede olvidar son los cuentos, pues son las experiencias que se viven en el corazón. Los sueños son otros que debemos tener siempre vivos.

¿Qué sigue para Lila y para Marcela?

Con Lila seguimos un proceso de muestra, iremos a Corea a un maravilloso festival y otros alrededor del mundo. Queremos hacer proyectos donde Lila pueda llegar a lugares donde los niños no pueden ir a los cines, queremos llegar a bibliotecas y otros espacios. Por otro lado, seguiremos viajando con ella mostrando la historia. Para Fosfenos y para mí, seguiremos compartiendo la experiencia, estaremos acompañando este proceso, además, estamos trabajando con las Universidades para fomentar más la producción, pues, se vienen otros proyectos animados.

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