A.CHAL, el artista peruano que convirtió la diáspora y la cultura chicha en su sonido
Escuchar a A.CHAL es remitirse de inmediato a los sonidos amazónicos, a la chicha, a la cumbia, a los paisajes llenos de dunas de Huacachina, a la estética de los carteles chicha de Elliot Tupac, a los sabores andinos que también dialogan con la costa peruana. Su música tiene la capacidad de condensar un imaginario completo: uno donde el desierto, la Amazonía, la migración y la ciudad conviven sin contradicción. Es un artista que entiende el sonido como un territorio donde la identidad nunca está quieta.
A.CHAL nació en Trujillo, Perú, pero emigró siendo niño junto a su familia a Queens, Nueva York. Esa experiencia de crecer entre dos países y dos culturas atraviesa toda su obra. Su música florece como la cantuta, la flor nacional del Perú, entre el orgullo de asumirse cholo, la memoria de los sonidos amazónicos de Los Mirlos y las influencias del R&B, el trap y el hip hop que marcaron su formación en Estados Unidos. El resultado no es una fusión forzada, sino un lenguaje propio que convierte la diáspora en un lugar de creación.
Una banda sonora para la diáspora peruana
A.CHAL hace parte de una generación de artistas que no entienden la migración como una ruptura, sino como una posibilidad para reconstruir la identidad. Según señalan medios culturales, el músico ha explicado que su obra nace precisamente de vivir entre dos mundos, de crecer en Estados Unidos sin dejar de sentirse profundamente peruano y de convertir esa dualidad en el centro de su propuesta artística. Esa condición de habitar dos culturas no es un conflicto, sino el motor creativo de un proyecto que cada vez mira más hacia sus raíces.
Su historia también dialoga con la experiencia de la comunidad peruano-estadounidense, una de las diásporas latinoamericanas que ha crecido de manera sostenida desde finales del siglo XX. Miles de familias peruanas llevaron consigo sus costumbres, su gastronomía, sus celebraciones y, por supuesto, su música. En ciudades como Nueva York, especialmente en Queens, esa identidad se transformó sin desaparecer, dando origen a nuevas formas de entender qué significa ser peruano lejos del Perú.
Ese proceso de resignificación también atraviesa uno de los conceptos más importantes dentro del universo de A.CHAL a través de la palabra cholo. Durante décadas fue utilizada como un insulto para señalar el origen indígena o mestizo de millones de peruanos. Sin embargo, investigadores, artistas y movimientos culturales han impulsado una reapropiación del término como un símbolo de orgullo, pertenencia y resistencia. La ponencia "El orgullo cholo", presentada en el Congreso Latinoamericano de Comunicación, plantea precisamente cómo esa palabra ha dejado de representar únicamente la discriminación para convertirse en una afirmación de identidad cultural. A.CHAL recoge esa transformación y la convierte en parte de su narrativa artística, no como una estrategia de mercadeo, sino como una declaración sobre quién es y de dónde viene.
Así suena y así se ve la chicha
Pero hablar de A.CHAL también es hablar de la cultura chicha, uno de los movimientos culturales más importantes del Perú contemporáneo. Nacida de las migraciones andinas hacia Lima durante la segunda mitad del siglo XX, la chicha mezcló la cumbia colombiana, el huayno, los ritmos amazónicos, el rock psicodélico y las tradiciones populares para construir un lenguaje musical propio. Durante mucho tiempo fue despreciada por las élites, pero terminó convirtiéndose en una de las expresiones más representativas del país.
Junto a esa revolución musical nació también una revolución gráfica. Los carteles fluorescentes que anunciaban bailes populares terminaron convirtiéndose en una de las identidades visuales más reconocibles del Perú gracias al trabajo de Elliot Tupac, quien transformó esa gráfica popular en un referente internacional del diseño. Como recoge VICE en un perfil sobre el artista, su trabajo reivindica una estética nacida desde los barrios populares y demuestra que aquello que alguna vez fue considerado marginal hoy hace parte del patrimonio visual peruano. Esa explosión de colores, tipografías gigantes y orgullo popular también dialoga con el universo estético que rodea la música de A.CHAL.
Por eso sus lanzamientos más recientes se sienten diferentes. Si durante buena parte de su carrera fue reconocido por un sonido cercano al R&B alternativo y al trap, hoy aparecen con mayor fuerza las guitarras de la cumbia amazónica, las referencias directas a Los Mirlos, los paisajes del Perú y los códigos visuales heredados de la cultura chicha. No se trata de un ejercicio de nostalgia, sino de una reinterpretación contemporánea de una tradición que durante mucho tiempo permaneció al margen de la conversación musical global.
Escuchar a A.CHAL es entender que el Perú también puede contarse desde Queens. Que la cantuta puede florecer entre edificios de ladrillo en "la capital del mundo". Que las guitarras amazónicas pueden convivir con sintetizadores, bajos profundos y cajas de ritmos. Que los carteles de Elliot Tupac pueden dialogar con el streetwear y que la palabra cholo puede convertirse en un emblema de orgullo. Desde la puna hasta la luna, A.CHAL demuestra que las fronteras son incapaces de detener una identidad cuando encuentra en la música su mejor forma de regresar a casa.