La verdad sobre el incendio que acabó con cientos de joyas musicales

Hace 11 años sucedió "el mayor desastre en la historia del negocio de la música".

El incendio comenzó en las primeras horas del 1 de junio de 2008. En la noche, varios trabajadores, con soplete en mano, habían reparado un techo en el set de New England Street: un grupo de edificios de estilo colonial en Universal Studios Hollywood que se usan en escenas para películas y programas de televisión. Cuando las tejas estuvieron frías, siguiendo los protocolos de seguridad, los trabajadores se marcharon justo antes de las 5 a.m. Al poco tiempo comenzó el fuego.

Se cumplen once años de un incendio que, según declaró la compañía en su momento, solo había afectado la atracción King Kong del parque temático y una cámara de video que contenía copias de obras antiguas. Nada que extrañar. Sin embargo, según un artículo publicado por The New York Times Magazine el pasado martes 4 de junio, realmente la cámara albergaba una biblioteca de grabaciones maestras propiedad de Universal Music Group, la cual fue también destruida por el fuego. "El mayor desastre en la historia del negocio de la música", sentenció el citado artículo.

Las grabaciones maestras son testigos únicos y originales de una pieza musical. Es a partir de estas que se hacen otros discos de vinilo, CD, MP3 y demás grabaciones. En la cámara había material de los sellos discográficos más importantes de todos los tiempos, por lo que se destruyeron grabaciones maestras producidas desde la década de 1940, incluyendo registros multipista -aquellos donde los instrumentos permanecen separados unos de otros-, y piezas que nunca se lanzaron comercialmente.

El que este desastre saliera en los medios como una crisis evitada se debió, según Jody Rosen, autor del artículo, a que funcionarios de Universal Music Group prefirieron esquivar la vergüenza pública y la reacción violenta de artistas cuyas grabaciones maestras se perdieron. En un informe confidencial de 2009, Universal Music Group estimó la pérdida en unos 500,000 títulos de canciones.

Según el artículo las obras perdidas incluyeron artistas de la colección de Decca Records como Billie Holiday, Louis Armstrong, Duke Ellington, Al Jolson, Bing Crosby, Ella Fitzgerald y Judy Garland. También material producido por Chuck Berry para Chess Records. O las primeras apariciones registradas de Aretha Franklin, casi todas las piezas de Buddy Holly y las grabaciones de John Coltrane para Impulse Records. Y una larga lista de nombres como: Ray Charles, B.B. King, The Four Tops, Joan Baez, Neil Diamond, Sonny and Cher, Joni Mitchell, Cat Stevens, Gladys Knight and the Pips, Al Green, Elton John, Eric Clapton, Jimmy Buffett, The Eagles, Aerosmith, Rufus and Chaka Khan, Barry White, Patti LaBelle, Tom Petty and the Heartbreakers, The Police, Sting, Steve Earle, R.E.M., Janet Jackson, Guns N’ Roses, Mary J. Blige, No Doubt, Nine Inch Nails, Snoop Dogg, Nirvana, Beck, Sheryl Crow, Tupac Shakur, Eminem, 50 Cent and the Roots.

Este material no solo es un tesoro para audiófilos y profesionales del audio, sino una reliquia cultural dado que históricamente las compañías discográficas han destruido esas grabaciones maestras. Hoy en día, la mayoría de las grabaciones comerciales del siglo pasado están controladas por tres compañías de discos gigantes: Sony Music Entertainment, Warner Music Group y Universal Music Group.

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