Foto de David Micolta / Cortesía Festival Estéreo Picnic

El Lado B de Kali Uchis

La artista colombo-americana estuvo en Risaralda donde compartió un espacio con los niños de su fundación “Visión, Valores y Vida”.

Nació en Estados Unidos pero gran parte de su niñez la vivió en Pereira., Risaralda. Tiempo después regresó a Norteamérica. Trabajó en supermercados mientras vivía en Virginia. Ahorró dinero, y a sus diecisiete años tomó la decisión de irse a Los Ángeles, California. Hoy Kali Uchis es una de las artistas latinas con mayor proyección a nivel mundial y eso lo confirma el encontrarse rodeada de grandes artistas: Snoop Dog, Tyler, The Creator, Gorillaz, Drake, Major Lazer, entre otros.

Cantar y bailar frente al televisor y la radio fueron siempre los pasatiempos favoritos de su niñez; allí su creatividad persistía a pesar de los obstáculos presentes en su vida familiar, y ese ir y venir entre los dos países que la desconcertaba un poco sobre su futuro no fue razón para rendirse.

En 2018, con un álbum debut a cuestas (Insolation) y la popularidad obtenida alrededor del mundo, Kali Uchis sigue presentándose como una mujer sencilla que sobrepone el amor a su familia por encima de todo. Recientemente la conocimos en su faceta más humana en la que durante una tarde en el municipio vecino a Pereira, -Dosquebradas-, compartió risas, abrazos, regalos y una cena con más de 300 personas y niños que hacen parte de su fundación Visión, Valores y Vida, que lanzó este año con el fin de apoyar a niños de escasos recursos para los que será primordial la enseñanza de valores para su futuro.

“Desde mi niñez entendí que la vida es muy dura, que hay muchas personas que necesitan ayuda y eso siempre me importó y se volvió un sueño para mi decir que cuando fuera más grande yo iba a hacer más cosas por las personas que lo necesitan. Recuerdo la vida de mi papá que fue muy dura, que me inculcó siempre el trabajo para poder salir adelante, y creo que por eso pensé en que las personas afortunadas deben tener esta responsabilidad con quienes son menos afortunados”.

Visión, Valores y Vida, abarca y resume lo que Kali Uchis siempre tuvo en mente desde pequeña. La visión que tuvo su padre de sacar a su familia adelante, y la que tuvo ella al enfrentarse a un país diferente al de sus costumbres familiares y sobresalir en él.

“Cuando tenía 16 años pensé realmente en qué es lo que quería hacer con mi vida, y yo dije, ‘¿cómo voy a ganar dinero? pero no rápido, sino de forma planificada para toda mi vida y mi familia’, y esa fue mi visión de vida, la visión que yo tenía, y lo que me llevó a hacer lo que quería siempre con buenos hechos y valores, porque cuando uno tiene en mente las cosas que a ti te importan se puede tener una vida de mejor calidad y ayudar a los demás”.

La tenacidad para lograr lo que se propone es una de sus virtudes de Kali Uchis, quien nunca creyó que iba a ser cantante, o que se iba a parar frente a la cámara a grabar sus videos y a cantar sobre escenarios, y aunque durante su tiempo viviendo en Virginia y con sus ganas de experimentar en la parte audiovisual lograba entrar a los equipos de producción de artistas locales, nunca imaginó que esa se convertiría en su realidad.

“Cuando yo ya tenía una visión y necesitaba hacer algo con mi vida y la de mi familia, empecé a perseguir eso. Y yo nunca me vi frente a una cámara, me gustaba estar detrás, hacer arte, la producción de los videos, hasta que tuve que decidir pararme al frente, y yo ya tenía 18 años cuando lo decidí porque era lo mejor para mí y mi carrera”.

Estar en casa, Pereira, es volver a sus raíces. Despertar y sentirse feliz al lado de su familia mientras desayuna arepa con queso y café, y a la hora del almuerzo se come un típico plato de arroz con fríjoles y un huevo encima; eso la hace sentir más que agradecida con la vida, observar la naturaleza que rodea su casa, visitar a sus familiares en Salento o Medellín y tardear con una paleta de helado en su mano, ese es el plan perfecto de Kali Uchis en Colombia.

La mujer que es hoy, la creativa, la talentosa, a la que nada le queda grande, se forjó en el camino. Las adversidades la hicieron madurar rápido y la toma de decisiones en los momentos justos la llevaron a ser lo que es hoy, una mujer que cuando se sube a tarima se come el mundo, pero cuando se baja de ella regresa aún más concentrada en eso que quiere sin dejar de ser.

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