¿Sobrevivirán las librerías a la crisis?

Aunque no es la primera vez que se suben al ring, las librerías tienen una ardua lucha en el marco de la pandemia.

Si los sectores económicos con más músculo están viendo la situación difícil, hay que imaginarse lo que la coyuntura significa para otro tipo de negocios. Y si bien las librerías no son ajenas a estar en el ring y afrontar una crisis tras otra, adaptarse a la situación actual parece una tarea, cuando menos, ardua. 

En días recientes, fue publicada la “Carta abierta por las librerías de Antioquia” firmada por alrededor de 16 librerías de ese Departamento, entre las que figuran nombres como Grammata, Al pie de la letra, El Resplandor o Fauno, negocios que sentenciaron en el documento que su trabajo no corresponde a un bien de primera necesidad, pero que su tarea se encarga de “cumplir una actividad diametralmente opuesta a la de muchos cálculos económicos” y es la de alimentar “la lectura y la conversación en su forma más pura: la de la curiosidad”. 

Preocupa que esa idea de abandonar sectores “no esenciales” perdure más allá de la cuarentena obligatoria, y por eso son las acciones colectivas las que pueden seguir alimentando aquello que no ocupa un lugar en la lista de lo urgente. Si bien la Cámara Colombiana del Libro ha diseñado la campaña #AdoptaUnaLibrería, que busca evitar el cierre masivo de librerías en este contexto, estos espacios dependen en muy buena medida de la comunidad que han formado y de que, quienes puedan, sigan leyendo. 

Hablamos con numerosas librerías de Bogotá para conocer de qué manera están operando en esta coyuntura, cuáles son sus estrategias, cómo los ha afectado la cuarentena y qué reflexiones tienen sobre el futuro de su quehacer. Esto fue lo que nos respondieron. 

 

La Valija de Fuego 
(Marco Sosa, fundador)

Estamos operando sin espacio físico, de manera restringida y con un par de libros que tenía yo en mi casa, y con los libros de nuestra editorial. Hacemos envíos de vez en cuando. La idea es juntarlos y sacarlos de una sola vez para evitar el margen de contagio, también entendiendo que quienes están en los envíos son trabajadores como nosotros y se deben exponer el mínimo posible. Pero nuestro trabajo es muy limitado. 

El panorama actual nos afecta bastante, primero porque el final del año pasado no fue muy bueno económicamente y el principio de este año tampoco. A esto se suma la cuarentena por Coronavirus y la cancelación de la Feria del Libro de Bogotá. Se evidencian en este contexto las trazas de una política económica nefasta que prefirió beneficiar bancos al sistema de salud público, que por ende nos lleva a este tipo de cuarentenas y a medidas que podrían ser un poco más laxas si tuviéramos una adecuada política pública y una capacidad de enfrentamiento de este tipo de pandemias. 

El local cerrado para nosotros es un golpe, no tenemos tienda online y lo que vendemos por redes sociales, en flujo, no es igual. Es difícil no solo para nosotros sino para los diferentes proyectos culturales. Para el circuito editorial estas coyunturas son muy delicadas y nosotros siempre estamos en la cuerda floja, pues la economía del libro en Colombia no es una economía boyante.

En este momento tenemos en redes sociales una campaña de apoyo a la librería que se divide en tres partes. Una es lo que llamamos Bolsas Misteriosas: kits que tienen un valor determinado y por este se deposita dentro de una bolsa libros -la gente puede escoger la temática más no el título-, accesorios y fanzines. En segundo lugar están los Bonos Solidarios, donde la gente puede consignar y después los canjea en la librería. Y por último el de Aportes y Donaciones. Todo lo encuentran en nuestras redes, donde hay otras informaciones que ayuden a generar recordación de la librería.

Las estrategias sirven, se recoge algo, la gente ha sido solidaria, pero no es igual. La verdad extraño el espacio físico, el encanto del espacio y el trato con nuestros amigos y lectores. Más que una librería somos un nodo cultural que pretende construir comunidad y es lo que hemos hecho durante todo este tiempo. Hacemos actividades gratuitas todo el tiempo.

El panorama es difícil, pero resistir es vencer y seguro venceremos, es uno de nuestros esquemas ahorita, de nuestros slogans. Y la idea es seguir adelante, luchar lo que más podamos por la librería. Venimos de varios golpes económicos, a esto se suma esta coyuntura, pero la idea es seguir con el equipo de trabajo completo -somos cuatro personas- y brindar el mejor servicio posible. Seguir diciendo que los libros son la puerta abierta al infinito y que desde acá seguimos resistiendo, desde esta trinchera tan bella que es la literatura, las páginas llenas de tinta. Pase lo que pase hay que cantar y acá seguimos cantándole a la vida y a los libros. 

 

Casa Tomada
(Ana María Aragón, fundadora)

Casa Tomada lo que está haciendo es ventas por e-commerce, por nuestra página web y estamos haciendo la entrega con una empresa certificada que hace despachos a nivel local y nacional. Hay muchos padres que nos han comprado libros que sus hijos necesitaban para el colegio. Por ese lado hemos podido seguir atendiendo al público.

Lo que nosotros hacemos, sobretodo ahora, es dar asesoría por teléfono. Entonces la gente nos llama y nosotros le hacemos recomendaciones. No tenemos promociones ni descuentos, ni cuando atendemos físicamente ni tampoco virtualmente, porque el margen que tenemos de ganancia es muy pequeño. Y las ventas por e-commerce tienen más costos dado que está el intermediario que hace toda la parte de pago, la tarjeta de crédito o el banco que se quedan con otra, más las retenciones e impuestos que te cobran directamente cuando haces ventas por internet.  

Hemos intentado mantener los clubes de lectura, los talleres y los seminarios de entrada libre y los estamos haciendo por las redes sociales, por Zoom o por Hangout. Pero en la coyuntura solo hemos hecho unas ventas que equivalen al 20 % de lo que la librería vende normalmente. Hay que seguir y tratar de mantenernos. 

A largo plazo va a ser difícil porque seguramente esto se va a seguir extendiendo. Afortunadamente la casa es propia entonces no hay arriendo, pero esperamos que de alguna manera, el Ministerio de Cultura o el Estado, ayude con el tema de los impuestos porque es difícil con la nómina. Tenemos seis personas. Seguirá siendo difícil, ya lo era antes y ahora más, pero seguiremos manteniendo a Casa Tomada viva. 

 

Wilborada1047
(Yolanda Auza, fundadora)

Desde el 31 de marzo nuestras ventas han sido por los canales digitales minimizando los desplazamientos de nuestros libreros y colaboradores. Hemos diseñado paquetes temáticos de libros (grupos de 3 o 4 libros en un solo envío) y suscripciones temáticas a seis meses para ser entregados en los próximos seis meses. Mantenemos lecturas diarias de los libreros en Instagram así como la lectura de los niños. Estamos buscando las mejores alternativas para tener “Una hora con los libreros de Wilborada1047”, para que se conecten y conversen con ellos en busca de recomendaciones.

Nos afecta muchísimo esta situación. Las ventas de marzo se redujeron más del 40 % y las de abril se verán duramente afectadas también. Estamos usando el capital para pagar salarios y prestaciones, servicios y proveedores. Esperamos aguantar la coyuntura. Mientras tanto, la venta a través de los canales digitales ha funcionado del 2 de abril a hoy como una buena mitigación. Y el apoyo de nuestra comunidad también lo sentimos.

Confiamos en que esto sea una coyuntura temporal, no ha sido la única plaga por la que ha pasado la humanidad, y esperamos pasar al otro lado conservando nuestros libreros y el espíritu con el que fue creada la librería. Las crisis obligan a crear soluciones, particularmente para nosotros nos está fortaleciendo el comercio electrónico sin alejarnos de la comunidad y sin abandonar el oficio de librero ni nuestra actividad cultural. El libro ha superado muchas plagas y la literatura ha estado presente en varias de ellas.

 

Luvina Librería Galería Cafe
(Carlos Torres, fundador)

Luvina no ha dejado de mantener una continuidad en la comunicación con sus amigos y clientes. Lo hemos hecho a partir de la actividad cultural que siempre ha sido nuestro fuerte, ahora lo hacemos virtualmente. Utilizando plataformas como Zoom estamos realizando dos veces por semana el Club de lectura, los lunes y miércoles. En el último que se realizó participaron 20 personas en una relación amistosa, entrañable, literaria, lúdica y podríamos decir que feliz. Próximamente tendremos un foro sobre política, finanzas y coronavirus que está anunciado a través de nuestras redes, en Facebook hay dos páginas, y en nuestra página oficial. Seguimos funcionando muy activamente en redes. 

La situación nos ha afectado al 100 % la actividad económica, porque nuestra librería es una de reunión de encuentro, de sentarse a conversar, por lo que  un confinamiento absoluto obliga a tener las puertas cerradas. Y lo vamos a hacer hasta que se levante, porque es la manera más respetuosa, más fiel a las necesidades de la ciudad.

Lo virtual nos permite mantenernos en contacto con la ciudadanía, seguir reuniéndonos, seguimos siendo un espacio de literatura y de actividad cultural, pero en lo económico no es en lo absoluto significativo. Luvina en estos días está diseñando una estrategia metodológica que nos permita funcionar comercialmente como librería, puesto que sus demás actividades de Café son imposibles de realizar. Saldremos a final de mes con una estrategia comercial que se adapte a la coyuntura y la anunciaremos por las redes sociales. 

El futuro es difícil. Creo que la actividad económica para los microempresarios en este país está siendo muy complicada. Pero nosotros, como muchas librerías, tenemos una ventaja sobre otros negocios y es que lo hacemos por afecto, por pasión, por gusto. Nacimos y permaneceremos en la literatura. 

 

Librería Lerner
(Juan José Gaviria, director)

Días antes de que la Alcaldía de Bogotá decretara el simulacro, decidimos operar a media marcha. Casi todos los empleados de las áreas administrativa y contable empezamos a trabajar desde la casa a partir del lunes 16 de marzo. Los equipos de libreros trabajaron en turnos, con la esperanza de mitigar los riesgos para empleados y clientes durante esos días de marzo. A partir del viernes 20 debimos cerrar todas las sedes de la Librería, incluida la tienda virtual. Afortunadamente, una directriz de los ministerios de Comercio y Comunicaciones nos permitió operar la tienda virtual desde hace unos días.

Esta es una crisis brutal. Los presupuestos y la planeación del año son hoy una especie de sueño que empezamos a olvidar. La apertura de una sede en Bucaramanga quedó aplazada y a medio camino, la amortización de todas las inversiones ejecutadas en los últimos años pesan en los resultados, y los gastos de arriendo, nómina y servicios son verdaderos retos a resolver día a día. Afortunadamente, tenemos una página robusta y un equipo muy profesional de libreros que nos permite seguir adelante a pesar de la situación. Eso sí, esta no es una contingencia que pueda soportarse indefinidamente. Proveedores, arrendadores y otros acreedores han sido comprensivos, pero también ellos deben responder por sus obligaciones y empiezan a exigir soluciones. Ya veremos cómo nos las arreglamos entre todos, pero necesitaremos ayuda.

Procuramos ofrecer los mejores beneficios para los clientes de la Librería, pero es un momento en que los gastos adicionales o el sacrificio en los márgenes de cualquier negocio se sentirá con especial severidad. Por ahora, tenemos activa la posibilidad de envíos gratis para compras por determinado monto y bonos de descuento en la primera compra de las personas que se registran por primera vez en la página. Nuestra meta es sobrevivir los meses que dure la cuarentena (y la natural contracción del consumo cuando esta termine) sin afectar a nuestros empleados.

Solo tenemos claro que queremos sobrevivir y estamos tomando todas las medidas para lograrlo. Nuestra meta es mantener el equipo completo para reabrir con entusiasmo cuando la situación lo permita. Los libros, entendidos como producto, son un extraño artefacto. Sabemos que no son artículos de primera necesidad, en cuanto nadie se muere por falta de lectura, pero, ¿vale la pena vivir sin libros cuando se es lector? La vida sin ideas bien pensadas, sin historias bien contadas, es un campo devastado, una rutina agobiante y sin sorpresas, penumbra espiritual en la que solo nos queda repetir las frases hechas de las noticias, de los prelados, de los gobiernos y las oposiciones. Nosotros atendemos a un público para el cual los libros sí son de primera necesidad y, en ese sentido, sabemos que la Librería Lerner todavía tiene futuro. Esperemos que así sea.

 

Nueva Librería Francesa 
(Elizabeth Gómez, administradora)

Nosotros por el momento estamos enviando domicilios, recibiendo llamadas por teléfono, o por redes, y mandando lo que se tenga. Claramente la librería no está abierta al público respetando la cuarentena. En redes estamos promocionando los productos que está buscando la gente: libros de interés de nuestros clientes y juegos de mesa. Los publicamos en redes para mantenernos vivos y en la mente de las personas, para que cuando abramos nos sigan recordando. Facebook e Instagram están siendo nuestras herramientas. 

La coyuntura nos ha afectado al 100 %. Vivimos de las ventas físicas diarias, no por internet. Se han hecho algunos domicilios, pero no se ha completado ni lo de las ventas de un día. Es decir, repito, la afectación ha sido prácticamente al 100 %.

Estamos preocupados frente al futuro. Es incierto porque el gobierno no ha podido darnos unas fechas. Y es preocupante porque nuestros productos no son de primera necesidad y cuando se vuelva de la cuarentena la gente estará pensando más en estos y no en otro tipo de productos. En este momento no hay una estrategia por la incertidumbre de los tiempos y las restricciones que han ido poniendo. 

 

Tornamesa 
(Camilo de Mendoza, fundador)

Tornamesa está operando vía página web, con la tienda en línea. También estamos haciendo algunos eventos virtuales, aunque comparativamente son incluso menos que antes de la cuarentena. Hay varios pendientes que esperamos realizar próximamente. 

En realidad, por más que vendamos en la página web, máximo llegamos a vender un 10 % de lo que la librería abierta vende normalmente. Tenemos una nómina de 16 empleados y un par de arriendos muy costosos, y lo que hacemos en la web no alcanza a cubrir los costos básicos de sostenimiento. Esto genera mucha angustia en el sentido de que no sabemos hasta cuándo, como empresa, podemos aguantar sin los ingresos necesarios. 

La estrategia es fortalecer ventas online, que evidentemente han aumentado mucho y han sido la “salvación”. Estamos trabajando en una campaña en redes que general siempre han sido fuertes, creería que, en Bogotá, es una de las librerías con las redes sociales más robustas. Estamos trabajando entonces en una campaña con el hashtag #AdoptaUnaLibrería junto con la Cámara Colombiana del Libro. Con esta se busca sensibilizar a la gente para compren sus libros y las librerías no mueran. Realmente ha sido un sector muy afectado, como todos, por supuesto. Y la mayoría de las librerías independientes no tienen página web, quedando completamente fuera del mercado.

El futuro es complicado. Y lo difícil es que como todos los días cambian las decisiones, se crea una incertidumbre muy grande. Hemos planteado unas estrategias pero cada tanto ponen otras reglas de juego. No sabemos cuándo vamos a poder abrir y no tenemos muy claro cuál va a ser el comportamiento de los clientes después de que salgamos de la cuarentena. Sabemos, eso sí, que no va a ser nada fácil. Entonces, no solo es grave el momento actual con las librerías cerradas, sino que a futuro no vamos a volver a la normalidad tal y como estábamos. 

 

Librería Siglo del Hombre
(Felipe Grismaldo, librero principal)

Si bien tuvimos que cerrar las puertas de la librería, estamos gestionando pedidos a distancia a través de los canales digitales (página web, redes, correo electrónico, whatsapp). Atendemos de inmediato todas las consultas y gestionamos la compra y el envío de los libros. Los libreros gestionamos la venta desde nuestras casas, y un equipo pequeño pero muy valioso se encarga de procesar los despachos.

La coyuntura nos ha golpeado fuerte. Si bien tenemos canales online, uno de los principales valores de cualquier librería es su espacio físico. La disposición del espacio, su estética, la variedad y la ubicación de los libros, la atención que ofrecemos, nuestra especialidad como libreros, y esa sinergia que logramos con cada persona que nos visita, no se pueden traducir fácilmente a través de la gestión a distancia. En ese orden nuestras ventas han caído. Las estrategias que hemos aplicado han ido funcionando pero de manera muy gradual, ya que todavía es muy difícil traducir toda la experiencia que hay detrás de la visita y la atención en la librería. Los libreros también hemos tenido que reinventarnos para transmitir esa experiencia o para lograr una muy parecida y eficaz.

La estrategia se convierte en una forma de supervivencia en esta contingencia. Estamos haciendo promociones: por temporada estamos ofreciendo un 15 % de descuento en todos nuestros libros impresos, y asumimos el costo del envío local para ventas iguales o superiores a $50.000. Además estamos difundiendo campañas temáticas a través de nuestros canales en línea de maneras muy creativas. El objetivo es acercar a los lectores a la inmensa variedad de temáticas que aborda nuestro catálogo, y hacerlo de una forma que toque la sensibilidad de cualquier público: por ejemplo, desde campañas de libros que nos hablan del proceso y del placer de la escritura, hasta campañas de libros que buscan hacer más comprensibles los procesos vinculados a la enfermedad desde miradas científicas, históricas y sociales.

Es un hecho que este año será difícil, tanto para nosotros como para cualquier otra librería. Nuestra expectativa actual está muy lejos de lo que pensábamos hace tan solo dos meses. Vamos a mantenernos activos, pero debemos ser más recursivos y creativos. También, muy a nuestro pesar (porque este no es un escenario deseable), es una oportunidad de volvernos a pensar dentro de la cadena del libro, y de renovar nuestra relación con los lectores, que a fin de cuentas son determinantes para la existencia de cualquier espacio librería. 

A los lectores los necesitamos como siempre y quizás más que nunca, y por esto debemos recurrir a formas novedosas de comunicarnos con ellos. Este panorama también es una oportunidad para reforzar nuestros lazos entre los distintos sectores del libro: no solo con lectores, también con editores, distribuidores, bibliotecas, pero sobre todo con librerías. Es el momento de poner a prueba nuestra unión y ser solidarias las unas con las otras. No podemos darnos el lujo de permitir que una sola librería cierre.

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