¿Qué dice la psicología sobre las personas que maltratan animales?
El maltrato animal no es un asunto aislado ni un problema menor que compete únicamente a activistas o protectoras de fauna. La psicología, la criminología y el trabajo forense han construido durante décadas un cuerpo sólido de evidencia que lo sitúa en el centro de una conversación urgente sobre violencia, poder y peligro social. Quien ejerce crueldad sobre un ser vivo indefenso no solo está dañando al ser vivo: está revelando una arquitectura interna que, según los estudios, con frecuencia apunta hacia comportamientos violentos contra otras personas. Esto es lo que la ciencia sabe hoy.
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Quienes maltratan animales son más propensos a cometer crímenes contra seres humanos
Uno de los hallazgos más citados en la literatura especializada proviene de un estudio pionero realizado por la Massachusetts Society for the Prevention of Cruelty to Animals y la Northeastern University, que concluyó que las personas que maltratan animales son cinco veces más propensas a cometer crímenes violentos contra seres humanos. No es una correlación menor. Es una señal de alarma con respaldo estadístico que ha llevado a organismos como el FBI de Estados Unidos a incluir el maltrato animal como indicador de comportamiento criminal desde 2016, cuando comenzó a rastrearlo formalmente en su base de datos nacional de crímenes. El reporte del Boletín de Aplicación de Ley del FBI señala que el maltrato animal es un "crimen predictor" con la violencia contra parejas, niños y adultos mayores.
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¿Qué pasa con aquellos que maltrataban animales en la infancia?
La psicología forense también ha explorado qué ocurre cuando este patrón aparece desde temprana edad. Los estudios en criminología y psicología del desarrollo muestran que uno de los predictores de violencia en la adultez es haber ejercido maltrato animal de niño o adolescente. Un estudio de Merz-Perez y Heide (2004) encontró que el 56% de los agresores violentos analizados habían cometido crueldad animal, frente al 20% de quienes no tenían historial violento.
Wright y Hensley (2003), en su estudio de casos de asesinos en serie, identificaron que durante la infancia estas personas torturaban animales precisamente porque la figura que les causaba humillación o miedo era demasiado poderosa para enfrentarla; el animal era el sustituto del dominado, el ensayo de la violencia que escalarían hacia humanos. Un estudio de 45 reclusos varones considerados agresores violentos encontró que el 56% admitió haber cometido actos de violencia contra animales. El FBI llegó a la misma conclusión a través de sus propias entrevistas con asesinos en serie: algunos de los casos más documentados, como Jeffrey Dahmer, Dennis Rader y Richard Kuklinski, tenían historias de crueldad animal en su infancia.
El perfil de las personas que maltratan animales: antisociales
Un estudio publicado en el Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law (2002) encontró que las personas que maltratan animales presentan con frecuencia trastorno de personalidad antisocial, rasgos sádicos y abuso de sustancias. El mismo estudio indica que cuando estas conductas se presentan antes de los diez años, el pronóstico es significativamente más grave. Desde la criminología española, la investigación publicada en Dialnet por la Universidad de Barcelona señala que el maltrato animal está directamente relacionado con el Trastorno Disocial, que suele desarrollarse antes de los 16 años y que con frecuencia evoluciona hacia un Trastorno Antisocial de la Personalidad en la adultez. La falta de empatía, la incapacidad de remordimiento y el fracaso para adaptarse a las normas sociales son los rasgos que conectan ese perfil con altos niveles de psicopatía.
Cuando quien maltrata animales llega al poder: control absoluto
¿Y por qué importa conocer estos rasgos? Porque el maltrato animal no es una excentricidad privada, es un indicador de peligro público. Y ese peligro se multiplica cuando la persona que lo ejerce accede a posiciones de poder. Alguien con déficit de empatía, necesidad de control absoluto y antecedentes de violencia hacia seres vulnerables no deja de lado esos rasgos cuando ocupa un cargo institucional, político, empresarial o de autoridad. Los mismos mecanismos psicológicos que permiten dañar a un animal como la cosificación del otro, la búsqueda de dominancia o la ausencia de culpa (especialmente en aquellos que se ufanan de haberlo hecho) son exactamente los que facilitan el abuso de poder en contextos humanos. Como escribió el Premio Nobel de la Paz Albert Schweitzer:
"Cualquiera que esté acostumbrado a menospreciar la vida de cualquier ser viviente está en peligro de menospreciar también la vida humana."
Una señal que la sociedad sigue ignorando
Desde una perspectiva de salud pública y de sociedad justa, investigadores como los del Grupo de Perfilación y Análisis de la Conducta Criminal de la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona sostienen que el maltrato animal está infraestimado e infradiagnosticado, a pesar de las implicaciones éticas, de salud mental y de seguridad ciudadana que los estudios ya demuestran. Proponen que la crueldad hacia los animales en la infancia y adolescencia sea evaluada clínicamente como una señal de alarma temprana, exactamente como se evalúa cualquier otro indicador de riesgo de violencia. Eso requiere voluntad institucional, marcos legales más sólidos y una cultura que deje de tratar el maltrato animal como un delito menor.
Los animales no pueden hablar, pero la ciencia sí puede hacerlo por ellos y lo que está diciendo es claro: maltratar a un animal no es un asunto de sensibilidades, es una alerta sobre el tipo de persona con quien compartimos el espacio social. Proteger a los animales y proteger a las personas vulnerables son, desde la psicología y la criminología, exactamente el mismo proyecto.