Pájaros de verano: ¿Repetirán Cristina Gallego y Ciro Guerra nominación a los Oscar?

Esta es, posiblemente, la mejor película colombiana del cine actual. Tienen que verla, desde el 2 de agosto en salas de cine.

Pájaros de Verano es una reunión de historias, no es la historia de una o dos familias en pugnas, “hubo muchas familias que se pelearon, muchos clanes, tal vez la historia más conocida salió en la literatura a través de Laura Restrepo con Leopardo al Sol (1993)” cuenta Cristina Gallego, libro donde los Barraganes y los Monsalves protagonizan una guerra que nos ubica en La Bonanza Marimbera, un periodo corto (de 1975 a 1985) durante el cual se produjo una entrada de grandes cantidades de dólares a Colombia como producto de la actividad de narcotráficantes dedicados al cultivo y exportación ilícita de marihuana en la costa Caribe, principalmente desde departamentos como La Guajira, Cesar y Magdalena.

Pues bien, es en ese capítulo de nuestra historia donde nos ubican Cristina Gallego y Ciro Guerra con su nueva película, Pájaros de Verano (2018), ópera prima de Cristina, quien trabaja junto a Ciro previo a la formación de Ciudad Lunar Producciones, compañía con la que han sacado a la luz largometrajes como La sombra del caminante (2004), Los viajes del viento (2009), y la primera película colombiana nominada al Oscar, El abrazo de la serpiente (2016) dirigida y escrita por Ciro con la producción de Cristina. Ellos son una dupla creativa de esas soñadas, y estrenan (2 de agosto) en salas colombianas su nuevo proyecto, uno que supera todo lo que hicieron antes, y que desde ya se perfila como una de las mejores producciones cinematográficas de nuestro país.

 

La historia
Cap. I

Pájaros de Verano nos ubica en La Guajira durante la época de la llamada bonanza marimbera, y de la mano de una familia Wayúu encabezada por Rapayet Abuchaibe (José Acosta) y su suegra Úrsula Pushaina (Carmiña Martínez) nos cuenta una historia de ambición y honor, cargada de cultura y tradición, una guerra entre hermanos cuyas consecuencias son evidentes hasta nuestros días.

La historia, que inicia como una ficción antropológica en medio de cantos ancestrales y se presenta como una tragedia desde la figura del narrador, se transforma con maestría en una obra grande y poderosa que bebe del cine de gangsters, del western y del realismo mágico para contarnos una historia coral que explora la familia como institución a partir de las relaciones internas. Según cuenta Cristina Gallego, "en el proceso de investigación de Pájaros de Verano nos contaron muchas historias pero nos encontramos con muchas otras que no nos contaron, entonces la búsqueda fue la de la no representación y el silencio, y después de investigar mucho hallamos la historia de una mujer que había sido marimbera y que además vivía entre el mundo de los espíritus y de las fuerzas del poder indígena que nos sirvió para aterrizar esta realidad y aterrizar el guión."

Esa mujer es Úrsula, y su historia, cruzada por muchos otros personajes e innumerables características propias de su cultura, nos pone frente a un entramado que se completa con la participación del espectador y la relación que éste logra entablar con los personajes, presentados de manera fluida y única. 

 

La Investigación
Cap. II

Otra de las riquezas de Pájaros de Verano además de su historia y el dinamismo con la que se narra, es esa mirada profunda, acertada y respetuosa de los Wayúu, ese pueblo indígena que habita la península de La Guajira, cuyo tejido -con una estructura matriarcal- descansa en el mito y los ritos de iniciación del encierro adolescente, del que también somos partícipes en la película con la historia de Zaida (Natalia Reyes). 

Recios y solidarios, místicos y respetuosos de la palabra, los wayúu conservan celosamente sus tradiciones culturales, tan profundas como espirituales; su apego a la tierra y a su lengua, los hace habitar un mundo diferente al de los ‘arijunas’, extranjeros ya sean magdalenenses o chinos.

El retrato que hace la película de Cristina y Ciro de esa cultura es igual de arraigado y cuidado, pues según cuentan "para escribir el guión tuvimos una investigación muy fuerte, cultural y antropológica, asesorada por un especialista que revisó varias versiones del guión, que nos corrigió muchas cosas, representaciones, ritos". Al llegar a la Guajira para un rodaje de nueve semanas, lo que hizo el eqiupo de producción fue integrarse a la comunidad, el 30 % del equipo fue un equipo Wayúu, en las asistencias de producción, dirección y todos los departamentos de arte, ellos, según agrega Cristina, les decía cómo hacer y cómo no hacer las cosas, los corregían si tenían dudas o los corregían si estaban haciendo algo que no estuviera bien, "En el campo parte de la preparación fue ir a ver los rituales, ir a ver cómo son, cómo se organizan, y dejar que sean ellos quienes nos orienten porque nosotros más que llegar a imponer las historias que queremos contar a los lugares donde ocurren, llegamos a aprender de ellos, es un trabajo en doble vía."

 

La Dirección
Cap. III

"El mundo está dando un lento giro después de muchos años y luchas, y a partir de escándalos tan grandes como el que el año pasado generó el movimiento 'me too', estamos volteando lentamente a ver qué es lo que tenemos que decir las mujeres, ya que hasta ahora, aunque hemos hablado, no se nos ha escuchado, y se llega a decir que hemos estado prácticamente en silencio. Y el cine no es la excepción, aquí, como en tantos sectores de la vida, ocupamos un porcentaje mínimo en roles de creación, así como de interpretación (...)". Este es un pequeño fragmento del discurso que Cristina Gallego pronunció en durante la rueda de prensa en la que se anunció la elección de su cinta Pájaros de Verano, dirigida por ella y por Ciro Guerra, para ser la película inaugural de la edición 50 de la Quincena de Realizadores de Cannes; en ese discurso, Cristina, con elocuencia, sensibilidad y valentía, invitó a los periodistas y medios presentes a hacerse partícipes del momento tan importante que vivimos en nuestra construcción de igualdad, de justicia, y mencionó también a quienes han omitido su nombre y su crédito en la película que dirige junto a Ciro Guerra. Este pequeño pero significativo acto lo ve ella no como un caso aislado sino como un statu quo, y lo asocia directamente con la historia que ahora nos presenta, esa que investigó durante muchos años y ahora ve la luz en salas de cine. 

Este es el debut de Cristina Gallego como directora, y lo hace junto a Ciro Guerra, con quien ha trabajado codo a codo en producciones de renombre a nivel nacional e internacional; y desde su experiencia significó entrar directamente al mundo de la creación: "Para hacer esta película...yo lo había visto más desde afuera, pero experimentar y poder crear una tragedia de este tipo es como ir al fondo, experimentar un dolor muy grande y un entendimiento de la naturaleza, y de los personajes, y de la historia que estábamos contando. Tuvo que ver con exorcizar los propios demonios, la voz que estaba ahí, pero también siempre creando desde un privado, era como dar el paso al escenario público trayendo esta voz que había sido siempre co creadora con Ciro, siempre habíamos creado, siempre desde la intimidad y él siempre fue el personaje más público, pero esta película también trata de sacar el mundo femenino que está un poco más guardado y traerlo al escenario público." 

Si ya admiraban la dupla fantástica que hacen estos dos, Pájaros de Verano los hará querer más...

 

El lenguaje
Cap. IV

Desde el punto de vista del espectador, en esta historia Cristina y Ciro logran ese balance que tanto anhelamos los consumidores de cine colombiano, quienes hemos estado esperando ese equilibrio entre la contemplación y las buenas historias; y al preguntarle a Cristina por ese aspecto, dice: "creo que tiene que ver con la naturaleza de la historia, esta es una historia grande, muy narrativa, es una historia coral que tiene muchos personajes y en la que queremos explorar la familia y sus relaciones internas, entonces su naturaleza no es contemplativa sino narrativa".

Al comienzo del filme pensarán ustedes que se trata -como en muchas otras ocasiones- de esas historias con pocos diálogos y personajes sin potencial de crecimiento, pero además de tener personajes que van por el lado contrario, Pájaros de Verano tiene tramas complejas y su reconstrucción visual es más que impactante, es perfecta, y sigue teninedo un plus, su estructura narrativa que después de la tragedia inicial como presentación y representación, construye y narra en capítulos. 

"Lo de la capitulación no fue una idea que tuvimos desde el principio, la decisión de capitularla la tomamos al final del proceso de construcción del guión, inclusive hay un capítulo que se construyó en la edición. Uno piensa que tiene todo en la cabeza pero las películas se van haciendo y se van contando, nosotros hemos sido más vehículo para contar historias que gente que traiga historias en su cabeza y las quiera convertir y hacer película."

 

El resultado
Cap. V

Esta es una historia poderosa, buena e interesante, y su narrativa es ágil y entretenida; Pájaros de Verano es además una película que escribe nuestra historia y que a su vez brinda elementos para analizarla desde nuestra condición humana, y por ello es universal.

La comunidad Wayúu es muy tradicional, y aunque a veces pensamos que lo indígena -por hacer referencia a nuestras raíces- es lo sano y lo sagrado, esta historia y nuestro pasado (ubicado temporal y espacialmente en el origen de la historia del narcotráfico que tanto daño nos ha hecho) nos recrea como lo que somos, una sociedad absolutamente capitalista, y eso -como dice Cristina Gallego-  no está mal, "es la base de la construcción social del ser humano, el hecho de que podamos negociar, transar. Entonces esta forma y esta representación de la sociedad nos comunica con la humanidad" y eso que uno ve tan cerrado y perteneciente solo al mundo de lo Wayúu adquiere otro valor y nos identifica con ese territorio desconocido. 

Ésta, para mí, contrario a lo que dice Cristina Gallego, no es una película que hable o resignifique el valor que tienen -tenemos- las mujeres en la sociedad, quizá así lo siente ella porque cuando llegó al territorio lo que encontró en las narrativas locales fueron historias de hombres fuertes y líderes que silenciaban a las mujeres por muy matriarcal que fuese su cultura; lo que yo veo en la película que Cristina nos ha entregado con Ciro Guerra como codirector, es una historia que nos ubica en un episodio del pasado pero con unas problemáticas que siguen presentes en la actualidad y que no solo hacen referencia a nuestra condición de género, sea cual sea, sino que hacen referencia a nuestra condición humana. 

En la época de la bonanza marimbera la cultura Wayúu se vio amenzada por quienes a causa del dinero y el poder sacrificaron las tradiciones de su cultura y se enfrentaron a una serie de conflictos personales que muy bien retrata esta película. Ese conflicto se sigue repitiendo en divesos sectores de nuestra sociedad... buenos políticos a quienes el poder y el dinero corrompen, buenos humanos que a causa de los mismos intereses olvidan y sacrifican eso que nos los hace y los identifica. Hoy estamos también en una sociedad donde el valor de la palabra se ha perdido, y donde el dinero, la fama y el poder es lo único que importa. Y Pájaros de Verano -como lo dije antes- nos brinda con la mirada excepcional de un momento histórico, un panorama para pensarnos no solo en el pasado y el presente, también en el futuro, donde necesitaremos mucho más de eso que nos hace humanos. 

ncabezada por Rapayet

Abuchaibe y su suegra Úrsula Pushaina, y su evolución a lo l

argo de una década que

transformó al paí

s.

Se trata de un relato coral que se enmarca en los añ

os

del contrabando y

la bonanza marimbera, periodo que marca el final de toda una é

poca en Colombia.

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