Netflix / Cannes: plataformas digitales -Vs- formatos clásicos

¿El cine deja de ser cine si no se ve en salas?

La semana pasada durante el marco del festival de cine más importante e influyente del mundo: el festival de Cannes en Francia, hubo una polémica que lejos de ser una pelea aislada, dice mucho sobre la situación actual, las 'nuevas' formas de consumo y algunos autores que se niegan a aceptarlas. El jurado del festival decidió que las cintas que no sean exhibidas en una sala de cine, no tendrán la oportunidad de ser premiadas, y ni siquiera nominadas.

Aunque la regla aplica a cualquier película que haga esto, obvio es que el mensaje va para la plataforma de contenidos audiovisuales Netflix, la cual produce series y (lo fundamental en esta caso) películas que no pasan por ninguna plataforma clásica. Netflix, uno de los gigantes de internet, es sin duda una plataforma que invita a repensar la forma de consumos y los formatos en lo que se produce.

Pocos días después de anunciada la decisión de Cannes, el presidente del jurado, el reconocido director español Pedro Almodovar, explicó las razones de tal decisión, pero mas allá de la nostalgia por los 'viejos' formatos y el espíritu de las salas y la proyección, contrariado resulta que el director nacido de La Movida Madrileña, quien siempre trató de hacer un cine que rompía todo tipo de prejuicios, que peleaba con lo establecido y donde todo estaba permitido, haya dicho que las plataformas deben acomodarse a las leyes y los códigos que el cine siempre ha tenido. Y como si la actitud de un Almodovar anticuado, ultraconservador que incluso usó términos mafiosos como 'códigos', no fuera suficiente, sólo había que oír el final de su discurso, donde decía que nada le ganaba a la pantalla chica y que eso no debía cambiar.

El discurso me pareció muy errado, no sólo por el sorprendente giro ideológico de Almodovar (finalmente todos tenemos derecho a pensar una cosa, y pensar lo contrario con el tiempo) sino por la falta de preparación del festival, pues este debate estaba cocinándose desde hace más de 3 años y Cannes lo abordó de manera rápida, fácil, sin tomarse el tiempo de pensarlo como una forma de llevar el formato a nuevos lugares y exigir reinvención, no le dieron importancia, y cuando la polémica estalló no les quedó otra que apretar riendas alrededor de viejos canales y no permitir la llegada de nuevos.

Algunos de los comentarios que vi sobre el tema en mis redes sociales provenían de productores audiovisuales y directores, quienes explicaban que detrás de la decisión de Cannes hay un problema económico, ya que el cine en algunos países debe donar parte de su boletería a distintas instituciones, cosa que Netflix no está obligada a hacer, pues la plataforma no tiene ningún tipo de responsabilidad con el asunto. 

Ese asunto económico es sin duda una justificación mucho más razonable, sin embargo creo que la misma industria audiovisual debe ser consciente de lo poco que hace para afrontar el problema, el plan de cine para dos personas, es casi un lujo, y para una familia completa representa casi una quiebra.

Seguramente muchas cosas pasarán después y eventualmente el discurso retrógado tendrá que ceder ante la ola cada vez más grande de las plataformas digitales donde Netflix es la más grande, pero está lejos de ser la única. El futuro deberá incluir una regulación y eso no está mal. Pero mientras tanto tenemos que ver a íconos de la contracultura diciendo que el único cine que es realmente es cine es aquel que vemos en una pantalla oscura desconociendo los avances técnologícos y los nuevas formas de consumo. Gran error...

El cine es un formato que crece tanto que no se le puede detener, ni seguirlo forzando a que se vea de la misma manera como se hacía hace un siglo. Las salas de cine como espacio físico son fundamentales al momento de verder experiencias, pero está claro que no es la única forma de dialogar con una película. Yo celebro la llegada de cientos de canales que ayuden a hacer crecer el formato. Tal vez un día Almodovar también lo haga.

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