El legado de Héctor Mora

Era muy distinta la televisión colombiana en los años ochenta. Bajo un formato de programadoras existían muchos espacios donde la gente podía tener muchas más opciones que novelas y realities, sin necesidad de acudir a una incipiente televisión por cable de esas épocas.

Era muy distinta la televisión colombiana en los años ochenta. Bajo un formato de programadoras existían muchos espacios donde la gente podía tener muchas más opciones que novelas y realities, sin necesidad de acudir a una incipiente televisión por cable de esas épocas.

Cuando pienso en esos años, pienso en lo distintas que eran las comunicaciones y lo complicado que era comunicarse con el mundo en un país que sufría sus peores momentos de violencia y se resquebrajaba por dentro. A diferencia de lo que pasa hoy en día, la televisión colombiana servía como un apoyo contra la violencia y no era generador como hoy pasa. Dentro de muchos programas inolvidables, pocos tan importantes como Pasaporte al mundo con Héctor Mora. Un hombre con mucha curiosidad por los lugares que leía en los libros que le regalaba su padre y quería poder conocer. Por eso decidió que quería hacer un periodismo distinto al que se hacía en Colombia, y por eso decidió acercarse a Caracol Televisión y proponerles un programa que mostraría el mundo. Compró una cámara en Nueva York y con eso empezó a trabajar. Su primer programa fue en el desierto del Sahara con un antioqueño que vendía camellos, el segundo fue una entrevista a algunos de los miembros de la ETA el cual fue censurado. Gracias a eso el programa se consolidó. Hizo cosas tan increíbles como entrevistar a la madre Teresa de Calcuta. Eran aventuras impensadas e increíbles.

Pasaporte al mundo no era un programa arribista. No buscaba mostrar con presunción los lugares inalcanzables para muchos colombianos. Al revés: buscaba explorar y compartir, y que todos los televidentes nos sintiéramos parte del viaje. Eso se lograba gracias al ‘don de gente’ que Mora manejaba delante y detrás de la cámara.

Pasaporte al mundo siempre fue de mis programas favoritos. Verlo era un viaje a lo inesperado, y para un niño de los años ochenta esa era la mejor sensación. Tuve la suerte de entrevistarlo hace unos años y entendí por qué me gustaba tanto oírle sus historias. Un hombre que había recorrido el mundo entero varias veces, seguía con la emoción de su primer viaje. Fue un gran aprendizaje hablar con él.

Vía Señal Memoria

Pero como si ese legado no fuera suficiente, he tenido el privilegio de trabajar durante todos estos años con uno de sus hijos, Héctor Mora Jr., quien como su padre sabe qué es trabajar con ética, tiene un gran sentido de la comunicación responsable pero sobre todo, es un buen ser humano. A él y a toda la familia Mora les dedico estas palabras.

Que sea este momento para recordar a aquellos periodistas que nos han ayudado a crecer, a ser mejores personas y a mostrarnos el mundo, no para creernos de otro lado, sino para aprender a ser mejores colombianos.

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