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El mal sueño de Isaac

Un relato basado en hechos reales donde se evidencia la importancia de acompañar y hablar con los niños sobre la coyuntura del COVID 19.

El día transcurría sin novedades: clases virtuales, su mamá en el teletrabajo, un rato para jugar con la gata y un espacio para reírse con la abuela mientras improvisaban un baile. Su pasatiempo favorito era enfrentar las tropas de superhéroes con la maldad de demonios ficticios. Cotidianidades de encierro en días de pandemia.

Semanas atrás, Isaac había escuchado, mientras jugaba, comentarios sobre un aumento de contagios, especulaciones sobre el incremento de la temporada de resguardado y lo que eso implicaría para él: no asistir al colegio. Ya se había acostumbrado, al principio no entendió porqué sus primos no lo visitaban ni la encerrona de su mamá y también de su bisabuela.  Lo único claro es que el orden de sus días era otro. 

En casa recibió el eco de las noticias de trapos rojos colgados por personas que aguantaban hambre; sus tías residentes en España llamaban y con preocupación, contaban los estragos del coronavirus en Europa. Y él, ni a la acera podía salir y mucho menos jugar con Sofía, su amiga y vecina. ¡Algo muy extraño estaba pasando! 

Aquella jornada de acciones simples e imprescindibles había cumplido el ciclo diario. Eran las 8 y 30 de la noche. Llegó la hora de dormir. Antes, avanzaron en la lectura del cuento “Las brujas” de Roald Dahl donde todas las brujas del mundo se confabulaban para engañar a los niños con dulces envenenados y luego desaparecerlos del planeta: tras comerlo, cada infante se convertía en un ratón.  

En pleno rito nocturno de lectura, Isaac se quedó dormido, entonces su mamá le acomodó la cabeza con sutileza y lo ajustó a una almohada estampada con la imagen de Black Panther.  Al rato, ambos entraron en un profundo sueño. 

Pero a la 1 y 30 de la mañana el sueño del niño fue torpedeado y no precisamente por una bruja malvada, era algo peor: ¡un monstruo amorfo y amenazante que le jadeaba al oído y lo petrificaba! ¡Era una fuerza incorpórea que lo amordazaba y lo ataba a un vacío, arrojándolo a aquel ‘negro cósmico’ de la canción de Caifanes!

Tras luchar con su inconsciente, Isaac logró rasgar las ataduras y zafarse de esa fuerza controladora. ¡Despertó! Estaba llorando y sudando; su mamá se sentó en la cama y lo arropó entre sus brazos. 

Tranquilo, mi amor, tranquilo. Susurraba la madre mientras lo mecía y resonaba en su cabeza la melodía de "Glósóli" de Sigur Rós, canción que tanto ella como su hijo amaban por la evocación a la imaginación y la libertad, donde los niños volaban. 

Má, murmuró Isaac entre lágrimas y con voz trémula. Má –reiteró-, soñé que el coronavirus me mataba, expresó angustiado. 

La jornada de sueño en familia terminaría siguiendo las instrucciones del niño: “Má, tapémonos hasta la cabeza, cerremos las puertas, las ventanas, las cortinas y todo en la casa. No quiero que me lleve el coronavirus”.

A sus 5 años de edad, la pandemia creó un nuevo villano en la imaginación de Isaac, uno que sin superhéroes… deberá derrotar. 

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