Entrega de armas: un proceso tan simbólico como real

Los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) entregan sus fusiles a la ONU. No se vio, pero ocurrió, y todavía está ocurriendo.

Hay semanas importantes, fundamentales para la historia del país, y muchas veces no son vistas como se debería por los grandes medios de comunicación, pendientes éstos más de vender que de dar verdaderas noticias, como bien lo reconoció un presentador del canal RCN durante esta semana.

La verdad es que ver cómo se entregan las armas por parte de las FARC, ha sido un momento fundamental, el cual eventualmente tendrá su lugar en la historia, así muchos hoy no estén atentos.

Pero la indiferencia no es la única forma de menospreciar este momento tan importante. Muchos de los que por la razón que sea no creen en este proceso de paz, dijeron también esta semana que la entrega de armas es sólo un “acto simbólico”, insinuando de cirta manera que en términos reales, esto no cambia para nada la guerra y que en el fondo da lo mismo.

Sin embargo aquellos que dijeron eso no se dieron cuenta que estaban dando un gran argumento en nombre de la paz: claro que la entrega de armas tiene un peso simbólico grandísimo, y es tan importante como su peso real.

Empecemos por el principio: entregar las armas no 'da lo mismo', como nos quieren hacer creer. Más allá de que falten y de que sea un proceso complejo, el hecho de que cada hombre, mujer y joven colombiano deje de tener el arma con el que durante años peleó, es un paso adelante en todos los sentidos. Y aunque la totalidad de las armas deberá ser entregada el 20 de junio, el pasado miércoles, la misión de la ONU informó que recibieron el 40% de las más de 7.000 armas registradas.

De las manos de los alrededor de 7.000 guerrilleros que se encuentran en las zonas veredales, la ONU registró 7.132 armas, y desde el punto vista, real, este hecho sólo puede volvernos un mejor país. Que eso no arregle la cantidad de problemas que tenemos es otra cosa, estamos arreglando uno, que aunque hoy sea tratado como un asunto menor, no lo es.

Y a pesar de que algunos lo digan para quitarle importancia, claro que la entrega tiene un peso simbólico. Cada una de las personas que entregaron su arma, entregaron la que durante años fue su razón de ser, la que los reconocía e identificaba con un grupo frente a su enemigo, y nada más importante que en todas esas personas el arma deje de ser un extensión de sí mismos.

Este es un proceso que nos toca a todos como parte del conflicto, un proceso que con el paso de los años todos entenderemos, pero que requiere, paralelo a la dejación de las armas por parte de las FARC, un proceso pedagógico para la sociedad civil, sólo así lograremos un cambio verdadero.

Así que celebremos, sonriamos, lloremos incluso por este paso adelante que es real y (ni más faltaba) simbólico. Un país con menos armas es un mejor país. 

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