Una semana que no entendí… Muy en serio

Claramente el domingo es un día en que se puede tener una mirada reposada sobre los sucesos de los días anteriores. Bien sea para descansar, divertirse o actualizarse, es casi imposible para el ser humano sustraer sus emociones frente a los hechos cotidianos que marcan su vida cada 7 días.

Justamente en ese ejercicio de reposo, llegué a una conclusión muy clara…. ¡Esta semana no entendí nada!. Me explico:

1. Muere el cantante Chris Cornell de la agrupación norteamericana Soundgarden, todo un símbolo y una voz del movimiento grunge y la generación de los años 90.

Lo más triste es que abandonó este mundo terrenal con tan sólo 52 años, en mitad de una gira con el grupo y lo más difícil de asimilar, se suicidó ahorcándose en el baño del hotel, horas después de haber terminado un show en donde se despidió con la canción Slaves and Bulldozers.

Tras una carrera de 8 discos con Soundgarden y 5 álbumes como solista, claramente tomó por sorpresa a mundo de la música, pues si bien había sufrido de alcoholismo y algo de depresión en el pasado, no se tenían grandes indicios de una conducta que pudiera llevar a estos resultados. Muy triste historia que muchos fanáticos aún no logramos comprender.

2. Con gran alegría vemos como 'El Tigre' Falcao regresa a los podios, ahora como goleador y capitán del equipo ganador de la liga Francesa de Fútbol, el AS Mónaco. Por cierto, aunque Mónaco es un principado aparte, juega como parte de la liga francesa.

Lo que no entiendo entonces es como varios comentaristas deportivos colombianos afirmaron que Radamel era un ex futbolista hace algunos meses…. Es decir, estaban equivocados y como siempre, no entendemos entonces por qué lo criticaban tan fuerte, si su desempeño en efecto es de nivel.

3. Y sigo sin entender, ¿qué pasó en Rock Al Parque?

Es claro que la estrategia mediática del evento y el IDARTES de Bogotá es como diría Andrés López (el comediante): "Mejor deje así y aquí no ha pasado nada".

Sobretodo porque siendo honestos, el remedio resultó peor que la enfermedad, pero pareciera que el médico no lo dimensiona y todavía algo más grave, el paciente no se ha querido dar cuenta.

La razón argumentada por la entidad que realiza el festival fue que la campaña de desprestigio en redes que se desató por la visita del músico venezolano Paul Gillman fue tan grande, que se preveían problemas de orden público. En consecuencia y para salvaguardar la vida de los asistentes, debían desinvitar al artista invitado una semana antes. Lo anterior, simplemente sacándolo del cartel y esperando a ver qué pasaba.

Independientemente del nombre propio del artista o el de su detractor externo al IDARTES, lo que nos llama la atención es la vista gorda de los medios con preguntas básicas y simples al respecto, que cualquier periodista evidencia pero por lo visto calla.

Curiosamente, esa campaña no ha recibido a la fecha, ningún tipo de rechazo directo por parte de la misma entidad o de los medios, y mucho menos se ha realizado lo que debería ser un obligatorio y ejemplar llamado de atención a sus impulsores o protagonistas.

Queda la inquietud sobre si la decisión de cancelación que argumenta posibles problemas de “orden público”, fue tomada con el debido análisis, lectura de antecedes y estudios que debería tener para elegir ese cuestionado camino, un evento que es Patrimonio Cultural de Bogotá.

Lo anterior porque en verdad no encontramos antecedentes significativos de tal tipo de hechos, ni en Rock Al Parque, ni en ningún evento al parque de la ciudad, desde que existen hace más de dos décadas.

Siendo claros, esa afirmación que intimidó al Instituto Distrital de las Artes y a la Alcaldía Mayor, a la fecha no ha sido validada ni fundamentada en ningún ejercicio democrático que arroje cifra alguna que la respalde. Porque todo indica que no hay firmas recolectadas, votos registrados o acciones físicas reales que dieran piso a tal afirmación.

Por el contrario,  en esta ciudad, como en varias otras del territorio nacional, se han respetado las manifestaciones públicas de las  diversas ideologías políticas de nuestros vecinos; sin agresión, ni injerencia del grueso y común de la población colombiana.

Pensar que por el hecho de ser un festival de rock, reina en sus asistentes la anarquía, el vandalismo y sobretodo pretender que la intolerancia y el odio llevan la voz de los asistentes al evento, es un error.

Lo mismo el pensar que tras 22 exitosas ediciones y tras el crecimiento de la industria de festivales en nuestro país, no se está preparado para manejar presuntas situaciones, que a la hora de la verdad no pueden amedrentar al arte y la cultura.

Pero hay algo que es todavía más grave, significaría que en la ciudad existe una crisis de convivencia tan peligrosa, que debería estar siendo atacada con programas y lineamientos claros  y de frente.

Es decir, si Bogotá ha llegado a ese grado de intolerancia que afecta el desarrollo de eventos públicos, significa que hay un fracaso total en la política de convivencia y que el problema se ha mantenido oculto, permitiendo que siga creciendo.

Qué semana para dejarnos pensando… Mejor un vaso con agua, buena música y mucha Radiónica.

¡Feliz Domingo!

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