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(Reseña) The Righteous Gemstones y el lado más humano de la fe

Una de las series más exitosas en Estados Unidos confirma su renovación para una segunda temporada.

La serie creada por Danny McBride se ha convertido el dedo en la llaga de una industria creada en torno a la fe, que no solo cuestiona los valores cristianos promovidos por el capitalismo rampante sino que pone en el ojo del huracán al sistema de poder más arraigado en el centro del conservadurismo norteamericano.

HBO ha decidido renovar la serie a la mitad de su primera temporada, asegurando la continuidad de un proyecto que según comentó su creador para Radiónica y otros medios internacionales, nació de extrapolar las experiencias de su infancia bautista a un contexto aparentemente extraño pero no tan lejano de la realidad. “Esta idea de tomar una familia de megaiglesia y retratarlos casi como una familia de la mafia, tenía algo muy cómico para mí. Quería hacer un conjunto con muchos personajes y muchas historias para la audienciantonces comencé a visualizar a esta familia y los sentí reales bastante rápido. Yo crecí en un hogar realmente religioso, fui a una iglesia bautista cuando era niño, mis padres estaban involucrados en la iglesia y mi tía ahora es ministro en una iglesia.”

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McBride ha notado que las comedias religiosas pocas veces se han atrevido a cruzar ciertas líneas, y puede ser en parte al arraigado sistema de creencias norteamericano y su influencia en el poder, algo superficial y sin trascendencia. “Muchas veces cuando he visto comedias ambientadas en el mundo religioso, personalmente siento que no fueron tan divertidas. Y siento que es porque las personas que los hacen tienen demasiada distancia de la religión y las personas de fe, se siente como si solo estuvieras haciendo payasadas en base a sus creencias, lo que me parece barato. Quería crear algo un poco más auténtico.”

Danny McBride también se desempeña como director y productor ejecutivo, junto con Jody Hill, y logra una extrañamente común mezcla entre el proselitismo religioso y la extravagancia. Los Gemstones viven entre la opulencia y una interminable serie de malas elecciones, lo cual ofrece una mezcla constante de comedia negra y suspenso que ha hecho de la serie uno de los éxitos de la temporada.

A pesar de lo que se podría llegar a pensar, la serie no es un ataque a la religión, es una crítica a la sociedad de la apariencia y la hipocresía que llega en un momento muy especial del fundamentalismo cristiano en Estados Unidos. McBride tiene muy claro a quién quiere incomodar. “En última instancia, no se trata de tratar de enfocarse en la fe de las personas o sus creencias. En realidad solo se dirige a los hipócritas y en particular, a una familia que ha explotado la religión para su propio beneficio, lo que los ha hecho perder el contacto con su misión original”.

La serie salta rápidamente de la sátira al drama, aprovechando las licencias que la televisión por cable y los servicios de streaming pueden brindar. “Eso es lo que me encanta de la televisión, que tiene capítulos. Así que trato de seguir las historias que me gusta hacer, en las que puedes ser llevado a un libro de una manera y luego, cuatro capítulos, de repente estás leyendo sobre un personaje secundario que ilumina todo y te lleva a un lugar inesperado” comenta McBride. “Eso es lo que queríamos hacer aquí. Entramos en el programa a través de los ojos de mi personaje Jesse y de lo que está tratando, pero fue diseñado para que a medida que avanza el programa, comience a obtener los puntos de vista de otros personajes y, de repente, salga a la luz el problema central. Es mucho más que Jesse y sus problemas, poco a poco se convierte en un asunto de familia".

Al final The Righteous Gemstones da en el clavo al crear una relación con los personajes que ha probado ser muy exitosa en series recientes. Los Gemstones podrían ser unos clásicos villanos, eso, hasta el momento en que se empieza a entender su historia, su circunstancias y lo complejas y absurdas de sus decisiones en medio de todo el ambiente de poder que les rodea. “Con todos estos muchachos, la idea nunca es tolerar lo que están haciendo o apoyar a alguien que es malo por definición. Pero nuestro mundo podría usar más empatía al final del día, entendiendo que todos somos más similares de lo que se nos dice”.

Al final, todos somos los buenos o los malos, depende de quién cuente la historia. “Si puedes ver a alguien como Jesse y pensar que es un tonto y un estafador, también tienes que ver las inseguridades y problemas que pueden rodear su vida o la tuya, eso ayuda a las personas a ver que, en última instancia, todos estamos heridos y estamos tratando de dar lo mejor de nosotros mismos”.

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