Engativá: Una fuerza creadora

El horizonte cultural de Engativá cuenta con un renovado eje artístico: los colectivos de mujeres.

En medio de una entrevista, la poeta estadounidense Maya Angelou interrumpió al periodista y le dijo: anote esta frase y nunca la olvide. Después de un breve silencio acotó, “todas las tormentas se quedan sin agua”. La lucha feminista por la igualdad es justo eso; una tormenta a la que no se le acaba el agua, pero a la que cada vez le queda menos. Las mujeres, a su manera y desde cualquier lugar del mundo, contribuyen. Y las de Engativá no quieren ser la excepción.

Integrantes de barrios como El Minuto, Los Monjes y San Marcos hacen parte de esa paleta de acuarelas que ha terminado por dar color al quehacer artístico local. En Engativá, las manos liberan emociones y el cuerpo fluye hacia la relajación. Por eso es que allí las conexiones artísticas toman fuerza estética en técnicas que van desde el tejido a la cerámica.

“El arte es la herramienta para conectar con otros. La arcilla es transformación todo el tiempo. También se trata de potenciar las habilidades de cada persona y así, cada una encontrará en su transformación, un proceso de sanación”, dice la artista plástica Diana Pacazuca. Sus manos no solo moldean la cerámica para convertirla en una vasija, también moldean un modo de vida al que otras mujeres le estás apostando.

Es el caso de Lina Nieto, artista visual y plástica, quien hace énfasis en las sinergias y en la importancia de estas para crear colectivos como la Mesa de Artes Plásticas de Engativá. “Esta unión nace de varias coyunturas ya que la idea era dignificar el trabajo de los artistas visuales”, asegura Nieto.

El trabajo de la Mesa ayuda a los artistas a autogestionar sus proyectos. Allí discuten temas medioambientales y políticos de coyuntura como el de los líderes sociales. Además, las ferias artesanales, los ciclopasesos y las diversas exposiciones aseguran un entorno ameno para que incluso las mujeres que han sido víctimas de violencia se animen a dar su testimonio.

La expresión de esos relatos ha sorprendido a más de uno en la localidad. Varios artistas, interpelados ahora por las voces de quienes se atreven a hablar, ven en ese acto una herramienta más para desarrollar su trabajo. Como dice la artista Jenny Solaque: “por un lado ha sido impactante conocer esas realidades, pero a la vez es nutritivo escuchar la experiencia de cada una de las mujeres, sean mayores, jóvenes o niñas. Eso nos empieza a contar la manera en la que ellas se ven y se sienten dentro del lugar que habitan”.

De esas sinergias, las cuales llaman ‘Encuentros’, las mujeres de Engativá ya cuentan dos. El primero fue apenas la punta de lanza, la piedra que sostuvo esa acogida monumental que tuvo lugar en el segundo encuentro. A éste último llegaron mujeres especializadas en diversos rubros artísticos como el de las artes plásticas, musicales y escénicas. También hay espacio para el performance y hasta ferias artesanales. 

Paso a paso, las mujeres de Engativá han consolidado un tejido sólido por medio de una red de apoyo que involucra a toda la comunidad. “Por naturaleza somos creadoras”, dice en un momento una de las artistas. La frase queda impregnada por un momento en el ambiente y remite a esas mujeres que a diario ganan protagonismo en todos los ámbitos. Tenacidad, perseverancia y otros valores las acompañan en esas tareas ineludibles: denunciar injusticias, exigir la garantía de los derechos y cambiar la sociedad. 

A excepción de las que deciden hablar sobre la violencia que las impacta, el lenguaje de las palabras no es el que algunas de ellas prefieren para transmitir lo que sienten. Es ahí cuando el trabajo manual aparece como salvavidas para sanar y continuar. La tarea no es en vano; en el fondo subyace una necesidad de nombrar y visibilizar a quienes ponen en el centro del debate a la mujer.

 

 

En la historia de este lugar, como en la de muchos otros, los nombres que perduran son los de esos hombres nativos, conquistadores, encomenderos y sacerdortes que desde 1537 establecieron las bases de lo que hoy llamamos Engativá. Si cerca de 500 años fueron necesarios para que hoy nombremos a Lina, Diana y Jenny es porque el espacio para la creación está dado para dar protagonismo a otros relatos.

Los más avezados antropólogos sugieren que la denominación chibcha “inga-tiva” es una palabra compuesta que significa, según algunos, “tierra del sol” y según otros, “señor de lo ameno”. Si en esta localidad hay un sol más ameno está claro que los habitantes de la localidad se lo deben, en parte, al trabajo emancipador de sus mujeres, las cuales han dejado ya varias tormentas sin agua.

 

 

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