La pelota se quiere y se respeta en Barrios Unidos

En cemento, pasto o sintético, el fútbol se juega en cada rincón de la localidad número 12 de Bogotá.

Con 44 barrios y 254.162 habitantes, la localidad de Barrios Unidos destaca en Bogotá por su vocación totalmente urbana y por ser epicentro de comercio y servicios. 

La historia indica que su desarrollo ocurrió con la llamada “explosión demográfica” y la migración del campo a la ciudad, a partir de la década de 1950.

Se ubica en el noroccidente y limita, al occidente, con la Avenida carrera 68, que la separa de la localidad de Engativá; al sur, con la calle 63, que la separa de la localidad de Teusaquillo; al norte con la calle 100, que la separa de la localidad Suba y, al oriente, con la Avenida Caracas, que la separa de la localidad de Chapinero. Está cruzada por el río El Salitre y el canal Río Negro.

En Barrios Unidos operan los servicios automotrices y comercio de autopartes en el Siete de Agosto, al igual que los talleres metalmecánicos en el barrio Rio Negro, los de manufacturas de cuero en el Muequetá, las marqueterías en el barrio San Fernando o los talleres y almacenes de muebles de madera en el Doce de Octubre. 

 

 

También, en la localidad se registran manifestaciones artísticas y culturales como las fiestas tradicionales de los barrios de fechas patrias, como el Siete de Agosto, Doce de Octubre y Once de Noviembre, entre otras. 

Barrios Unidos es un diverso clúster económico y cultural. Además, en su espacio geográfico se concentra la mayor extensión de zonas verdes y arborizadas en el sector de El Salitre, donde se encuentran el Parque Metropolitano Simón Bolívar, el Museo de Los Niños, el Parque Salitre Mágico y el Centro de Alto Rendimiento, además del Palacio de los Deportes, y los parques zonas verdes Jorge Eliécer Gaitán y Modelo Norte, barrio donde se destacó el fútbol amateur bogotano, que nutrió con varios de sus jugadores a Millonarios y Santa Fe durante la época de El Dorado. 

Y no hay mediodía que se respete, para los trabajadores de talleres y fábricas de la localidad, sin el “picado” de banquitas, partido donde hay poca técnica, pero una vocación y amor por el balompié incomparables. 

Ahora, la localidad cuenta con escenarios adecuados para la práctica del fútbol mejores que la calle, con el tiempo las cosas cambiaron y las canchas sintéticas llegaron para quedarse. Es más, se puede jugar de noche gracias a la buena iluminación y ya no se pierde el tiempo ni la pelota en medio de la oscuridad. 

Es en estos espacios donde Juan José Cañón entrena todos los días para concretar su sueño de convertirse en jugador profesional. Así lo confirma su amigo de toda la vida, Erik Calderón, quien vive en la localidad desde hace 15 años y quien recuerda que desde el kínder y el colegio han cultivado esa pasión que genera el fútbol, sin importar si llovía, hacía sol, frío o era de noche o de día. 

Juan José y Erik destacan el apoyo, la unidad y el fervor de los vecinos de la localidad para apoyar los campeonatos, o simplemente dar dotación de balones, zapatillas, e incluso dinero para el pago de las inscripciones.  

Es un amor por la pelota y por los chicos y chicas futbolistas de la localidad, que también se ponen los “cortos” y arman equipos participando en campeonatos barriales y de los complejos de canchas sintéticas que se expandieron en toda la zona. 

Así que en Barrios Unidos el “pico y pala” para escoger equipo y la apuesta de la gaseosa y el roscón de 500 le seguirán poniendo ese sabor al fútbol aficionado, como una actividad deportiva que aleja de los problemas y da vida. 

 

 

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