El cielo, la tierra y los disfraces en las tradiciones del Caribe

Los 1 de noviembre, en Cartagena de Indias, se conmemora la memoria de los ángeles en una tradición heredada de España.

Los niños recorren las calles vestidos de colores, disfrazados de ángeles, o incluso con los trajes que usaron el día anterior, 31 de octubre, día de Halloween. 

El primer día de noviembre, niños y niñas esperan para reunirse y en un sitio de encuentro los más pequeños se equipan con palos, ollas, tapas y cualquier otro elemento para caminar y cantar estribillos como este: “Ángeles somos, del cielo venimos pidiendo limosna pa’ nosotros mismos”. Y en ese golpe de ollas con tapas, palos y otros elementos, van recogiendo plátano, ñame, yuca, carne, maíz, papa, y vegetales con el fin de preparar un sancocho al finalizar la tarde.  

Esta celebración ha estado a punto de desaparecer. Una de sus defensoras, y quien se ha encargado de sacarla del olvido desde los años setenta, es Rosita Díaz de Paniagua, quien en una entrevista manifestó que: “El Halloween no fue lo que rebajó la tradición de Ángeles Somos, sino las condiciones del desarrollo urbano que desestimularon la vigencia de la tradición. En 1983 vi la necesidad de rescatarla, fui donde el alcalde de turno, Antonio Pretelt Emiliani, y le pregunté qué había programado para los niños, me dijo que nada y que le propusiera algo. Fue así como le propuse rescatar Ángeles Somos y ese año hicimos el primer festival de cine infantil, desfiles. Se puede decir que desde ese momento quedé encargada”.

Rosita dice que Ángeles Somos es una tradición que debía ser rescatada no solo por ser la única celebración tradicional en el Caribe colombiano centrada en los niños, alrededor del juego, la música y del canto, sino porque destaca valores importantes como la solidaridad, el trabajo en equipo, cooperación e integración.

Si bien es cierto que Ángeles somos nace de la resistencia cristiana a asimilar el Halloween, en la Heroíca esto ha quedado en un segundo plano, pues ambas festividades conviven y se han propagado a lo largo de las ciudades del Caribe con la misma intensidad, donde también buscan fomentar la solidaridad entre las familias.

Recientemente en Barranquilla, surgió una iniciativa ciudadana que fomenta la participación de la música tradicional de la región con coplas improvisadas (algunas preparadas) por familias que se han unido para salvaguardar los ritmos y las historias del Caribe en una tradición. Con el acompañamiento de la tambora, la guacharaca y la viva voz de un numeroso grupo de familias enteras y niños que recorren las calles con sus disfraces “los cantores quilleros” van dejando su alegría y sus rimas en las casas a las que llegan pidiendo, golosinas, crispetas, cocadas e incluso, butifarras.   

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