Vargas Llosa en el Hay Festival

“-Cuatro-, dijo el Jaguar”. Aquella, una de las frases más famosas de la literatura universal, fue escrita por el Nobel peruano Mario Vargas Llosa como arranque de “La ciudad y los perros”, una obra escrita cuando el autor arequipeño apenas si frisaba los 30 años.

Fueron esas unas épocas en las que el ímpetu de su edad, encauzado correctamente hacia una pulsión literaria reflejada en un método de trabajo espartano y riguroso, generaron una serie de enormes personajes de ficción, muchos de ellos labrados en la inquietud de esos mismos años.

El Jaguar y los demás "perros" del liceo Leoncio Prado, el pichón de periodista Varguitas enamorado de su tía Julia, Lituma y demás integrantes de su grupo de amigotes en “La casa verde”, hacen parte de ese grupo de nombres en los que podía dividirse la personalidad de un Vargas Llosa apenas salido de la adolescencia.

Mario Vargas Llosa estuvo presente en la programación del Hay Festival. Allí se remitió a este antecedente entrañable de una obra que completa muchísimos volúmenes ya, y en la que los sucesos de otras épocas se combinan ya con visiones políticas, análisis literarios, opiniones francas y personales pero, sobre todo, la conciencia de que al referirnos a Vargas Llosa hablamos ya no de un escritor, sino de un intelectual a todas luces.

En la mesa lo acompañó el bogotano Carlos Granés, probablemente uno de los estudiosos y amigos que mejor lo conoce, asistente de dirección de la cátedra que lleva el nombre del escritor en Madrid. En 2008, Granés publicó su ensayo "La revancha de la imaginación. Antropología de los procesos de creación: Mario Vargas Llosa y José Alejandro Restrepo", en el que encontraba vínculos entre la literatura del autor de “La ciudad y los perros” y la obra plástica del bogotano, famoso por su serie fotográfica “Musa paradisíaca”. 


 

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