Una visita al Salón (inter) Nacional de Artistas

Prepárense para un recorrido en el que contemplar es emocionarse, en el que entender es ser consciente, y en el que saber es desconocer. Una gran muestra para todos de obras de arte hecho en Colombia, sacudirá sus sentidos y les abrirá los ojos a través de lo que proponen y revelan. Contradicciones, fuerzas opuestas y oximorones, todo esto en siete diferentes espacios en Medellín. Por Andrés Elasmar.

Es justo decir que no existe en este momento en el país un espacio de exposición para el arte hecho en Colombia como el 43 Salón (inter) Nacional de Artistas (el “inter” es porque por primera vez también presenta trabajos extranjeros).
 
Seguramente, después de tantas décadas de historia, hay otros lugares donde el arte contemporáneo y alternativo se sientan representados también, pero la cantidad de obras, la diversidad de las mismas, sus formatos y sus autores, los lugares de exhibición, y el desarrollo del concepto “saber desconocer” por parte de la curaduría, hacen que, más allá de su prestigio, logre decirnos un montón sobre qué es el arte, y sobre lo que piensan, lo que ven y lo que quieren decir nuestros artistas hoy en día.

Se trata de un lugar sobre todo de interacción, de tocar, de “sentarse” en las obras, de untarse de pintura y de reflexionar sobre cosas como: ¿por qué nos ponemos alerta en la oscuridad cuando sabemos que no hay nada que temer? o ¿qué nos dice de nuestra identidad una tribu indígena fotografiada en la Zona T de Bogotá frente a almacenes europeos y maniquís con cuerpos occidentales (“Tubu” de Juan Carlos Calderón)?. Pero también tiene el poder de despertar nuestros sentidos cuando nos muestra, por ejemplo, cómo se ven 24 horas desde un paisaje de montaña de Colombia, al confrontar la noche con el día en el vídeo “Cauca” de Camilo Echavarría.

Este año, el objetivo está propuesto desde la dicotomía del "saber" (todo eso que es claro, seguro, y cercano, pero que puede estar sesgado) y "desconocer", el extremo de las ambigüedades que nos causan dudas, cuestionamientos e incomodidades porque nos sacan de nuestra zona de confort. Y “saber desconocer”, pegado, se refiere a que a veces es mejor desaprender para entender. Lo que queda en el medio de los choques y relaciones que hacen los artistas a partir de ese tema, a veces arbitrarias, a veces sutiles, otras más directas, pero casi siempre emocionales y humanas, es el espectador.

No por esto se trata un evento extraterrestre que abrume por su nivel académico o conceptual. Tampoco sobra decir que es gratuito, abierto para todo el mundo, que se está exponiendo en Medellín hasta el 8 de noviembre de 2013, y que tiene como uno de sus propósitos acercarse a la gente de todas partes. “No hay que saber qué es eso de arte contemporáneo, hay que venir y perderle el miedo a no saber” dijo Mariángela Méndez, su directora artística, en la inauguración. 

El Salón no los recibirá con corredores interminables de pinturas "comunes", puestas detrás de líneas invisibles que no se pueden cruzar, que no dejan tocar o sentir.

Pero aunque sí parezca albergar ideas de otros mundos, esta muestra hace honor a su nombre: es un salón abierto donde cualquiera puede aprender y sorprenderse con lo que solo a través del arte se puede vislumbrar, interpretar o percibir del mundo. En este caso, nos confronta con los colores, las aristas y los relatos del mundo y las personas que a veces no se ven en la vida diaria, en los medios de comunicación, en los discursos hegemónicos, o en la realidad aparente, la cual nos desensibiliza al punto de que termiámos viéndola como una repetición que no vale la pena cuestionar. Sin embargo, el arte es disruptivo y nos hace ver la luz a partir de la oscuridad.

Para la muestra un botón. Marcos Ávila y el artista Ruperto Ahuanari, intentan hacernos comprender la gravedad y la tristeza de la extinción de una especie, mostrándonos que el único manatí que ahora nada por el río Tarapoto es uno hecho de madera por ellos, empujado por alguien contratado para hacerlo. Por su parte, la artista mexicana Anuar Elías, rompe con el discurso de lo que significa una nación latinoamericana como Bolivia, reflexionando sobre el poder de las palabras y cómo cambian sus significados en “Proyección de vídeo de dos canales”.

El 43SNA es sin lugar a dudas un lugar de confrontación de ideas y conceptos que no parecen tener que ver unos con otros, pero que en un punto, en una obra, en un vídeo, en una instalación, se entrecruzan y resignifican supuestos, dándonos a entender y recordar en un segundo quiénes somos y sensibilizarnos frente a realidades que a veces ignoramos.

Juan Manuel Echavarríaen vez de mostrar cuerpos o sangre humana, comunica más fuerte la violencia en Colombia con su serie “Testigos”, a partir de fotografías de animales que deambulan solitarios en medio de construcciones desoladas o destruídas después de un ataque armado. 

Así como estas, son cientos de obras de diversos temas, unos más personales, otros que nos tocan a todos como colombianos, y a los ciudadanos globales, las que componen el 43SNA en siete espacios: Museo de Antioquia, Casa del Encuentro, Museo de Arte Moderno de Medellín, Edificio Antioquia, Jardín Botánico, el espacio público e internet.

Esta es una invitación a visitarlo, y a dejarse llevar por lo que muestra la exposición. Es la única manera de comprender que hay diferentes visiones para todo lo que creemos a veces que es único y verdadero. 
 


"Testigo" de Juan Manuel Echavarría 


De la serie "Antropometrías aproximadas", Alberto Baraya


"Efecto Invernadero" de Fredy Alzate


De la serie "Tubu", Juan Carlos Calderón


"Yo no soy un hombre (del proyecto Año Cero), Francois Bucher


43sna.com

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