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Una fiesta reluciente y rechinante en Bogotá

El pasado sábado 7 de mayo se reunieron distintas generaciones para celebrar la unión, la vida y la música. La Fiesta reluciente y rechinante unió a Salsangroove, Superlitio y Aterciopelados.

Aterciopelados tocó una vez más en casa. Bogotá celebró una noche musical que comenzó con Salsangroove, uno de los proyectos de Pablo Martínez, ex volcalista de la orquesta La 33, quien previamente, año 2009, y en los recesos de la banda de los hermanos Mejía y acompañado por Javier Pinto (Mojarra Eléctrica), el trombonista José Miguel Vega, el timbalero Juan David Fernández, el guitarrista Sebastián Villanueva (Phonoclórica) y Juan Carlos Arrechea (La Revuelta) se había aventurado, inmersos en funk, salsa, timba, merengue, champeta, kuduro y guagauancó, a formar Rumbanbass, una banda que hoy por hoy no existe pero que sin duda hace parte de la genésis lo que hoy es Salsangroove, una banda que formada por el mismo PabloJuan Felipe Cardenas (ex saxofonista y compostor de La 33), Juan Carlos Arrechea y Mauricio García.

Salsangroove pone al público a bailar canciones emblemáticas de la salsa a punta de versiones modernas cargadas de experimentación, un sonido vintage donde convergen la salsa, la electrónica y las raíces de la música afrocolombiana. Exitos como Llorarás, La Temperatura, Mujer Divina y Pedro Simón son producidos y reinterpretados en ritmos contemporáneos, pura fiesta, potentes beats, el poder de la conga y el timbal, saxofones procesados en vivo, y la voz de un buen sonero.

Hacía las 11 pm llegó el turno de Superlitio, quienes presentaron un repertorio variado que se paseó por todos sus éxitos incluyendo Colmillos, Viernes Otra Vez, Champetrónica y un adelanto de lo que será su nuevo álbum: Bailando la Revolución

Superlitio demostró el por qué la importancia que han tenido a lo largo de más de 20 años de carrera, un show potente e impactante en el que se destaca su increíble conexión con un público que cantó cada uno de los temas que fueron desfilando por más de una hora de espectáculo. Es claro que, sumado a ritmos pegajosos y alegres, su mensaje llega muy fácil a la gente y genera un ambiente de unidad y comunión.

Durante todo el concierto Felipe Bravo fue enfático en rescatar el baile y la fiesta como opción de cambio: “Bailar es la mejor forma de sentirse vivo”, fue una de las frases que marcó el desarrollo del show y dejó ver el nuevo concepto de una banda que, a través de sus letras, quiere tomar una posición frente a la realidad de nuestro país. 

Cerca de la 1:00 a.m. unos relucientes y Aterciopelados con Hector y Andrea a la cabeza, acompañados de su impecable banda, se hicieron presentes para terminar de encender un público con ganas de bailar, saltar y cantar cada uno de sus éxitos. 

Aterciopelados brilló, más que nunca, por su espectáculo completo donde pareciera que ningún detalle se les escapa. Un repertorio cargado de éxitos, visuales acordes al momento del show y un juego de luces que resaltaba la belleza de la propuesta y de un nuevo vestuario que siguiendo la línea estética de la banda, hizo honor a la naturaleza, a esta tierra que nos mantiene vivos. Un show impactante y memorable.

Impresionante el carácter de leyenda que ha tomado esta banda, una propuesta que con el paso del tiempo hemos visto fortalecida, un referente de la constancia, el trabajo y la paciencia, pilares en la consolidación de una banda que con calidad construye público y genera en éste un deseo de cambio a punta de un discurso cargado de amor y respeto. 

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