Sergio David Díaz, remando hacia Tokio 2020

Montado en su canoa, este paisa se hace camino con paciencia y tenacidad para llegar a las aguas de Tokio en los Juegos Olímpicos de 2020.

Un mar en calma reina en el panorama, mientras la corriente mece lentamente la embarcación en la que usted, quien lee este texto, se pueda encontrar. Ahora, agregue a eso una fila de remos que rompa el cauce del agua, la fuerza que se requiere para navegar a veces contracorriente y la resistencia a llevar kilómetros de recorrido solo impulsado por sus brazos. Eso es el canotaje, un deporte que combina la tranquilidad del agua con la complejidad de una disciplina donde la fuerza y la resistencia son sus pilares. 

En nuestro país uno de esos hombres del agua que lleva años remando a contra corriente, literal y metafóricamente, es Sergio David Díaz, un paisa que jamás creyó que el canotaje iba a ser su apuesta de vida cuando apenas lo conoció siendo muy adolescente, y yendo a encontrarse con una canoa por primera vez más por impulso de un profesor que por su propia voluntad: “un profesor en 2006 me generó la duda de qué era canotaje y como muy gomoso, queriendo estar en todos los deportes, comencé a ir al Parque Norte, donde la Liga de canotaje entrenaba hace unos años, y al destacarme en una competencia de inter colegiados me invitaron para que siguiera practicando”.

Cuando se subió en una canoa por primera vez para competir, ya era un deportista que entrenaba con regularidad, aunque lo hacía con los pies sobre la grama: “en ese entonces ya jugaba fútbol en un equipo del barrio Enciso, pero el canotaje me llamó la atención por el contacto con el agua y porque era muy diferente a todo lo que había visto”.

De ese inicio a hoy ya han pasado 11 años, más de una década que le ha corroborado que su amor es con el agua: “yo soy un enamorado de la naturaleza y del agua en particular. Desde pequeño mi mamá me decía que tenía esa afición por el agua ya que era feliz cuando ella me sumergía en ella. Y aunque nunca tuve la oportunidad de practicar la natación como deporte, cada vez que tengo una oportunidad y termino entrenamiento en la canoa, me tiro a nadar un rato y a disfrutar el agua de cada lugar donde compito o entreno”, afirma Díaz, quien aspira a ser uno de los deportistas colombianos en Tokio 2020.

El agua, una canoa y su remo lo han llevado a navegar dentro de diversos países, a moverse por toda Colombia y a crecer como un deportista que ahora se prepara para buscar su participación en unos Juegos Olímpicos, particularmente en Tokio 2020.

Más allá de cualquier cosa, el canotaje, literalmente, le cambió la vida: “yo me crié en un barrio de Medellín donde el parche de los jóvenes era irse para las esquinas, y el canotaje me enseñó buenos valores, disciplina, trabajo en equipo, a fortalecerme psicológicamente”, cuenta Sergio cuando recuerda su adolescencia en el barrio Enciso, ubicado en el centro oriente de Medellín.

Hoy su vida está dedicada al canotaje en un 100%. Entrena mañanas, tardes y noches, estudia para mejorar constantemente y hasta su proyecto empresarial está dirigido a esta disciplina. Pero Sergio sigue siendo una persona que sueña y ama explorar como cualquiera de nosotros. Además de nadar, disfruta practicar el off road, o recorrer caminos de trocha en una motocicleta, para encontrar charcos, ríos y otros tesoros alejados de la urbanidad. En sus palabras, “me gusta ser como un niño, disfrutar cada cosita nueva que veo, cada detalle”.

De la calma a la adrenalina, así puede ser un viaje de Sergio, ¿qué pasará por su cabeza mientras compite y rema sin dar su brazo a torcer?: “estar entrenando con los compañeros al lado o cuando estás compitiendo sobre la canoa, se borran todos los problemas, se despeja la mente, porque estás concentrado en que cada palada, cada suspiro, te acerca más a lo que estás soñando”.

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