[Edimburgo Stadium] Renton, Spud, Sick Boy y Begbie nunca se fueron



Muy difícil dejar pasar T2 porque el viaje es tan meláncolico que parece que no vamos a querer bajarnos del Delorean. 

Oscar Javier Romero
Por: Oscar Javier Romero - Jueves, 20 Abril, 2017 - 15:35

Un día de 1998, año en el que colgué definitivamente el uniforme del colegio, escaneé junto a un grupo de primos las cajas de VHS acomodadas a la fuerza en los estantes de la videotienda del barrio. Después de mucho caminar los pasillos y obviar sin mucho apuro la sección de adultos, coincidimos como si nos sintiéramos identificados, en que la mejor opción era llevarnos para la casa una película que desde la misma portada guardaba despreocupación, desesperanza y relajo. Nos llevamos para la casa TRAINSPOTTING.

Esa película nos aceleró el timing, rogábamos que se nos pasara el bus para poder perseguirlo con un trote furioso mientras tarareábamos Lust For Life de Iggy Pop; le temimos por muchos años al calentao’ con frijoles, en los picaos del barrio al arquero más bien tronco le decíamos Spud y a aquel que no podía mantener la compostura y quería armar pelotera por nimiedades, era muy difícil no decirle Begbie, al entusado que salía de la pubertad lo “consolábamos” diciendo: “A usted le pasó la de Tommy”, y finalmente por esa misma búsqueda de un futuro saliendo del colegio y tener que escoger una vida, todos resultábamos siendo Renton.  

20 años han pasado y la historia sigue dando vueltas por el sistema. 20 años y el tridente Welsh (autor de la novela), Boyle (director de la película) y Hodge (guionista de la película)  regresa para mostrarnos que pasó con las frenéticas vidas de Renton, Spud, Begbie y Sick Boy en un Edimburgo que tampoco se libró del frenético e infalible paso del tiempo.

Llega Trainspotting 2 y hay mucho para decir pero sobre todo hay mucho para ver, porque no solo nos arrugamos, el cuerpo no es lo único que nos empieza a pedir pausas, el compromiso no es lo único que nos agobia, pagar las cuentas no es lo único por lo que nos levantamos todos los días ¡No! Seguimos respirándole en la nuca al mundo porque continuamos en esa carrera contra el reloj de escoger una vida.

La sonrisa de Renton al final de la primera película con 16 mil libras en el bolso nos dice que no hubo culpas y su aterrizaje en Edimburgo 20 años después, parece mostrarnos que el sentimiento sigue siendo el mismo; tenemos que entender a Mark: su elección fue irse para hacer una nueva vida, su elección fue volver porque extrañaba el sabor amargo de la vieja. Renton vivió y disfrutó la plata de todos (bueno, menos de Spud), y volvió a un lugar en el que se estaba cocinando con el fogón al máximo el odio de los que perdieron esa oportunidad.

Seguimos haciendo tour por los baños de Edimburgo que necesitan urgente la mano de un plomero, celebreamos goles como si los hubiéramos hecho en el último minuto en la copa del mundo, creemos en la amistad remontándonos a la inocencia propia de la niñez y nos rencontramos con el pasado para decirle que lo extrañamos pero también para exigirle una disculpa.

Un Danny Boyle 4.0 soberbio que nos muestra con todo su repertorio audiovisual los sentimientos profundos de un Renton que busca redención, esperanza y la adicción por algo más (Imperdible el monólogo que recita y que seguro tuvo atorado en la traquea durante  20 años); nos muestra a un Sick Boy que quiere ganarse la vida a punta de trafugadas y dildos; un Begbie que lo único que tiene son sus puños y su carácter volátil que se tropiezan con un legado que lo pone a pensar; y finamente un Spud que lucha desde su heroinomana ternura por encontrar respuestas en algo que no sean agujas queriendo cambiar sus venas por hojas en blanco y dejar las jeringas por tinta (imperdibles los homenajes a clásicos cinematográficos del boxeo).

Muy difícil dejar pasar T2 porque el viaje es tan meláncolico que parece que no vamos a querer bajarnos del Delorean. Fiel a su escencia esta película inyecta una banda sonora excepcional, es importante, tanto, que en algún momento Renton va a querer usar la aguja, la del tocadiscos, lo piensa, escoje el mejor momento para que suene la mezcla que hace The Prodigy de Lust For Life, y así es, cuando suena es muy difícil no contener la respiración y agarrar con fuerza los apoyabrazos de la silla.

Es la película que me imaginé. La vida cambia, los años pasan, los amigos persisten, los odios mueren pero también se alimentan, el entorno nos condiciona, nos estancamos y decidímos también dejar de hacerlo, escogemos nuestra vida porque es nuestro derecho. Están Renton, Spud, Sick Boy y Begbie, está Edimburgo, está Diane, está Veronika ( un personaje nuevo que parece haber sido escogido por todos), las adicciones nos rodean, solo hay que escoger ser adicto a otra cosa.

No vale la pena comparar, vale la pena escoger disfrutarla.