Mariana Pajón. Campeona olímpica 2016. Foto: Colprensa.

¿Quién debería ser el deportista del año en Colombia?

Debate interesante (por momentos, candente) el que se ha generado acerca de quién debería ser el deportista del año en Colombia.

Esta dura misión, como era de esperarse, ocurre en el año más glorioso en la historia del deporte colombiano. Elegir uno solo es algo difícil, casi imposible, y será sin duda alguna, materia de discusión y controversia por mucho tiempo.

Años atrás, el deporte colombiano venía anticipando lo que este 2016 nos traería en materia de alegrías. La gesta de nuestros representantes en los JJOO de Londres 2012, mas las memorables actuaciones de nuestros ciclistas en las distintas y desafiantes pruebas del mundo, y tantas otras conquistas deportivas en varias disciplinas individuales, eran solo el inicio.

El 2016 no pasará desapercibido nunca más: Los Juegos Olímpicos y Paralímpicos, la Vuelta a España y la Copa Libertadores, para poner algunos ejemplos, pusieron a Colombia en la gloria deportiva internacional. La planificación seria, el profesionalismo de nuestros deportistas y el apetito insaciable por ganar fueron las claves y lo que ponen hoy en día a pensar a más de uno. Porque debemos ser claros: hay que elegir.

Los candidatos

Algunos nombres: Mariana Pajón (Oro BMX), Catherine Ibargüen (Oro salto triple), Óscar Figueroa (Oro levantamiento de pesas) y Nairo Quintana (campeón vuelta a España) son los más sonados, recordados, mediáticos. Sin embargo, cómo dejar por fuera, por ejemplo, a Mauricio Valencia y Carlos Serrano, ganadores de medalla de oro en los juegos paralímpicos en lanzamiento de jabalina y natación respectivamente, y cuyo tesón y ejemplo de superación los ponen a la par de los más grandes.

Acá vale la pena hacer un paréntesis: ninguna conquista obtenida es menor que la obtenida por su colega. Cierto es que algunos deportes tienen más convocatoria que otros, pero el esfuerzo por conseguir la gloria es el mismo. Son deportistas que sufren, hacen sacrificios y trabajan bajo presión para lograr los objetivos. Peor sería dividirnos y discutir absurda y enardecidamente en ello, demeritando lo logrado por sus pares. Lamentablemente ya ocurrió, generando una reacción molesta y totalmente entendible de uno de nuestros deportistas.

¿Qué hacer?

En el momento de tomar decisiones difíciles, la unión hace la fuerza. Sobre todo en el contexto histórico que el país vive a nivel social y político, unificar conceptos y tirar para el mismo lado traerá solo cosas buenas. Esta es mi propuesta:

Primero: invito a los dos medios escritos más reconocidos de Colombia, El Espectador y El Tiempo, a unificar, por este año, la entrega del premio al mejor deportista del año, evitando la polarización y juntos ser el puente de todo un país que quiere agradecer por tanto al deporte colombiano en este 2016. Que sean los dos medios de comunicación en mención, un ejemplo de unión y espíritu ante el mundo.

Segundo: entregar este reconocimiento en un escenario público de gran convocatoria (el estadio El Campín, por ejemplo) e invitar a los colombianos a acudir a él. Que sean 39.000 personas reunidas, representando a 44 millones más que desde sus hogares estarán pendientes a través de una pantalla de tv de todo lo que allí ocurre. 

Tercero: entregar el premio como mejor deportista del año, a nuestros medallistas olímpicos y paralímpicos, a nuestro más grande ciclista en la historia de nuestro país, e invitarlos a dar una vuelta olímpica más, bañarlos de gloria y decirles que nunca dejaremos de estar pendientes de ellos. Inclusive, que sea la oportunidad para que entre ellos se miren a los ojos, se sientan orgullosos del que tienen al lado y puedan decirse lo felices que fueron cuando se enteraron de las gestas obtenidas por el otro.

No hubo triunfo alguno de estos deportistas con el que no nos hayamos regocijado. Salomónica o no, esta propuesta nos debe unir más como país. Dará a todos y cada uno de nuestros deportistas el reconocimiento que merecidamente se han ganado y evitamos decepciones y desencuentros como los sucedidos con la elección del abanderado olímpico. Esa es mi propuesta, ¿y la de ustedes?

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