Los Oscar entre ceja y ceja

La ventana de distribución del cine norteamericano se reparte las pantallas de buena parte del mundo cada año, y al siguiente, lo celebran sin pudor alguno con los Oscar. ¿Pero, qué hay más allá del espectáculo? Tres importantes críticos colombianos nos cuentan. 

Ricardo Silva Romero, Pedro Adrián Zuluaga y Juan Carlos Arciniegas, le tienen bien cogida la caña a los Oscar. Y cómo no, en su oficio uno debe ser muy crítico con el derroche de la industria de cine más grande del mundo, pero sería un error no reconocer su rol en la promoción de buenas películas y otros aspectos relevantes al arte más allá del espectáculo.

Los Oscar, aunque “políticamente correctos”, como dice Pedro Adrián, han ayudado a producciones con buenas historias como Fargo, Juno, Belleza Americana, Petróleo Sangriento o Pulp Fiction a recibir en su momento la atención que merecían por ser un cine diferente y arriesgado. Pero esto no es flor de un día. En estos casos, el lobby es fundamental, y comienza en festivales de prestigio como la Berlinale, Cannes, San Sebastián, Venecia o Rotterdam, en los que se mide el impulso de productores y personas clave en el tema de promoción de las cintas. 

"Tener una voz dentro de la industria y la capacidad de hacerse oír, eso es lo que yo llamaría lobby”, explica Pedro Adrián, académico y crítico de cine de la revista Diners. “Lo pienso más en términos de un peso específico en instancias de legitimación, como en otros festivales de cine importantes". 

Ese trabajo de todo un año en el circuito del cine, “es lo que va calando en los miembros de la Academia, alrededor de 6.000 personas”, afirma Pedro Adrián, aunque finalmente una nominación al Oscar (seis semanas antes de que se celebre la ceremonia), es el posicionamiento más grande que puede tener una película en el mundo (salvo si gana el premio, claro).  

Ricardo Silva, por su parte, dice que una película llega a los Oscar por méritos artísticos y puede ganar el más grande reconocimiento (a mejor película) “por su popularidad entre los electores”. Este novelista, guionista y desde hace unos años uno de los columnistas más importantes del periódico El Tiempo (aunque ahí no escribe de cine), explica que la Academia “no premia a las películas más exitosas o más taquilleras como Iron Man 3, sino a las que se consideran mejores como películas, como ficciones, como construcciones dramáticas y obras de arte”.

En ese sentido, obras como Amor de Michael Haneke, El cisne negro de Darren Aronofsky o Sin lugar para los débiles de los hermanos Cohen, entran en ese distinguido grupo.

Adrián, por la misma línea, dice que se malentiende a los Oscar si se miran como una celebración del cine más industrial de Estados Unidos. Aunque se gastan millones de millones en publicidad durante la temporada, “realmente no son solo eso”, explica. “Sirven para posicionar aún más a películas de gran factura que no son las típicas mega producciones de Hollywood”.

Esto ocurre este año, para él, con Escándalo Americano, Nebraska o Her, que no son precisamente las más costosas en realización. Esta última, de Spike Jonze, se volvió popular (no solo por su director, obviamente) sino por cerrar el festival de Cine de Nueva York en octubre de 2013. Sin embargo, la exposición que recibió en el mundo por haber sido nominada por la Academia, incluyendo a Colombia, es inigualable.
 

¿Pero, qué es la academia?

La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas “es un monstruo un poco intangible”, dice Juan Carlos, quien como periodista de CNN En Español, conoce muy de cerca cómo funciona Hollywood. “Son más de 6.000 miembros que llegan allí por invitación de las directivas, quienes por lo general han estado nominados a un Oscar, han ganado un Oscar y representan todas las áreas de lo que implica hacer una película”. Es decir, no se trata solamente de cineastas, sino que también hay técnicos, productores, etcétera.

¿Pero qué conforman? ¿Son un jurado? Ricardo Silva piensa en sus miembros más como un “grupo de electores” de películas de por sí ya populares, las que finalmente nominan. Lo cierto es que cualquier director de cine puede presentar su film a una convocatoria como la de mejor película, pero el proceso para que llegue a manos de esos 6.000 elegidos, es bastante difícil y cuesta tiempo y dinero.

Aparte de digamos "lo normal" (las películas deben ser de más de 40 minutos de duración, cumplir ciertos criterios de formato, edición y sonido, y haber salido el año anterior a la ceremonia), las cosas se complican cuando la Academia les exige ser proyectadas durante siete días seguidos en el condado de Los Ángeles, e igual tiempo, en el Distrito de Manhattan (y esto no más de dos años después de haber sido terminadas). Imaginen el lobby que se necesita para llegar a los teatros comerciales de esos lugares de Estados Unidos, cuando todo el mundo quiere estar ahí. Y si una producción juiciosa lo logra, no ha ganado nada todavía. 

 

 

The New York Times o Los Angeles Times, dos de los periódicos más importantes de Estados Unidos, deben haber publicado una reseña de la película hecha por un reconocido crítico de cine (nunca de televisión) como Manohla Dargis o A. O. Scott. Asimismo, la producción debe comprar un aviso publicitario de la película durante cada uno de esos siete días en por lo menos esos dos periódicos mencionados, o en Time Out o The Village Voice de Nueva York; o en Los Angeles Times o LA Weekly. Es complejo, incluso para las producciones de Estados Unidos.

Lo anterior solo aplica para películas en inglés; las cintas extranjeras tienen criterios más laxos, aunque deben cumplir con requisitos en sus países y con los mismos pasos de publicidad y promoción durante el tiempo que pueden ser elegidas para ser nominadas. Las rige la “Regla 13”. Ver más: oscars.org/awards/academyawards/rules/rule13.html

De todas formas, chulear esas “trabas” no es garantía de nada. Como cualquier persona, los miembros de la Academia “están sometidos a los rigores de la vida”, dice Ricardo. “Algunos no alcanzarán a ver todas las películas, otros se dejarán influir por la campaña publicitaria de alguna y otros porque conocen a los actores o a los realizadores”. Así, comienzan a influir un montón de factores emocionales, de popularidad, de coyuntura y demás en la elección, algo que se sale de las manos de los directores y sus productores.

Las películas que al final logran la difícil y adorada nominación a mejor película, se aseguran casi de inmediato mayores ingresos, popularidad, proyecciones y otros beneficios (por eso la competencia tan dura) gracias a la tremenda exposición mediática que les genera el solo hecho de aparecer como favoritas, así la gente sepa, o especule, que no van a ganar (como sucede este año con la película de Martin Scorscese, El lobo de Wall Street).

Dice Arciniegas sobre esta cinta: "la producción invierte más de la mitad del presupuesto en promoción, eso es muy importante, es una maquinaria detrás para que la gente vaya y la vea”.

Para el novelista Ricardo Silva, precisamente, este año las nominaciones no son un tema de llamar la atención de la gente con temas polémicos (como la pérdida de peso de Matthew McConaughey), sino de popularidad de las cintas, aunque esto tampoco asegura nada.

Por ejemplo, mega producciones súper populares y desbordadas en taquilla como Avatar de James Cameron, y este año Gravity del mexicano Alfonso Cuarón, son nominadas a los Oscar porque la Academia reconoce de manera muy fuerte los temas técnicos, publicitarios y económicos de una película como estas, pero lo que importa al final es que ayuden a jalar audiencia para el evento televisivo, y eso es definitivo para tenerlas en el listado.

Sí una película logra pasar, finalmente, de ser una “simple” nominada a llevarse el preciado galardón (o incluso a mejor director, guion o actores), su director, su reparto y sus productores, etcétera, se alzarán en los hombros de todos los demás "concursantes", recibiendo más y mejores ganancias, e impulsando carreras cinematográficas a la estratósfera.

 

 

Pero la mejor película para la Academia es un mundo diferente y en su premiación el tema político termina siendo más importante que el artístico. Los Oscar, dice Adrián, “privilegian aproximaciones donde predomine la figura del héroe, o narrativa de redención”, como sucede este año con 12 años de esclavitud, explica. Para él, esta película del director Steve McQueen, ganará a mejor película porque cumple todos los requisitos “políticos”: “toca temas pendientes de la sociedad americana (la esclavitud), y presenta la historia típica del blanco salvando al negro (…), aunque no haya nada nuevo en su aproximación al tema”.

La “categoría reina” ha repetido este esquema desde hace varios años con The Hurt Locker  (ganadora en 2010 con una mirada heroica, desde un idealizado soldado rockstar, a la ocupación de Estados Unidos en Iraq), o con Argo de Ben Affleck (ganadora en 2013), también una victoria de occidente sobre el mundo islámico; o incluso con El discurso del Rey (premiada en 2011) donde la historia no cuestiona el orden y sublima la figura de un monarca anglosajón.

Simplemente es autocomplacencia, es decir ‘somos la mejor sociedad y discutimos nuestros problemas de frente’", dice Adrián. “El cine le sirve a Estados Unidos para tramitar desacuerdos y pasar la página”.

Ricardo, por su parte, los resume como “una operación comercial”, como “un juego divertido”. Para él, pensar que una película sea la mejor del año “es poco menos que una tontería”, y que un actor es mejor que el otro interpretando papeles diferentes, “es absurdo”.

Su mirada dice que la naturaleza de los premios es irrazonable, “pero es inteligente como operación comercial”.

“No creo que (los Oscar) sean indicativo de lo mejor del cine mundial”, termina Arciniegas. “Es la noche del cine mundial porque todo el mundo se sienta a verlo, pero de ahí a que sea lo mejor y lo más representativo a nivel internacional, mmm no”, concluye.

 

 

Todo por la ceremonia

Transmitida por TV desde 1953, la ceremonia que hace tres años pasó de llamarse The Academy Awards a “The Oscars”, es el momento culmen de todo ese camino de nominaciones, promociones y trabajo duro. Sin duda una fanfarria, celebra la industria para la industria, y aunque reconoce el trabajo artístico y técnico de miles de personas, está dedicada al cine de Estados Unidos, y es de por sí un espectáculo planeado para entretener a millones de personas (un promedio de 37 a 40 millones en ese país) y competir por audiencia y ganancias de publicidad que superan el millón de dólares por un solo comercial. Esto, incluso con bajas en audiencia como la de 2012 luego de que Avatar estuviera entre las nominadas a mejor película en 2011, algo que una figura como Seth MacFarlane ayudó a recuperar en un 19 por ciento en 2013, como polémico presentador de la ceremonia ese año, según Hollywood Reporter.

Los Oscar no son ninguna biblia”, dice Arciniegas, con una mirada al evento desde el entretenimiento. “Es mucho más el glamour, la alfombra roja de la ceremonia”. La opinión de este colombiano, presentador de programas como Ojo Crítico, es que la gente los ve "por el brillo de los vestidos, pero muy pocos hacen fuerza hasta el final para ganar la apuesta”.

Pero acá seguimos, 85 años y 87 ceremonias después hablando del tema; y nos imaginamos pegados al televisor a Pedro Adrián y a Ricardo el próximo domingo 2 de marzo (como nosotros), viendo la transmisión de los premios. No será para escribir sus lectores o seguidores un análisis profundo que no le cabe a los Oscar, sino digamos que por gusto y por obligación: no pueden darse el lujo de no decir algo sobre el tema al otro día. Eso es importante.

A menos de que a alguno le interesen los vestidos y zapatos de la alfombra roja, los tres, incluyendo a Juan Carlos (quien los transmitirá en directo para el mundo hispano desde el Dolby Theater de Los Ángeles), saben que no habrá nada nuevo. Su opinión es muy concreta sobre la función que cumple la Academia al cine y a su fanáticos, y cuál es su papel dentro de un circuito anual de festivales que, aunque es más importante para el cine de autor o películas arriesgadas que los Oscar, estos últimos terminan por nutrirse –o canibalizar- algunas de sus películas.

Ricardo Silva resume todo casi como si fuera un juego: “los Oscar son una manera particularmente inteligente de promocionar películas que de otra manera quizás nos perderíamos pensando que son malas o aburridas”.

Adrián, por su parte, nos invita a verlos pero a seguir pendientes del circuito, que no por terminar los Oscar se detiene un solo segundo. “El calendario cine está muy definido. Sundance a comienzo de año, luego Rotterdam, Berlín, y algunos festivales latinos como el FICCI en Cartagena y Guadalajara en marzo; después Cannes en mayo. (…) Luego llega la temporada de vacaciones, ahí si con las mega producciones, y vuelve el otoño con la segunda parte del circuito: San Sebastián, Toronto y Venecia (…) y otros eventos jóvenes como Valdivia en Chile y el festival de Lima en Perú; también Gijón en España y Bafici en Buenos Aires, Argentina”.

Juan Carlos, el más cercano a la industria de los tres, afirma que el objetivo de los Oscar “es que entre ellos (la industria) se celebren, se congratulen se aplaudan”, o se den palmaditas en la espalda, diríamos nosotros. “Pero ellos saben que pueden ser un impulso para películas más pequeñas”, concluye, y en esto están de acuerdo Ricardo y Adrián..

Al final, podemos terminar con lo que dicen ellos dos: “Hay que tomar de los Oscar lo que le sirve a uno, que es toda esa cascada de películas buenas que en el peor de los casos son obras decorosas e interesantes (Ricardo) y "con estos premios todo llega a un punto de equilibrio. El statu quo se conserva, no hay ninguna película provocadora en sentido estricto, que lleve las cosas muy lejos, como lo haría un Lars Von Trier”  (Pedro Adrián).

Y sabemos que el cine, como el arte, debe provocar y provocar cambios, así todos los años los Oscar nos digan qué todo sigue igual y qué es lo “correcto”. 
 

Juan Carlos Arciniegas

Nació en Bogotá, Colombia, y obtuvo su licenciatura en periodismo en la Universidad Javeriana.Es uno de los más respetados periodistas de TV de la industria del cine en América Latina. Productor y conductor de programas como Escenario y Ojo Crítico en CNN En Español, en los que realiza críticas sobre las últimas producciones del mundo del cine. Reportero especial en diferentes ocasiones para las ceremonias de entrega de los Oscar y Globos de Oro; ha cubierto festivales de cine como el Sundance Film Festival, El Festival Internacional de cine en Toronto y el Festival de Cannes en Francia. Ha sido juez en el Festival de Cine de Cartagena, Festival de Cine de Bogotá y los Premios Emmy Latinos.

Antes de incorporase a CNN en Español, trabajó como editor de noticias para CNN, y como asistente de edición en la agencia de noticias Reuters America en Miami y como editor internacional en Bogotá para el noticiero Q.A.P.

Tomado de cnnespanol.cnn.com

 

 

Periodista y crítico de cine, Magister en Literatura de la Universidad Javeriana, ha sido curador de exposiciones, festivales de cine y periodista de El Tiempo, El Colombiano, Cahiers du cinéma-España, International Film Guide-Londres y la revista Cinémas d'Amérique Latine. Dirigió programas y publicaciones del Centro Colombo Americano de Medellín (2001-2004), la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura de Colombia (2004-2006) y la Cinemateca Distrital de Bogotá (2012).

Fue editor durante siete años de Kinetoscopio y fue creador de Extrabismos. Miembro activo del Observatorio Latinoamericano de Historia y Teoría del Cine, es autor del libro Literatura, enfermedad y poder en Colombia: 1896-1935 y es becario de Investigación en Imagen en Movimiento del Instituto Distrital de las Artes 2011.

Profesor de cine y periodismo en las universidades de los Andes y Javeriana, ha sido jurado de la crítica de cine en el Festival de Cine de Sitges (2006) y de la Fipresci en el Festival de Cine de Cartagena (2012). Actualmente, trabaja en el programa Cine nos vemos de Señal Colombia y es bloguero en pajareradelmedio.blogspot.com.

Tomado de ficc.ec

Pedro Adrián Zuluaga

 

 

Ricardo Silva Romero

Nació en Bogotá en 1975. Es escritor, periodista, guionista y crítico de cine. Se le considera como uno de los mejores escritores colombianos de la nueva era. Ha trabajado para medios como Soho, Arcadia, Gatopardo, El Malpensante, Credencial, Gente, El Tiempo, El Espectador, Babelia, Número y Piedepágina. Diez novelas, un poemario, una biografía (Woody Allen: incómodo en el mundo), una obra de teatro, entre otros, han sido parte de su obra y constituyen su patrimonio artístico. Además de la literatura, el cine también forma parte de su vida y lo ha convertido en una de sus mayores pasiones. Realizó un Master en cine en la Universidad Autónoma de Barcelona. Es uno de los fundadores del portal de cine en Internet ochoymedio.info. En abril de 2007 fue elegido por la organización del Hay Festival como uno de los 39 escritores menores de 39 años más importantes de Latinoamérica. Actualmente escribe su propia columna en el periódico El Tiempo y sigue construyendo historias para sus novelas.

Tomado de ricardosilvaromero.com

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